A raíz de la celebración del 20 aniversario de los Juegos Olímpicos Barcelona 92 la ciudad ha revivido, aunque haya sido efímeramente, aquel acontecimiento. Varios canales de televisión nos han permitido viajar en el tiempo para recuperar nuestra memoria histórica. Para muchos, aquellas imágenes emblemáticas de los Juegos han sido una novedad porque o eran demasiado pequeños para recordarlas o, incluso, aún no habían nacido. Para muchos más aún, el recuerdo no sólo nos ha transportado en el tiempo, sino que nos ha llevado a recordar cómo éramos nosotros mismos hace veinte años.

Una de las frases que más se ha repetido y que más se ha recordado es que aquellos fueron los mejores Juegos Olímpicos de la historia.

No seré yo quien lo desmienta, sino todo lo contrario. De lo que yo quiero hablar es de lo que pasó después de los Juegos.

En los Juegos Olímpicos todo está muy cuidado y por esta razón la dimensión espiritual forma parte del evento. En Barcelona, para atender esta necesidad, se construyó el Centro Abraham que cumplió a la perfección esta función, tanto durante los Juegos Olímpicos como durante los Juegos Paralímpicos -que se organizaron a continuación-.

Lo que se puso sobre la mesa en ese momento fue que, una vez acabados los Juegos, el Centro Abraham se transformaría en el símbolo y en el espacio de la pluralidad religiosa de la ciudad.

Por las razones que sean, finalmente el sueño no se concretó. Muchas pueden ser las explicaciones pero la que yo prefiero es creer que aún no era el momento.

Durante estos últimos veinte años han pasado muchas cosas. Entre los muchos cambios que se han producido, hay que poner en valor el nacimiento del GTER, el Grupo de Trabajo Estable de las Religiones, a iniciativa de las propias confesiones.

Hoy, el pluralismo religioso está reconocido en la ciudad hasta el punto de que contamos con un Director General de Asuntos Religiosos para ocuparse de estos asuntos.

Tal vez ha llegado el momento de que de nuevo nos planteemos la necesidad de volver a pensar cómo podría ser el Centro Abraham de la ciudad de Barcelona en el siglo XXI.

No hay prisa pero la ciudad se merece que, ahora que volvemos a hablar de la Barcelona del 92, también hablemos de uno de aquellos sueños que aún no hemos hecho realidad: el Centro Abraham de Barcelona.

La Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña ha publicado la actualización del Mapa de las Religiones. Dejando aparte los desiguales comentarios que aporta, a título de conclusión, en el estudio -que tal vez habrá que valorar más adelante- lo que se puede constatar es que en diez años la Iglesia Protestante ha multiplicado por dos el número de centros de culto. Es decir: el número de Templos Evangélicos.


El establecimiento de un nuevo Templo Evangélico no sólo nos cuenta un crecimiento numérico, sino una vitalidad organizativa y de liderazgo que lo hace posible.

Es, pues, un signo muy positivo.

Si entendemos el protestantismo de una manera amplia, como el resultado de todas aquellas Iglesias hijas de la Reforma Protestante del siglo XVI y los posteriores movimientos de avivamiento espiritual, podemos decir que esta rama del cristianismo goza de buena salud entre nosotros.

Multiplicar por dos el número de Templos Evangélicos en menos de una década podría hacernos creer, a propios y extraños, que nos hemos instalado en la autocomplacencia.

Nada más lejos de la realidad, la descristianización de Cataluña es una realidad creciente que también afecta a la Comunidad Protestante.

El ritmo de crecimiento de nuestras Iglesias no nos debe hacer olvidar aquella parte de los que han nacido en una Iglesia evangélica y que ahora forma parte de lo que llamamos "protestantismo sociológico". Tampoco debe hacernos olvidar que los que tienen más de 35 años -según datos del gobierno- viven más alejados de la fe que en décadas anteriores.

Dos ejemplos de dos realidades que son una señal de atención sobre la necesidad de repensar aún mejor la tarea a la que nos sentimos llamados y llamadas.

