Primera idea:


Los últimos acontecimientos terroristas del 7 de este mes en París contra el semanario 'Charlie Hebdo' sólo merecen la más contundente condena. Sin matices. Sin palabras disfrazadas. Claro y muy alto: es un acto reprobable y condenable. Y así lo tenemos que hacer y lo hacemos desde la Comunidad Protestante.

Segunda idea:

Lo que también debe quedar muy claro es que es un acto terrorista realizado por terroristas. Terroristas que no tienen nada que ver con ningún tipo de religión ni de religiosidad.

No son personas religiosas que cometen un acto terrorista.

Son terroristas que cometen un acto terrorista.

Acto terrorista y persona religiosa es una contradicción en términos: o terrorista o religioso. Hay que elegir. Ambas realidades son incompatibles en una misma persona.

La tercera, y última, idea.

Hay que poner sobre la mesa la reivindicación de la convivencia y de la paz social.

No debemos hacer el juego a los terroristas, que quieren exportar su guerra entre nosotros.

La nuestra es una sociedad pacífica y llamada a ser pacificadora.

Tenemos derecho a la discrepancia pero en una sociedad democrática, es decir: de derecho, las discrepancias se resuelven pacíficamente en los tribunales de justicia.

Y esta es la gran lección que no debemos olvidar nunca.

Claro que este semanario ofendió a más de una conciencia e hirió a más de una sensibilidad. Incluso podemos admitir que blasfemó (Ofender lo que se considera sagrado por parte de una religión). Pero, aún así, la blasfemia debe defenderse en un tribunal. Y cuando se dicte sentencia esta deberá ser acatada: Los presuntos ofendidos y los presuntos ofensores.

Esta es la esencia de la democracia.

Hay que recordar, en este punto, que la democracia moderna ha nacido en el seno de la tradición protestante y que, con el tiempo, este comportamiento social se ha ido imponiendo en buena parte de nuestro mundo. Es decir: sabemos de lo que hablamos.

Seamos demócratas.

Y porque lo somos: condenamos a todos los que quieren recurrir a la violencia para defender sus discrepancias.

Si la reforma de la Ley de Centros de Culto acaba aplicándose, tal y como la ha redactado este mes de agosto el Gobierno, corremos el peligro de que Cataluña acabe transformándose, religiosamente hablando, en la Cuba de Europa donde los cristianos no pueden abrir nuevos templos y donde los que están abiertos corren el permanente peligro de que los cierren.
No nos engañemos. Si el Consejo Evangélico pidió el amparo del Gobierno no fue por causa de aquellos Ayuntamientos donde se facilita la Libertad Religiosa y la expresión cúltica, sino para encontrar cobijo frente a quienes no actúan de esta manera.
No nos engañemos. Si ahora se quieren devolver las competencias, que otorga la todavía ley vigente, a los Ayuntamientos no es, precisamente, para favorecer la apertura de nuevos centros de culto, sino todo lo contrario.
No nos engañemos. Fomentar el espíritu antirreligioso es una iniciativa que afecta y perjudica a todas las confesiones. Si yo fuera católico empezaría a preocuparme porque con el nuevo redactado tampoco se podrá continuar construyendo el nuevo templo que se abre cada año porque: ¿Cómo se podrá demostrar el arraigo en un territorio si antes no estaban ahí institucionalmente? Ser bautizado católico no quiere decir que se practique el catolicismo. Entonces, ¿cómo se demostrará el arraigo?

