El péndulo de la historia amenaza con volver. Al menos eso es lo que se desprende del programa emitido por la Primera Cadena de TVE "59 segundos", presentado por María Casado, en el cual se suponía que se iba a tratar de la posible futura ley de Libertad Religiosa. Al mismo fueron invitados a participar los representantes de las confesiones de notorio arraigo (Judíos, Musulmanes y Protestantes), los representantes de la Iglesia Católica y representantes de organizaciones de la sociedad civil.
En realidad el debate fue prácticamente un largo monólogo del señor Francisco Delgado, presidente de una organización llamada "Europa Laica". Los demás participantes trataron, con más aciertos (Mariano Blázquez, representante de la Comunidad Protestante) unos que otros y con algunos desafortunados desaciertos, de posicionarse sobre la cuestión que les convocaba.
Claro que la tarea no resultaba nada fácil dado que todas las preguntas iban dirigidas en primer lugar al representante del laicismo, que no de la sociedad laica. Y, por si no hubiéramos tenido suficiente, se añadieron dos participaciones grabadas del Presidente de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores.

En definitiva, en un espacio en el que se suponía que los representantes de las minorías religiosas, y de la Iglesia mayoritaria, iban a presentar sus respectivas posiciones sobre la futura ley de Libertad Religiosa se dio el protagonismo a los no religiosos y se centró el debate sobre la libertad de conciencia en lugar de centrase sobre la Libertad Religiosa.
Una vez más las minorías religiosas de este país se quedaron sin voz.
Hemos pasado de la exclusión histórica, a la que se ha habituado nuestra sociedad, a ser ahora excluidos por otros.
La libertad de conciencia es un derecho amparado por la Constitución y por otras normas legales. La libertad de conciencia, como la libertad de creencia, es un derecho individual conocido, reconocido y amparado, de manera sólida y consistente, por el actual ordenamiento jurídico en nuestro Estado de Derecho. Y si alguien piensa que esto no es así que promueva una ley específica que ampare todavía más este derecho individual.
El debate sobre la futura ley de Libertad Religiosa no ha de girar alrededor de la libertad de conciencia sino que ha de determinar cuáles han de ser los Ámbitos (Acuerdos) de Cooperación entre el Estado, en sus diferentes niveles administrativos, y las Confesiones Religiosas de este país - incluida la Iglesia Católica. Se trata, pues, de establecer el espacio del derecho colectivo para aquellas personas que se han agrupado, de manera estable, en función de su fe.
Hablar de otras cuestiones puede que resulte muy interesante pero se aleja de la Libertad Religiosa que necesita este país. Mejor dicho: de la defensa de la Libertad Religiosa de las minorías religiosas de este país, unas relaciones que han de estar basadas en la igual entre confesiones y entre estas y la sociedad civil organizada.
Reclamo nuestro derecho a dejar de ser ciudadanos de segunda en este país por el hecho de ser protestantes. ¿Es pedir demasiado a principios del siglo XXI? La Reforma Protestante se inicio en el siglo XVI. ¿Cuántos siglos hemos de continuar esperando para dejar de ser ciudadanos de segunda en este país?

Los impactos de la crisis económica sobre la Comunidad Protestante se hacen notar en una doble medida. Por un lado, porque ha afectado directamente a las ofrendas, que es la única fuente de ingresos que tenemos y, por otra parte, porque la demanda de ajuste social se ha incrementado, tanto de manera interna como de manera externa. Es decir: ha aumentado la precariedad social entre los propios miembros de la Comunidad Local y se ha incrementado la demanda de solidaridad que recibimos del resto de la ciudadanía.

La razón principal de esta situación de crisis económica es el paro.

Hay Comunidades Locales en las que el 25% de la misma está en paro. Esta cifra no es aplicable a todas las Comunidades Locales porque hay que compensarla con aquellas otras Comunidades Locales donde sólo hay un 5% de paro.

Pero, incluso en éstas, las ofrendas se han resentido.