Juan 5:1-16

"El que oye mi palabra..." (Juan 5:24)

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De forma muy clara Jesús nos indica hoy que solamente en él se encuentra la esperanza para todos aquellos que vivimos en el mundo. Somos llamados a escuchar su palabra. Palabra de consuelo y de esperanza. Palabra de justicia y de vida. Como aquel centurión de Capernaun que no consideraba su hogar digno de ser visitado por Jesús, y que le rogaba que pronunciase la palabra. Esto bastaba para que su enfermo sanase.

Nada hay más urgente e importante en el momento presente: Jesús habla, ¡A él oid!También para nosotros, Jesucristo pronuncia una palabra de salvación. Es suficiente (y sólo su palabra es suficiente) para que el Padre celestial, en su gracia infinita, nos reciba justificados y haga de todos aquellos que no éramos su pueblo, un pueblo santo que proclame la gloria de su nombre.

Discípulo.- Es alguien que se ha comprometido a tomar la forma de la persona que le está enseñando (Jesucristo), es un seguidor, imitador de las enseñanzas, es alguien que se identifica con su maestro y que vive de acuerdo con la enseñanza recibida. El discípulo requiere disciplina para seguir las instrucciones de Jesús que es nuestro Maestro. Pero nos cuesta ser disciplinados. Para lograrlo Dios nos ha dado herramientas:

1.-La Biblia.- Contiene la Revelación, debemos dedicarle tiempo a la lectura de ésta, ya que nos ayuda alcanzar la Fe y el conocimiento de Dios que viene por el oír lo que dice la Biblia, al respecto Romanos 10;17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

2.- El Espíritu Santo.- (Romanos 8:11): “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Es decir, el Espíritu Santo nos da poder para cambiar nuestras vidas y es necesario que no solo viva en nosotros, sino que crezca y que actué en nuestras vidas, no debemos resistirnos a su actuación; (2ª de Corintios 3:18) dice: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

3.- La Oración.- Orar es, Hablar con Dios, y para hablar con Dios es necesario que creas que Él es el que galardona a los que le buscan. En otras palabras. Debemos tener Fe en el Dios de amor. Nuestra Fe es probada cuando hablamos con Dios, porque, estamos dirigiéndonos a alguien a quien nuestros ojos físicos no ven. Locura, para el incrédulo, para el creyente, es una necesidad y un deleite. Tú no ves al viento con tus ojos, pero sabes que existe porque lo sientes. Lo mismo es con Dios, no lo vemos, pero, creemos en Él, por que lo sentimos.

4.- Circunstancias.- Adversidades, Tribulaciones y Turbulencias.- Pablo habla de orar en todo tiempo. Somos más vulnerables a los ataques del enemigo cuando no oramos. Este prepara circunstancias en nuestra vida para derrotarnos, él quiere que estemos demasiado ocupados, distraídos o negligentes en cuanto a la oración. Sabe que una vez que dejemos de orar, pronto caeremos en un estado de preocupación y ansiedad, las cargas se nos volverán más pesadas sintiéndonos desanimados y cansados. Al final, nos sentiremos emocional, espiritual y físicamente débiles, si bajamos la guardia el enemigo ataca. No podemos permitirnos esto. (1ª Tesalonicenses 5:17) en forma clara dice: “Orad sin cesar”.

5.- Tentaciones.- Solo hay una manera para ser lo suficientemente fuerte y resistir los engaños y trampas delenemigo, debemos tener una relación en la que Dios esté siempre hablando a nuestro corazón, y nosotros estemos siemprehablando con Él. No tendremos la capacidad de discernir como debemos enfrentar las tentaciones a menos que estemos orando como debemos. El enemigo quiere que creamos que hay tiempos cuando no necesitamos de Dios. Nuestro adversario se llena de odio cuando nos ve de rodillas. Pero Dios es omnipresente y siempre es accesible.Nadie puede ponerse nuestra armadura espiritual, si queremos lo mejor de Dios para nuestras vidas, hagamos de la oración un habito constante.

CONCLUSIÓN.- Pensemos en términos de un aparato telefónico. Si colgamos la llamada se desconecta. “Orad sin cesar” significa no colgar, permanecer siempre en línea con Dios. Así, Él quiere que vivamos.