Digámoslo claro: los Ayuntamientos que quieren impedir la apertura de nuevos centros de culto dictan ordenanzas municipales de imposible cumplimiento y después aplican su 'legalidad' vigente. Y los tribunales de justicia nos han demostrado que tenemos razón. El ejemplo más clásico es el de aquella ordenanza municipal en la que se indica que sólo se podrá establecer un centro de culto en aquellas calles que tengan una acera superior a los tres metros, sabiendo que no hay ninguna calle en la población que cumpla este requerimiento.
Por otra parte, la misión de la Iglesia no debe estar condicionada por la voluntad de un alcalde, de si quiere o no quiere en su población una o muchas iglesias evangélicas.
Si históricamente se hubiera aplicado el cambio que propone el nuevo texto, el cristianismo no hubiera existido. El cristianismo es hijo de la ciudad de Antioquía de Siria y no de la ciudad de Jerusalén.
Como es sabido, el cristianismo tiene su origen en la ciudad de Jerusalén. Debido a las persecuciones parciales de los primeros años una parte de la comunidad cristiana huyó y algunos de estos fugitivos llegaron a la ciudad de Antioquía de Siria donde predicaron el evangelio, por primera vez, a los no judíos. A pesar de no poder demostrar su arraigo, instalaron una Iglesia en esta ciudad. Fue de esta Comunidad Local que surgió el trabajo misionero del apóstol Pablo que, posteriormente, se extendió por Europa.
La Iglesia judía, la de Jerusalén, desapareció en el siglo V. La Iglesia de Antioquía de Siria ha continuado hasta nuestros días.
En Cuba también se prohíbe el establecimiento de nuevas Iglesias Evangélicas aplicando su legislación vigente. Lo han intentado, pero no han podido. No han podido detener el crecimiento de la Iglesia. ¿Qué solución han encontrado los evangélicos cubanos? Las "Casas-Templo". Aquel evangélico que dispone de un comedor un poco grande, de un patio o de una azotea, lo pone a disposición de la Iglesia para que se puedan celebrar cultos.
¿Será el futuro que nos espera en la Cataluña Protestante?

Una de las cosas que ofrece la tecnología es la de mantener una conversación durante un periodo de varios meses. Esto permite pensar y reflexionar antes de decir las cosas, algo que en una conversación cara a cara no podemos hacer. El siguiente articulo es la respuesta a una conversación iniciada hace mucho tiempo entre dos hermanos de nuestras comunidades, y que si inició planteando el siguiente dilema: “El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad o El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”. Tras varios intercambios de emails me parece oportuno compartir en este blog la reflexión a la cual se ha llegado, con el permiso de los "tertulianos". 

Asi dice la reflexión, que aun sigue abierta:

 Al final de todo esto, querido hermano, vamos construyendo el artículo…con tu dilema y a partir de tus comentarios…
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
frente a:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Resulta que cada uno tiene su proceso y grado de santificación, pero a la vez de transgresión, tanto de madurez como de infantilismo endeble, de consagración como de lamentables apostasías, vida de fidelidad y a la vez de egoísmo.
Además, cada cual no va al mismo paso. Vamos a distintas velocidades porque nos apremia a cada uno un conjunto de intereses que nunca pueden coincidir con los de mi hermano. Si no fuera así llevaríamos a cuestas una horrorosa enfermedad: la uniformidad, clones en una pesadilla de ciencia ficción.
El Dios de la diversidad y de la creatividad nos ha pillado a cada uno in fraganti en medio de nuestra cotidianidad. ¡A saber qué estaba haciendo aquél “detrás del ganado” cuando lo eligió rey de Israel! Sin embargo, parece que Natanael en la higuera estaba aprovechando el tiempo. A Marta todos la hemos aplaudido alguna vez y comprobamos sonrojados que Jesús elogia a María, con lo que nuestro pensar suele ser errático y opuesto al de él.
Es por eso por lo que hay niveles distintos de respuesta a las responsabilidades ministeriales, o sencillamente eclesiales, en una misma comunidad de fieles. No vamos todos en el mismo carril. No somos un tren. No hay velocidad estable ni constante. El símil visual apenas serían las olas del mar rompiendo en la arena: ¿Rompen todas a la vez? ¿Avanzan en perfecta simetría, o más bien andan de lado, cada cual soportando sus presiones, su peso específico y sus propias emociones?
¿Acaso el Creador ha hecho un par de seres humanos exactos en toda su vida? Un mellizo carpintero y el otro afinador de pianos. El interior era distinto a pesar que los dos eran como gotas exactas de agua.
En la parábola aquella, el señor reparte entre sus jornaleros distintos talentos porque hay distintas capacidades. Reyes gobernando distinto número de ciudades. Cada cual supo, quiso y pudo rendir de manera distinta. Se autoimpusieron un régimen disciplinar diferente que dio resultado distinto.