El descenso de las ofrendas puede llegar hasta un 25% o un 30%. El promedio de reducción de las ofrendas puede estar entre un 10 y un 15%. Las razones de esta situación, aparte del paro, es que se han perdido las horas extras, las nóminas se cobran con meses de atraso, la jornada laboral se ha visto disminuida, el sueldo se ha congelado o parte del mismo se cobra en negro-si no quieres ser despedido por la empresa-.

Otros creyentes se encuentran con que tienen que dedicar más horas a trabajar por el mismo sueldo con lo que ello implica de disponer de menos tiempo para dedicarlo a tareas voluntarias que antes podían hacer en sus comunidades locales.

Es del todo claro que ésta es la misma situación que padecen miles y miles de ciudadanos hasta llegar a la dramática cifra de los seis millones de parados que hay actualmente.

La diferencia es que para la Comunidad Protestante esta situación genera una crisis económica interna que hay que ponderar adecuadamente.

Pocas son las medidas que pueden aplicar las Comunidades Locales para compensar esta pérdida de ingresos. Los gastos fijos son inamovibles por lo que sólo queda el capítulo del sueldo del pastor o de la pastora y el capítulo del programa de actividades. Es en estos dos capítulos donde se está repercutiendo la reducción de ingresos, excepto en el apartado de solidaridad que, quien más quien menos, ha intentado incrementar en la medida de sus posibilidades.

No hay que olvidar que históricamente la Iglesia Protestante entre nosotros siempre ha sido una Iglesia que vive su fe en la sobriedad de la precariedad económica. Con todo, la crisis económica ha generado un nuevo agravamiento de esta situación de precariedad económica.

La crisis económica que nos rodea nos recuerda a creyentes y a no creyentes la virtud de la sobriedad como valor en el que hay que seguir viviendo, o que hay que recuperar por parte de aquellas personas que en estos tiempos de despilfarro la hayan perdido.

Cuanto antes nos ajustemos a volver a vivir en sobriedad antes nos capacitaremos a nosotros mismos para adoptar el estilo de vida que nos espera el día de mañana y de pasado mañana.

Claro que la sobriedad sin solidaridad es un engaño para propios y extraños.

Digámoslo claro. Sólo hay una razón para caminar en sobriedad: que nuestra sobriedad nos lleve cada día a ser más solidarios.

A mans de qui estem? Què serà de mi? I de nosaltres? Fins a quin punt?- dir una veritat de 5 i altra de 10-

Algunes d'aquestes preguntes sorgeixen de manera tan natural de dins com aigua que surt dels porus i segons com, un pot tenir la desagradable sensació de sequera existencial i fins deshidratació  emocional.

Som en mans de Déu, en les nostres , o a mans del Diable?

 
De vegades les coses no surten com  un planeja. L' apòstol Pau s'hi va posar de ple, obstinadament fent la seva tasca, però en diverses ocasions va ser impedit de dur a terme justament l'empresa que Jesucrist li havia encomanat fer, camí a Damasc.

I és que de vegades sens a dir que és el Diable qui posa pals a les rodes. Altres vegades som directament nosaltres qui diem solemnement que el Senyor de la Història és qui controla les circumstàncies i res escapa de la seva Providència (Salvació, Prevenció, Protecció, Sosteniment).

Ningú, -a part d'Ell- sap enmig  d’esdeveniments i successos, cosir de manera tant magistral amb els fils del nostre lliure albir i les seves conseqüències lamentables  amb la seva Voluntat inapel·lable.
 

Doncs valguem Déu! - dirà algun imprudent- No és Déu Amor i no ens vol pas el mal? O es que fa allò de que : “Qui et vol be et farà plorar"?
 

Permet-me un parell de veritats: una de curta de 5 síl·labes i altra de 10 .
 
La de 5: "Déu no juga brut": Sinó que exercita la inhumana tasca (ningú pot, imitar-li, per això és divina) de portar a terme tot allò s'ha proposat fer. Ni juga brut, ni juga amb nosaltres: Ens estima. (No és de rebut el verb jugar per a referir-se a l'activitat de Déu).

