Se ha celebrado en Barcelona el Primer Congreso Evangélico de Infancia. Es decir: una buena parte de organizaciones evangélicas europeas dedicadas a la infancia se han puesto de acuerdo para organizar este Congreso. Naturalmente, cada una de estas organizaciones había celebrado su correspondiente congreso europeo. Hay que poner en valor que muchas de ellas son organizaciones centenarias. La diferencia de esta vez es que se han reunido no para celebrar su congreso, sino para organizar el Congreso de todas ellas.

El hecho sería noticia en sí mismo pero lo que destaca como titular de este Congreso es la voluntad de los organizadores de poner en la agenda de la Iglesia Protestante el ministerio entre la infancia como una prioridad.

En esta vieja Europa, donde cada vez la gente mayor es más numerosa, hay que agradecer que nos recuerden que el trabajo entre la infancia es el ministerio de hoy para la Iglesia.

No es que la Iglesia Protestante no dé un gran énfasis a la atención a la infancia. Lo cierto es que prácticamente en todas las Comunidades Locales protestantes en el mismo momento en que se celebra el culto para los adultos los más pequeños tienen sus propias clases de espiritualidad cristiana en función a su edad. Es lo que conocemos como Escuela Dominical.

Lo que se ha querido impulsar con este Congreso es que de la misma manera que hace muchos años la Iglesia Protestante puso en marcha la Escuela del Domingo en todas sus Comunidades Locales ahora hay que pensar, y resolver, cómo debe transformarse esta escuela para adaptarla a los nuevos tiempos.

Más aún.

El Congreso ha querido hacer un llamamiento a los pastores y pastoras y a los responsables de las Escuelas Dominicales para pensar juntos nuevos modelos de intervención en la infancia que no se limite a la hora del Culto del domingo.

Aprovechando las muchas experiencias ya existentes y el hecho de poder aportar una mirada europea sobre la infancia, el Congreso ha trabajado en dos niveles: el europeo y el local. El europeo, a fin de aprender del otro. El local, con el fin de aportar soluciones concretas a las diferentes Comunidades Locales.

Una vez terminado el Congreso ahora es cuando empieza el trabajo.

Pero el trabajo empieza no sólo para los participantes en el Congreso, sino para toda la Iglesia Protestante a fin de estar atenta a las mejoras que nos propongan.

"... y cree al que me ha enviado..." (Juan 5:24)

La palabra de Jesús escuchada nos hace salir de nosotros mismos para hacernos caminar hacia la presencia de Dios. De pronto descubrimos que estábamos rodeados de oscuridad, aunque a nosotros nos parecía que andábamos en la luz. Y, descubrimos con dolor, que el pecado, del cual habíamos oído hablar tanto, no es sólo una idea religiosa, sino la realidad presente en lo que consideramos "nuestra vida".

Pero, junto al descubrimiento de nuestra condición, aparece en nosotros, puesto por Dios mismo, una esperanza cierta, que nos hace confiar totalmente en Aquél que por amor a nosotros, envió desde el cielo a su propio Hijo, que muriendo en una Cruz, donde nosotros hubiéramos debido morir, nos rescató para siempre y nos puso en las manos de Dios. Dios nos ha dado fe. La fe que justifica.

"Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tu y el pueblo....3 a la tierra que fluye leche y miel; pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz; no sea que te consuma en el  camino. ( Éx 33 .1-3)

Este texto nos lleva para un momento de la historia de la caminada del pueblo de Dios, en que el pueblo ha tenido muchas experiencias maravillosas con el poder de Dios. Ellos han experimentado la liberación de la esclavitud de Egipto, han recibido revelaciones a respecto de los utensilios del Tabernáculo y de la dinámica de los cultos, del llamado a vivir en Santidad como el pueblo de Dios, han comido del Maná y han experimentado las bendiciones del Señor, pero se olvidaron de continuar vigilando y caminando en la presencia de Dios y por fin hicieron un becerro de oro para si. El texto dice que el pueblo de Dios era de dura cerviz y por lo tanto Dios les daría la bendición que les tenía prometido, pero no acompañaría más a ellos para no consumirles por el camino.

Eso nos lleva a reflexionar sobre la historia de nuestra caminada con Dios, pensar cuantas cosas Dios ha hecho en nuestras vidas, existe el himno HE 338 – “Contar las Bendiciones”, este himno nos desafía a mirar atrás y contar cuantas bendiciones Dios nos ha dado donde estamos, y verificar si aún estamos en la PRESENCIA DE DIOS, pues Dios les dice que donaría la TIERRA que MANA LECHE y MIEL, pero a partir de este momento no estaba más con ellos. Eso significa que podemos tener cosas buenas en nuestras vidas, pero por perder la SANTIDAD, han perdido también la Maravillosa compañía de Dios a su lado. Pero Moisés si recusa a dar un paso sin la PRESENCIA DE DIOS, pues más importante que algunas cosas transitorias, era el Señor para Moisés. Moisés era diferente, el tenia HAMBRE DE DIOS, o sea, la cosa más importante de la vida de Moisés era Dios y nada iba desviarle de permanecer con Dios. Moisés y todo el pueblo iban continuar! Tendrían todas las promesas de Dios, pero Moisés se pone a la presencia de Dios, vistieron luto V.4, pues eran más noticias tener las bendiciones, pero no tener más el Dios de la Bendición. Por lo tanto la primera cosa que tuvieron de hacer era retirar los atavíos, ora el atavío era un adorno, puede que tengamos algo en nuestra vida algo que sea solamente un adorno, que tenga la apariencia de ser del Señor, pero no es.