Planteado el dilema
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
o bien:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Se debe releer, o plantear de otro modo:
Trabajo para el Señor, vivo y amo para el Señor, estudio, examino y mantengo conversaciones teniendo en cuenta que es su vida en la mía. Ofrendo para el Señor, porque es lo lógico: todos mis recursos son de Él. El Señor me pedirá cuentas de mi entrega al cien por cien. Es mi responsabilidad exigirme eficiencia y amor, eficacia y paciencia.
El dilema trata de la eficacia, ¿Un oculto sabor entre el fruto del Espíritu?
Es verdad: En el “fruto del Espíritu” que destila el discípulo de Jesús, encontramos sabores y matices como el amor, el gozo, la paz, la benignidad... ¿No está por ahí “la eficacia”?
Una pregunta más completa: ¿Las Escrituras tratan de ‘la eficacia’?
(Naturalmente, acepto aportaciones y réplicas).

Convenio colectivo personalizado a medida y el lanzallamas programado.
Es como si el rédito de la obra de toda nuestra vida haya de ser contabilizado en otro departamento que hay mucho más arriba de las nubes. Nuestro “haber” no es motivo de interés. Hay un lanzallamas preparado para probar todas mis obras y serán pasadas por el fuego y se quemaran —algunas, pocas, muchas...¿todas?—, como hojarasca entre las obras del tipo “b”, que son las realizadas aparte del convenio . Porque hay un convenio laboral que determina bastante bien el organigrama de lo que hay que hacer y cómo.
¡Ay, ese Libro de Cuentas del Reino de los Cielos!
Contiene axiomas como: “La fe sin obras es igual a cero” y “La fe con obras suma un punto que se suma a un -1 de mi vida anterior y el resultado vuelve a ser igual a cero”. Es decir, que bajo la mera perspectiva humana no te enteras de nada, pero desde la divina: “... lo menos que puedes hacer es hacer lo que debes”, porque, si no, te juegas mucho pellejo.
¿No es así?: Si hacemos lo que debemos no somos más que siervos inútiles.
Por ejemplo, la cuestión de amar al pesado, al inaguantable y al que no te quiere bien. Jesús habló con respecto a amar a los enemigos y dijo que si amábamos a los de casa, a los amigos... ¡claro! ¡Eso era natural! ¡Ese es el punto de partida! Pero... ¿Qué hacéis de más?, instiga Jesús, porque esto más que un reto es instigación dura cual YHVH del Antiguo Testamento. Y ésta es precisamente la cuenta del Libro de Obras hechas con responsabilidad.
Con esto ya podemos ir tirando millas que hay trabajo para hacer y podemos pasar buenos ratos devaneándonos los sesos con la utilidad de nuestras vidas. ¿Son de bendición para los demás? Nuestra existencia aquí en la tierra ¿Está respondiendo a los planes de Dios?
¿Estoy respondiendo con mi vida a sus expectativas?
¡Ah, mi querido amigo! Aquí entramos en la teología de la Omnipotente Sabiduría de Dios.
No hace falta que le demostremos nada a Dios. Ya sabe nuestro final. Conoce el veredicto de si ha de ser de vida o de muerte eterna. Si es así, ¿Por qué nos llamó? ¿Por qué nos salvó? ¿Por qué nos apela en nuestras conciencias a seguirle de modo más coherente, más fieles y con más entrega?
(Selah).
Aquí, lo sano es temblar ante su Soberanía. Nos concedió intelecto para hacernos las preguntas correctas. El mundo helénico gustaba de pensar por el puro placer de discurrir. Quizás no importaban tanto las respuestas como las grandes preguntas.
Por eso hemos de retornar a tu planteamiento:
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”.

¿Sabes? Lo que si pienso es que “cada uno debe exigirse responsabilidad”.
Ya… pero mientras somos cuatro los que hacemos todo el trabajo ¿qué ocurre con los que no tienen sus niveles de autoexigencia en posición de alerta? ¿Qué ocurre con los que no se exigen? ¿Pocas luces? ¿Es el regular proceso de gestación cristiana? ¿Quizás, cuando pasó un periodo de “gestación” sin madurar, se entró en una especie de invalidez crónica espiritual, como quien tiene una mórbida enfermedad?
No lo sé. A más de uno le tiene encadenada alguna dependencia, algún pecado.
Si es así, no te alcanza para gestionar un cambio de presión, de escenario, de rutina
perjudicial, y te hundes más y no te curas nunca.

