Juan 5:1-16

"El que oye mi palabra..." (Juan 5:24)

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De forma muy clara Jesús nos indica hoy que solamente en él se encuentra la esperanza para todos aquellos que vivimos en el mundo. Somos llamados a escuchar su palabra. Palabra de consuelo y de esperanza. Palabra de justicia y de vida. Como aquel centurión de Capernaun que no consideraba su hogar digno de ser visitado por Jesús, y que le rogaba que pronunciase la palabra. Esto bastaba para que su enfermo sanase.

Nada hay más urgente e importante en el momento presente: Jesús habla, ¡A él oid!También para nosotros, Jesucristo pronuncia una palabra de salvación. Es suficiente (y sólo su palabra es suficiente) para que el Padre celestial, en su gracia infinita, nos reciba justificados y haga de todos aquellos que no éramos su pueblo, un pueblo santo que proclame la gloria de su nombre.

Se ha celebrado en Barcelona el Primer Congreso Evangélico de Infancia. Es decir: una buena parte de organizaciones evangélicas europeas dedicadas a la infancia se han puesto de acuerdo para organizar este Congreso. Naturalmente, cada una de estas organizaciones había celebrado su correspondiente congreso europeo. Hay que poner en valor que muchas de ellas son organizaciones centenarias. La diferencia de esta vez es que se han reunido no para celebrar su congreso, sino para organizar el Congreso de todas ellas.

El hecho sería noticia en sí mismo pero lo que destaca como titular de este Congreso es la voluntad de los organizadores de poner en la agenda de la Iglesia Protestante el ministerio entre la infancia como una prioridad.

En esta vieja Europa, donde cada vez la gente mayor es más numerosa, hay que agradecer que nos recuerden que el trabajo entre la infancia es el ministerio de hoy para la Iglesia.

No es que la Iglesia Protestante no dé un gran énfasis a la atención a la infancia. Lo cierto es que prácticamente en todas las Comunidades Locales protestantes en el mismo momento en que se celebra el culto para los adultos los más pequeños tienen sus propias clases de espiritualidad cristiana en función a su edad. Es lo que conocemos como Escuela Dominical.

Lo que se ha querido impulsar con este Congreso es que de la misma manera que hace muchos años la Iglesia Protestante puso en marcha la Escuela del Domingo en todas sus Comunidades Locales ahora hay que pensar, y resolver, cómo debe transformarse esta escuela para adaptarla a los nuevos tiempos.

Más aún.

El Congreso ha querido hacer un llamamiento a los pastores y pastoras y a los responsables de las Escuelas Dominicales para pensar juntos nuevos modelos de intervención en la infancia que no se limite a la hora del Culto del domingo.

Aprovechando las muchas experiencias ya existentes y el hecho de poder aportar una mirada europea sobre la infancia, el Congreso ha trabajado en dos niveles: el europeo y el local. El europeo, a fin de aprender del otro. El local, con el fin de aportar soluciones concretas a las diferentes Comunidades Locales.

Una vez terminado el Congreso ahora es cuando empieza el trabajo.

Pero el trabajo empieza no sólo para los participantes en el Congreso, sino para toda la Iglesia Protestante a fin de estar atenta a las mejoras que nos propongan.


Desde Bruselas, la capital de Europa, nos llega la noticia de que lo que crece en el viejo continente es la pobreza. Uno de cada cuatro europeos es pobre, que se dice pronto. En su momento, los organismos europeos se propusieron lo que se llamó la estrategia "20/20". Es decir: que en 2020 en Europa hubiera 20 millones menos de pobres. De momento lo que se ha conseguido es exactamente lo contrario: que en el año 2010 la pobreza haya aumentado en Europa en cinco millones de personas.

Lo más grave de todo esto es que no sólo ha crecido la pobreza relativa, sino que ha crecido también la pobreza extrema. Es decir: los que no tienen "nada de nada" cada día son más.

Más pobres y más extremadamente pobres. 

Según las últimas estadísticas en Europa ya son 123 millones los que tenemos apuntados a la cola de la pobreza.

Según la misma fuente informativa, los pobres no sólo viven en el sur de Europa, sino que la pobreza se extiende incluso dentro de la misma Alemania -la primera potencia económica de la Unión Europea.

Y sin dejar la fuente consultada, en Europa se puede ser pobre incluso disponiendo de un trabajo. Trabajar y ser pobre. Inconcebible.