Un hombre preocupado por la detención de su coche se acerca y me pregunta por la dirección de del Depósito de vehículos de la Policía, para mi esta mañana no es como las otras algo está por suceder mi espíritu así me lo hace saber, me encuentro inquieto, le doy las indicaciones lo más amablemente posible no me encuentro bien, algo me inquieta, esta persona parece darse cuenta me da las gracias y se marcha, pero luego de dar tres o cuatro pasos se gira y me dice:

Hay personas que quieren quedarse a solas con su desconsuelo; pero no sería amable ni justo, que luego de recibir ayuda generosa de esta persona, sin pensar siguiera de largo mi camino sin hacer el menor esfuerzo, por responder a su importante pedido de ayuda y orientación para encontrar la mejor ruta hacia el destino que busca en su corazón, quizá pueda conocer el camino al lugar de tus decepciones, esperanzas y tus ambiciones incumplidas.

Es fundamental saber que para el que ama a sus semejantes es fácil ver una elocuente suplica de ayuda en su actitud de desaliento y desesperación. Quizá pueda decirte de las sendas de servicio y de los caminos de la felicidad que conducen de las penas del yo a las alegrías de las acciones de amor dentro de la hermandad de los hombres y en el servicio a Dios en el cielo, si este es tu caso te digo, levántate, ponte de pie como un hombre. Puede que te rodeen enemigos insignificantes y que muchos obstáculos obstruyan tu marcha, pero las grandes cosas y las cosas reales de este mundo y del universo están de nuestra parte. El sol sale todas las mañanas para saludarnos tanto al hombre más humilde como al hombre más poderoso y próspero de la tierra. Puedes tener un cuerpo fuerte y musculoso pero no sirve para nada si te quedas sentado donde estas lamentándote de tus infortunios reales o inventados, podrías hacer grandes cosas con tu cuerpo si te apuraras donde hay grandes cosas que hacer.

 

Tratamos de huir de nuestro ser infeliz; pero eso no puede ocurrir, tanto tu como tus problemas de vivir son reales; no se puede escapar de ellas mientras estemos vivos. Pero, debemos pensar otra vez y veremos que nuestra mente es clara y capaz. Nuestro cuerpo tiene una mente inteligente que dirige. Hay que poner nuestra mente a trabajar para resolver los problemas, enseñar a nuestro intelecto a que trabaje para nosotros, no se puede dejar dominar por el temor como si fuera un animal que no piensa, la mente debe ser nuestro aliado valiente para la solución de los problemas de la vida, en vez de ser cada uno de nosotros, como lo hemos sido, su objeto esclavo atemorizado, siervos de la depresión y la derrota. Pero lo más valioso de todo el potencial para el logro verdadero, es el Espíritu que vive dentro de nosotros, que estimula e inspira la mente para que se confronte a sí misma y active al cuerpo liberándolo de las cadenas del temor, permitiendo así que tu naturaleza espiritual comience a liberar de los males de la inacción mediante el poder presencia de la fe viviente. Veremos entonces que esta fe derrotará al miedo a los hombres mediante la presencia apremiante del nuevo y más dominante amor por nuestros semejantes que pronto llenara el alma hasta rebasarla gracias a la conciencia que habrá nacido en cada corazón de que somos hijos de Dios.

 

Ese día renaceremos, restablecidos como hombres de fe, coraje y dedicado servicio al hombre, para la gloria de Dios y cuando se haya reajustado así con la vida dentro de cada uno, también se habrá reajustado con el universo; abras vuelto a nacer, nacer del espíritu y de ahí en adelante, toda tu vida será de logro victorioso. Los problemas aumentarán tu vigor, la disolución te servirá de acicate, las dificultades serán un desafío, los obstáculos un estímulo. Levántate, dile adiós a la vida de temores humillantes y de evasiva cobardía. Corre regresa al deber y vive tu vida en la carne como un hijo de Dios como un mortal dedicado al servicio ennoblecedor del hombre en la tierra, destinado al excelso y eterno servicio de Dios en la eternidad.

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