Botiquín a mano y no usar los remedios
Y no: Dios no cura estas cosas para las que ya ha provisto sanidad...
Los medios de gracia deben aplicarse con todo rigor según la posología que se indica.
Cuestión de hábito: no dejes de reunirte con los demás discípulos alrededor del Señor.
Cuestión de rango social: no vayas a tener más consideración sobre ti mismo que respecto a los demás.
Cuestión de tener la perspectiva general y más amplia: amar sin reparo, a cada redimido de la familia de Dios, auxiliando, intercediendo, haciendo el samaritano no solamente con los ajenos y desconocidos, sino también con los propios y mayormente con la familia de la fe.


Dios no cura aquello que debe curar la propia iglesia en su seno.
Porque la iglesia es un hospital lleno de enfermos y tarados, entre los cuales estoy yo, y estás también tú. Un dispensario de urgencias muy a menudo para aquél y el otro. A pesar de las apariencias: el más impecable está apañado por dentro. Sea el de corbata, como el que aún aprende a asearse. Tanto el chaval que es tan simpático, como el que no abre boca. Cada cual se sabe sus dolencias por tratar (¡Vaya!... ¡Supongo! Al menos, yo bien que conozco las mías. El salmista dijo: “El mal está siempre delante de mí”).
Y, para referirse a males y a las piedras del camino para tropezar, es precisamente Jesús quien nos advierte de que ahí están cada día: “Cada día trae su propio mal”, y del Embrollador:
“… líbranos del maligno”. Es decir: ¡Hay tela- tela, para tejer!
(Selah)
Discúlpame la digresión… ¿Cuál era la otra parte del dilema?:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
¡Ah sí!... No sé…Quizás deba releerse, o plantear de otro modo.
Aquel que exige responsabilidad, ¿sumerge a los demás en un sectario mar sin oxígeno?
En un mar así, probablemente sólo podrían nadar a placer especimenes acorazados y resistentes contra todo, que han sabido exigir y ganar, exigir y llevar cautivos a pobres subyugados que débilmente se prestan a ello. No seré yo quien lo califique de tiranías en la pastoral. Bien me guardaré del cayado y la vara. Para algunos la cosa es: como hay quien se deja llevar, llevémoslos hasta el barranco y que se despeñen. ¡Cuidado con los hermanos débiles! Paul Tournier lo expresó en su libro Los débiles y los fuertes. Hay discípulos débiles (que no significa tontos, ni sedados). Son solamente débiles, - pueden estar rabiando por dentro por la situación de esclavitud emocional en la que se les mantiene en su celda religiosa-. Débiles que se aferran a esta desgracia de relación enfermiza y no salen de su malestar. Es como estar encerrado en pleno campo.
Si, habrá  que exigir responsabilidad, pero no toda suerte de exigencias vale. La clase de liberación y de celda es precisamente ésta la que Jesús vino a abrir y a romper. Porque ya sabes que esto de que en el Reino de los Cielos haya prisioneros es falso. Una de las atenciones del Siervo enviado por YHVH en Isaías —recuerda que Jesús se identifica totalmente con él— es precisamente liberar a los cautivos. Por desgracia, hay extrañas sinergias de líderes religiosos que apresan más que libertan. Esa actividad la detesta YHVH, no le va nada de nada. Se lo dijo un día al profeta Isaías, quien no tuvo más remedio que dejarlo bien escrito: “... soltar las coyundas del yugo”, es decir, romper las cadenas de la injusticia y toda atadura. Y, en otro lugar, el Siervo sufriente venía a dar: ‘libertad a los cautivos’. ¡Ya se pueden agarrar bien los pastores sin compasión por falta de comprensión! (Zac 11:5)