Lo cual quiere decir que hemos llegado a certificar el absurdo social más absoluto.

Como parte de la Iglesia de Jesús tenemos que levantar, una y otra vez, nuestra voz profética para pedir justicia y justicia social.

Lo que pedimos a nuestros políticos es valentía para enfrentar esta infamia.

Hay que cambiar la situación.

No podemos continuar en esta pendiente de degradación.

La pobreza, y aún más la pobreza extrema, es socialmente inaceptable.

¡¡¡En nombre de Dios!!!

Señoras y señores que gobiernan: ¡¡¡Recuperen la cordura!!!!

Los impactos de la crisis económica sobre la Comunidad Protestante se hacen notar en una doble medida. Por un lado, porque ha afectado directamente a las ofrendas, que es la única fuente de ingresos que tenemos y, por otra parte, porque la demanda de ajuste social se ha incrementado, tanto de manera interna como de manera externa. Es decir: ha aumentado la precariedad social entre los propios miembros de la Comunidad Local y se ha incrementado la demanda de solidaridad que recibimos del resto de la ciudadanía.

La razón principal de esta situación de crisis económica es el paro.

Hay Comunidades Locales en las que el 25% de la misma está en paro. Esta cifra no es aplicable a todas las Comunidades Locales porque hay que compensarla con aquellas otras Comunidades Locales donde sólo hay un 5% de paro.

Pero, incluso en éstas, las ofrendas se han resentido.

El descenso de las ofrendas puede llegar hasta un 25% o un 30%. El promedio de reducción de las ofrendas puede estar entre un 10 y un 15%. Las razones de esta situación, aparte del paro, es que se han perdido las horas extras, las nóminas se cobran con meses de atraso, la jornada laboral se ha visto disminuida, el sueldo se ha congelado o parte del mismo se cobra en negro-si no quieres ser despedido por la empresa-.

Otros creyentes se encuentran con que tienen que dedicar más horas a trabajar por el mismo sueldo con lo que ello implica de disponer de menos tiempo para dedicarlo a tareas voluntarias que antes podían hacer en sus comunidades locales.

Es del todo claro que ésta es la misma situación que padecen miles y miles de ciudadanos hasta llegar a la dramática cifra de los seis millones de parados que hay actualmente.

La diferencia es que para la Comunidad Protestante esta situación genera una crisis económica interna que hay que ponderar adecuadamente.

Pocas son las medidas que pueden aplicar las Comunidades Locales para compensar esta pérdida de ingresos. Los gastos fijos son inamovibles por lo que sólo queda el capítulo del sueldo del pastor o de la pastora y el capítulo del programa de actividades. Es en estos dos capítulos donde se está repercutiendo la reducción de ingresos, excepto en el apartado de solidaridad que, quien más quien menos, ha intentado incrementar en la medida de sus posibilidades.

No hay que olvidar que históricamente la Iglesia Protestante entre nosotros siempre ha sido una Iglesia que vive su fe en la sobriedad de la precariedad económica. Con todo, la crisis económica ha generado un nuevo agravamiento de esta situación de precariedad económica.

La crisis económica que nos rodea nos recuerda a creyentes y a no creyentes la virtud de la sobriedad como valor en el que hay que seguir viviendo, o que hay que recuperar por parte de aquellas personas que en estos tiempos de despilfarro la hayan perdido.

Cuanto antes nos ajustemos a volver a vivir en sobriedad antes nos capacitaremos a nosotros mismos para adoptar el estilo de vida que nos espera el día de mañana y de pasado mañana.

Claro que la sobriedad sin solidaridad es un engaño para propios y extraños.

Digámoslo claro. Sólo hay una razón para caminar en sobriedad: que nuestra sobriedad nos lleve cada día a ser más solidarios.

¿Cuál es nuestra identidad como protestantes a principios del Siglo XXI en la vieja Europa?identidad

¿Cuál es la identidad protestante cuando pronto hará 500 años del inicio de la Reforma Protestante?

Estas dos preguntas piden una serena, reposada y amplia reflexión que, si queremos que sea lo que debe ser, tiene que ser, necesariamente, una reflexión ampliamente compartida.

Con todo, creo que antes de preguntarnos sobre nuestra identidad debemos preguntarnos si queremos tener identidad.

Los libros nos cuentan que antes la identidad estaba relacionada a una lengua, a un territorio y a una religión.

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