En el llibre de Job, però, es descobreix una altra dimensió: la dels homes i les dones de Déu. Que hi ha un abans i un després en la vida dels homes i dones de Déu, en el que Éll intervé de manera eficaç. Llegeixes bé: eficaç. Ni de benediccions sense fi, ni de mals tràngols sense treva.

En el llibre de Job es diria d'entrada que Satanàs  aconsegueix provocar a Déu. Era aquest el seu objectiu? Algun dia ho sabré. Encara que quan toqui saber-ho potser ja no em faci falta i ni m'importi. El cas Satanàs és el de la criatura més autònoma i reptadora entre la resta de criatures

angèliques. Però mai ha estat una provocació la seva perspicàcia malèfica

- per més que la superstició  dualista vulgui fer adeptes -.
 
Vull dir que qualsevol barbaritat que hagi fet  amb força bestial, enmig de la humanitat i hagi afectat a un poble sencer, o afecti a un sol ésser humà amb "nanomalaintenció", el Totpoderós mai, ha hagut de  respondre com un bomber apagafocs. Òbviament perquè a la majestat del Omnipotent li és inherent la seva Omnisciència i altres atributs més, per perdre el cap completament si ens poséssim tan sols a considerar-los amb la presumptuosa potència de la nostra ment.

Aquí ve la frase de 10 síl·labes: "A Déu mai l'enxampes desprevingut". Però també és veritat que sovint  les coses venen maldades i no és per directa responsabilitat humana. O si, i és que arrosseguem les

vibracions i la polseguera que van aixecar els nostres ancestres i les seves generacions anteriors.  Però altres vegades, és el que correspon per la més elemental de les regles: allò que un sembra, allò recull. Es allò del cartellet mal escrit entre els prestatges de la botiga dels tot a 100 del xinos:"No toca loque rompes pagar".
 Som a mans de Déu, en les nostres, o a mans del Diable?

En general, no hauríem d'oblidar que hi ha responsabilitat per la nostra banda en el que ens passa o ens deixa de passar. Altres cops es el incívic conciutadà desconegut que no aparca bé i ens ratlla la xapa, o el xiclet que s'enganxa a la sola i llegiu-me aquí, per descomptat en clau metafòrica, que si unes vegades som destorbats, altres certament som guiats en mig dels períodes i els moments adversos que facin falta. Perquè abans d'acabar aquest article, cal dir que les coses sortiran com sigui, però el nostre Déu sap el que està fent enmig del seu poble.

Per qui no s'hagi quedat prou convençut els recordaré aquell  que va aguantar tants despropòsits: Josep, el primer teòleg de la Providència divina -sense saber que existiria tal disciplina- i que es va penjar en l'ànima el títol de Dr. honoris causa, quan va saber dir que fet i fet, totes les desgràcies i les traïcions de la seva pròpia gent, el Senyor Déu les havia utilitzat sàviament A FI DE BE, es a dir per un bon propòsit final. Si arribéssim a tenir una saviesa mínimament comparable a la d'aquell governador de l'antic Egipte, fàcilment ens sorprendríem a nosaltres mateixos al dir amb joia: Glòria al bon Déu de la Providencial!.

Si:Som a mans de Déu!

La Biblia nos dice que matar es pecado. Todo libro sagrado nos dice lo mismo.

Pero si además de matar lo hacemos en nombre de Dios, faltan palabras para definir la dimensión de este pecado.

Los eventos de París, de nuevo París, y de diversas partes de la geografía nos recuerdan, de nuevo, que nuestra voz aún debe ser más alta, más fuerte y más contundente para rechazar toda esta serie de asesinatos terroristas.

Si la violencia es condenable, la violencia terrorista agota las palabras de condena.  El mundo ha enloquecido y en medio de tanto desacierto tenemos que mantener la calma.

Pero mantener la calma no significa tener que callar. Sino todo lo contrario.

Dios no es nuestro, sino todo lo contrario: nosotros somos de Él, si queremos.

Pero, queramos o no queramos, lo que es inadmisible desde el punto de vista humano o divino, es utilizar el nombre de Dios para justificar ningún tipo de violencia terrorista.