El ministerio y la EXIGENCIA
Mira, te voy a dar la razón: El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir.
Y te doy la razón en cuanto a la EXIGENCIA. ¿Sabes por qué? Porque eso forma parte del “duro trato al cuerpo” que a su vez linda con “tomar tu cruz”, apechugar con la parte de peso propio que comporta seguir a Cristo. La EXIGENCIA pasa por todas estas calles. Ahora bien:
La EXIGENCIA tiene un sentido unidireccional y forma una recta, porque parte de un punto y va a otro: Sale de mí mismo y acaba en el bien a los demás. Si te gusta te la dibujo en forma de árbol: Sale de mi interior y se desplaza hacia cualquier tipo de necesidad para suplirla.
Sí, sí. Sin duda: Te doy la razón en la EXIGENCIA: debemos exigirnos con incondicional entrega a los demás. Exigirnos con enérgica resolución. Someternos a los hermanos. Activar todos los resortes morales para que sepamos ser el último mono de la fiesta, el pringado que se pone el delantal y quita la mugre que llevan los demás entre los dedos, de andar por ahí y recoger todo el lamentable polvo del mundanal camino. Y obligarme a girar la cabeza ante espejos de feria que me ilustran más alto, más guapo y más fiel que mi hermano, porque siempre el otro puede ser mí hermano mayor en el Reino de los cielos.
Debemos exigirnos lanzar por la borda todas nuestras aprehensiones y escrúpulos para que nuestro afecto fraternal nunca, nunca —insisto: nunca— sea falso, o fingido.
Debemos exigirnos con disposición de nuestra cuenta corriente para lo que haga falta.
Debería caérsenos el bolígrafo de la mano en un momento fijado del día; llevar el cursor que mueve el mouse hasta “Inicio” para cerrar el ordenador cuando el reloj marca las horas justas. “Las horas justas” ¿No te suena esto a una novela? Quizás se trate de una serie de conferencias que traten de la debida reestructuración de mi horario para que no castigue a nadie con mis ausencias, mis retrasos y mis interrupciones.
Esa es la responsabilidad a exigir: la mía propia, “mi responsabilidad”, la “autoexigencia de responsabilidad”.
Ahora bien, quizás la paciencia y el amor  proactivo será más útil ante la falta de responsabilidad de mi hermano torpe, más vago e indisciplinado, más pesado, o somnífero, o  latoso. Mientras esté al menos esa desproporcionada viga en mi ojo no podré acumular risitas por la mota de polvo que tiene la hermana peor vestida, -ni que llevara un ridículo florero en la cabeza-, ni la más picarona y revolucionada, -la que se hace la tonta y no lo es-, ni la provocativa -y que parece que solo tú te hayas dado cuenta-.
Cada cual es quien debe dar la justa medida de fruto del don que haya en él.
Si no —ya sabes—, vendrá el Señor y repartirá justicia. Bueno, vendrá de todas formas y repartirá retribuciones.
Pensando acerca de tu dilema parece ser que me han salido 2.300 palabras, y no sé si te das por respondido.
Vas pillando el punto ¿verdad?  Me gustaría pensar que al menos un punto… sí. ¡Nos vemos en la comunión de los santos!

 Mt 7:24-29.- "... tot aquell qui escolta les meves paraules i les practica, s'assembla a un home assenyat que va edificar la seva casa damunt la roca. Van venir les pluges i la torrentada, van bufar els vents i envestiren contra aquella casa, però no va caure, perquè tenia els fonaments sobre la roca. En canvi, tot aquell qui escolta les meves paraules i no les practica, s'assembla a un home forassenyat que va edificar la seva casa damunt la sorra. Van venir les pluges i la torrentada, van bufar els vents i envestiren contra aquella casa, que s'esfondrà, i la seva ruïna fou total. Quan Jesús va acabar de dir aquestes paraules, la multitud va quedar impressionada pel seu ensenyament, perquè els ensenyava com qui té autoritat i no com els mestres de la Llei".

Es coneix d'història d'un constructor que treballava per compte d'un altre amb molt anys sobre la seva esquena i que havia planificat la seva jubilació. Un dia va trobar al seu cap i li va expressar el seu desig de deixar la feina per gaudir una mica de la vida amb la seva esposa i la seva família, possiblement trobaria a faltar el sucós sou que cada mes obtenia, però la decisió estava feta.