 

Puede ser la rigidez de contar los minutos para terminar el culto, sin primero preocuparse con estar en la presencia de Dios, orar sin escuchar la voz del Espíritu, diplomas sin dar valor al Dios de la Sabiduría, poses sin reconocer al Dios de la provisión, silencio al revés de la Paz, relacionamientos transitorios y superficiales al revés de relacionamientos íntegros, comprar cosas y no tener dinero para pagar, atavíos son todo aquello que enseña la apariencia, pero en la verdad deja de ser, porque no hay más poder – POWER, manifestación de la GLÓRIA DE DIOS – SHEKINAH.

¿De que lado usted está en esta historia, junto con el pueblo llenos de atavíos, viviendo en la apariencia, o con Moisés, que se retiraba muchas veces de la congregación, no para irse, pero para conversar con Dios, aprender con El y volver para orientar la comunidad?

Tengo un buen amigo que se pasa media vida en el aeropuerto. Es decir: viajando. Es un pastor protestante que trabaja a nivel mundial con una dedicación más centrada en Europa y América, especialmente en Latinoamérica.

En las pocas ocasiones en que podemos encontrarnos para charlar me gusta que me explique cómo va la Iglesia Protestante más allá de mi propia mirada. Y casi en todas las conversaciones acabo constatando que el cristianismo vive un momento de gran vitalidad y más particularmente la Iglesia Protestante.

Su visión sobre el cristianismo es muy diferente de la mirada que ofrece una buena parte de tertulianos cuando hablan sobre el cristianismo. Estos, en general, hablan de la Iglesia para referirse a la Iglesia Católica como si la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Protestante no existieran. Cuando hablan de la crisis de fe, creen que lo que nos pasa en Europa es lo que está pasando en el resto del mundo. Y cuando analizan la situación, lo hacen siempre desde una lectura política de la vida. Para no entrar en la polémica sobre la falta de respeto que muchos de ellos y de ellas manifiestan cuando hacen referencia al Espíritu Santo.

A modo de ejemplo mi amigo me comentaba que en China la Iglesia Protestante ha pasado de un millón de personas antes de la revolución comunista a los actuales 50 millones para añadir, a continuación, que se calcula que dentro de 40 años será el país con más protestantes, y quizá cristianos, de todo el mundo.

Que la vieja y desorientada Europa haya perdido el camino de la fe no significa que en el resto del mundo las cosas vayan de la misma manera. Esto es lo que parece que no entienden determinados tertulianos.

Recuerdo las últimas palabras de mi amigo la última vez que nos encontramos: espero que algunos de estos tertulianos que opinan sobre el cristianismo mirándose el ombligo estén mejor informados del resto de cuestiones sobre las que opinan.

Un deseo que, estoy seguro, muchos compartimos.

martin luteroUn año más todos los protestantes nos reunimos el 31 de octubre para celebrar el día de la Reforma Protestante. O mejor dicho: el día en que simbólicamente se inició la Reforma Protestante. Sin duda, una fecha para recordar sea cual sea nuestra fe y, incluso, para aquellos que dicen no tener ningún tipo de fe religiosa.

Todavía hay mucho desconocimiento por una gran parte de nuestra sociedad sobre lo que significó la Reforma Protestante en el seno de la Iglesia de aquella época y lo que ha significado hasta el día de hoy, tanto a nivel de espiritualidad como a nivel social.

La Reforma no sólo significó una mirada diferente de entender a Dios, sino que significó una mirada diferente de entender la fe cristiana.

La edad media llevó a la Iglesia todo el sistema penitencial que a principios del siglo XVI proponía la redención de nuestros pecados no sólo mediante las obras, sino gracias a la generosidad del bolsillo. Cuantas más indulgencias se compraran con dinero más perdón conseguiría.

Esta mercantilización de la salvación generó un bache de tal dimensión en el corazón de Lutero, y de buena parte de la gente que le rodeaba, que fue el calor que atizó el fuego reformador.

Lo que Lutero puso sobre la mesa, en su lectura del texto paulino a los Romanos, fue que la salvación sólo dependía de nuestra fe, que nada que pudiéramos hacer nos abría la puerta del corazón de Dios excepto la aceptación del camino ya establecido: creer en Jesús.

Parecía, y parece, una respuesta sencilla. Tan sencilla que para algunos representa una dificultad poder aceptarla.

La Reforma Protestante fue un llamado a depositar nuestra fe en Jesús.

Es la misma llamada que hoy presenta el mensaje reformado: creer en Dios es cuestión de fe. De fe en Jesús.

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