La violencia terrorista ni tiene nombre, ni tiene ideología, ni tiene ningún tipo de razón que la justifique.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de una causa justa anula la legitimidad de esta causa.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de Dios niega la religiosidad de quien lo haga. Pero la niega contundentemente.

Toda persona religiosa busca crecer en su bondad, gracias a su experiencia de espiritualidad.

Esta es una de las dimensiones más importantes de la espiritualidad.

Si nuestra espiritualidad no nos lleva a la armonía entre nosotros y Dios y entre nosotros y nuestro prójimo no es ni espiritualidad ni tampoco es religiosidad.

La ideología que pretenda justificar la violencia terrorista no podrá nunca legitimar ninguna de las acciones que, de la misma, se puedan derivar.

Necesitamos, desgraciadamente, volver a repetirlo porque es importante que no lo olvidemos ni dentro ni fuera.

Finalmente el relevo en la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña ha llegado. Mejor tarde que nunca. Hasta el día de hoy la Comunidad Protestante se siente discriminada por buena parte de la Administración y por buena parte de los poderes fácticos del país. Ante esta situación, en su momento, se creyó oportuno y conveniente pedir al Presidente de la Generalitat, el Muy Honorable Sr. Jordi Pujol, que pusiera en marcha una Dirección General de Cultos, éste es el nombre que figura en el Acuerdo Marco firmado entre la Generalitat de Cataluña y el Consejo Evangélico, para dar apoyo a las Confesiones Religiosas y para defender la Libertad Religiosa.

Fruto de esta iniciativa es lo que hoy conocemos como Dirección General de Asuntos Religiosos.

Lo que nunca hubiera podido imaginar este Consejo es que esta Dirección General se volviera en contra de la Comunidad Protestante y del resto de Confesiones.

La verdad sea dicha es que esta Dirección General saliente sólo había de trabajar, que no es poco, para hacer realidad lo que clara y acertadamente explicaba el programa electoral de Convergència i Unió.

En lugar de seguir el camino marcado por su propio partido decidió iniciar un proceso de diálogos interminables sin orden del día, sin agenda y sin ninguna otra conclusión que no fuera volver a reunirnos para repetir la misma puesta en escena.

En lugar de dejarse aconsejar, si no se conocía el terreno, se entró pisando el huerto, sin valorar lo que se había plantado y sin escuchar el desconcierto del campesino que, casi incrédulo por lo que veían sus ojos, se preguntaba qué estaba pasando. Haciendo, en definitiva, todo lo contrario de lo que se le estaba pidiendo.

Cuando este Consejo veía cómo, después de intentarlo una y otra vez durante más de diez años, el Ministerio de Justicia de Madrid no quería legalizarlo, su Secretario General no sólo era recibido por el Presidente Jordi Pujol, sino que gracias a la actuación presidencial finalmente éramos legalizados. Frente a estos hechos el Director General saliente ponía, abierta y repetidamente, en cuestión al Consejo Evangélico de Cataluña.

Cuando todas las administraciones quieren tener un interlocutor con quien dialogar esta Dirección General despreciaba el Consejo Evangélico.

Se ha pasado del amparo que siempre habíamos tenido en la Generalitat a la discriminación.

Lo peor es que incluso se ha perdido la oportunidad de conseguir transferencias que en materia religiosa el Gobierno del Estado estaba dispuesto a hacer realidad. Unas transferencias que seguramente hemos perdido para siempre.

No podemos terminar sin hacer mención al recorte del cien por cien de que hemos sido objeto las Confesiones Religiosas por parte de esta Dirección General y del trato y la forma en que se ha realizado este proceso.

Cuán diferente es el trato que hemos recibido y recibimos del actual Comisionado para Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona. Abierta, sincera y honestamente nos dijo que no podrían contribuir en 2012 a la cofinanciación del Consejo Evangélico pero nos hemos sentido escuchados, valorados y reconocidos en todo momento.

Esperamos que el nuevo Director General de Asuntos Religiosos sepa recuperar la confianza perdida.

Esperamos sus iniciativas.

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