El seu cap va lamentar la seva decisió, perdia un bon col•laborador, per no hi havia res a fer. No obstant el cap li va demanar un últim favor, li va demanar si podia fer-se càrrec d'una darrera construcció, li va demanar construís una nova casa com un favor personal.

El constructor va accedir però de mala gana, ja havia fet plans pels següents dies, però no podia dir que no. Va començar l'obra, però es veia d'un hora lluny que no hi posava el cor, utilitzava material de no molt bona qualitat, i la feina no era millor, era una desafortunada manera de finalitzar la seva carrera, però estava tan esgotat!

Quan va finalitzar la feina i el seu cap va anar a inspeccionar la feina, va treure unes claus de la porta principal i li va dir ¡Aquesta es la teva casa! És el meu regal per a tu.

¡Quin drama! ¡quina llàstima! Si hagués sabut que estava construint la seva pròpia casa la hagués fet de forma totalment diferent, ara haurà de viure en aquesta casa malgrat els defectes i pobres materials.

 

Aquesta història ens ensenya una lliçó: De vegades construïm també nostra vida de forma totalment distreta, reaccionem quan hauríem d'actuar disposats a fer el millor, no posem allò que hauríem de posar, i quan ens donem compte ens trobem allotjats a la llar que hem construït, si ho haguéssim sabut ho haguéssim fet d'un altra manera. Pensem en aquest constructor, en la seva casa, cada dia posem un clau, aixequem una paret o construïm un mur, edifiquem amb saviesa.

Però si la construcció és important degut a que el que construïm ens ho trobarem un dia o un altre, imagineu-vos els fonaments, per això el Senyor ens recomana construir sòlids fonaments perquè la casa no caigui.

L'escriptura que hem llegit, ens parla de fer els fonaments sobre la roca, això és fàcil d'entendre, penso que ningú amb una mica de seny faria els fonaments sobre la sorra, la casa no tindria consistència i qualsevol bufada del vent la enderrocaria.

 

Però malauradament quan passem al terreny de les bases en les qual assentem la nostra vida, la casa no deixa de ser una il•lustració de la nostra vida, no tenim tanta cura, veiem persones dignes que no fan cas d'aquest savis consells, es pensen que sempre tindran tems per canviar i de sobte, ve la pluja,el vent, la pedregada i tot s'ensorra; un exemple clar del que diem ho tenim amb el que està passant avui dia en el terreny de l'economia. Tothom pensava que l'alegria econòmica en la que vivíem, duraria per sempre, per no, de sobte, tot s' enfonsa i ja no hi ha remei, ara tot son plors.

Des del punt de vista de les nostres vides, passa quelcom semblant,no ens preocupen de res, tot si val, però de sobte ens donem compte que era un somni i que la realitat és un altra. Per això l'escriptura, ens recomana edificar sobre la roca i evidentment no parla d'una casa, parla de la nostra vida metafòricament.

 

El salmista ho tenia clar:

 18:2 El Senyor és la meva roca i el meu castell, el meu llibertador i el meu Déu,

 62:1 Només en Déu reposa la meva ànima, d'ell depèn la meva salvació. Només ell és la meva roca i la meva salvació, el meu baluard: no trontollaré!

 62:7 En Déu tinc la meva salvació i la meva glòria; la roca del meu baluard, el meu refugi es troba en Déu.

Si vols doncs construir be, construir per tu, per edificar la teva vida, has de confiar en Déu. El salmista, l'identifica en termes com: roca meva, la meva salvació, el meu refugi, el meu baluard, i a les hores respira fons i es diu: "no trontollaré".

 

Finalment només em resta dir que: La Roca es el Crist, això ho diu l'apòstol Pau.

 1Co10:4 4 "...tots van beure la mateixa beguda espiritual, perquè bevien de la roca espiritual que els acompanyava, i aquesta roca era el Crist".

Edifica sobre Jesucrist. Ell ja ha posat el fonaments – s'hi ha posat Ell mateix-, ha perdonat el nostres pecats, ha pagat el preu. Ara confia en Ell.

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