Los directamente implicados dicen que hay semanas que es mejor olvidar. Tal vez tengan razón. Pero lo que no podemos olvidar es la crisis económica en la que vivimos. Seguramente pueda parecer fuera de lugar hablar de cómo saldremos de la crisis en la que nos encontramos cuando aún estamos en el ojo del huracán y tenemos dificultades para ver la luz al final del túnel. Pero es precisamente porque nos encontramos donde nos encontramos que ahora es el momento de hablar de futuro para tratar de condicionar nuestro presente.

Los impactos de la crisis económica sobre la Comunidad Protestante se hacen notar en una doble medida. Por un lado, porque ha afectado directamente a las ofrendas, que es la única fuente de ingresos que tenemos y, por otra parte, porque la demanda de ajuste social se ha incrementado, tanto de manera interna como de manera externa. Es decir: ha aumentado la precariedad social entre los propios miembros de la Comunidad Local y se ha incrementado la demanda de solidaridad que recibimos del resto de la ciudadanía.

La razón principal de esta situación de crisis económica es el paro.

Hay Comunidades Locales en las que el 25% de la misma está en paro. Esta cifra no es aplicable a todas las Comunidades Locales porque hay que compensarla con aquellas otras Comunidades Locales donde sólo hay un 5% de paro.

Pero, incluso en éstas, las ofrendas se han resentido.

El descenso de las ofrendas puede llegar hasta un 25% o un 30%. El promedio de reducción de las ofrendas puede estar entre un 10 y un 15%. Las razones de esta situación, aparte del paro, es que se han perdido las horas extras, las nóminas se cobran con meses de atraso, la jornada laboral se ha visto disminuida, el sueldo se ha congelado o parte del mismo se cobra en negro-si no quieres ser despedido por la empresa-.

Otros creyentes se encuentran con que tienen que dedicar más horas a trabajar por el mismo sueldo con lo que ello implica de disponer de menos tiempo para dedicarlo a tareas voluntarias que antes podían hacer en sus comunidades locales.

Es del todo claro que ésta es la misma situación que padecen miles y miles de ciudadanos hasta llegar a la dramática cifra de los seis millones de parados que hay actualmente.

La diferencia es que para la Comunidad Protestante esta situación genera una crisis económica interna que hay que ponderar adecuadamente.

Pocas son las medidas que pueden aplicar las Comunidades Locales para compensar esta pérdida de ingresos. Los gastos fijos son inamovibles por lo que sólo queda el capítulo del sueldo del pastor o de la pastora y el capítulo del programa de actividades. Es en estos dos capítulos donde se está repercutiendo la reducción de ingresos, excepto en el apartado de solidaridad que, quien más quien menos, ha intentado incrementar en la medida de sus posibilidades.

No hay que olvidar que históricamente la Iglesia Protestante entre nosotros siempre ha sido una Iglesia que vive su fe en la sobriedad de la precariedad económica. Con todo, la crisis económica ha generado un nuevo agravamiento de esta situación de precariedad económica.

La crisis económica que nos rodea nos recuerda a creyentes y a no creyentes la virtud de la sobriedad como valor en el que hay que seguir viviendo, o que hay que recuperar por parte de aquellas personas que en estos tiempos de despilfarro la hayan perdido.

Cuanto antes nos ajustemos a volver a vivir en sobriedad antes nos capacitaremos a nosotros mismos para adoptar el estilo de vida que nos espera el día de mañana y de pasado mañana.

Claro que la sobriedad sin solidaridad es un engaño para propios y extraños.

Digámoslo claro. Sólo hay una razón para caminar en sobriedad: que nuestra sobriedad nos lleve cada día a ser más solidarios.

El 1er  registro: en la órbita espacial.

Según los comentarios de los medios soviéticos, durante la órbita, el cosmonauta Gagarin comentó: «Aquí no veo a ningún Dios». Sin embargo, no hay ninguna grabación que demuestre que Gagarin pronunciara estas palabras. En cambio se sabe que fue Nikita Jrushchov -máximo dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) entre 1953 y 1964- quien en cierto contexto dijo: «Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí», después estas palabras  empezaron a ser atribuidas al propio cosmonauta. [Refresqué mi memoria en la Wikipedia...].
En mi infancia resonaron por casa estos comentarios. Desde los 5 años en adelante no se borró de mi mente eso que el primer viajero espacial no viera a Dios. Cuando crecí un poco, la frase se volvió provocativa ideológicamente: los americanos capitalistas ingenuos creen en Dios, pero los soviéticos se conducen por la evidencia.

Cambio de registro: en Tarragona.

Cierta ocasión un joven pastor, con el que en tiempos mozos había compartido retiro, reuniones de oración, cena, cultos, canciones propias y ajenas me dijo hablando por teléfono: "¡Vente a Tarragona Llorenç, que Dios está aquí obrando!".

"Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tu y el pueblo....3 a la tierra que fluye leche y miel; pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz; no sea que te consuma en el  camino. ( Éx 33 .1-3)

Este texto nos lleva para un momento de la historia de la caminada del pueblo de Dios, en que el pueblo ha tenido muchas experiencias maravillosas con el poder de Dios. Ellos han experimentado la liberación de la esclavitud de Egipto, han recibido revelaciones a respecto de los utensilios del Tabernáculo y de la dinámica de los cultos, del llamado a vivir en Santidad como el pueblo de Dios, han comido del Maná y han experimentado las bendiciones del Señor, pero se olvidaron de continuar vigilando y caminando en la presencia de Dios y por fin hicieron un becerro de oro para si. El texto dice que el pueblo de Dios era de dura cerviz y por lo tanto Dios les daría la bendición que les tenía prometido, pero no acompañaría más a ellos para no consumirles por el camino.

Eso nos lleva a reflexionar sobre la historia de nuestra caminada con Dios, pensar cuantas cosas Dios ha hecho en nuestras vidas, existe el himno HE 338 – “Contar las Bendiciones”, este himno nos desafía a mirar atrás y contar cuantas bendiciones Dios nos ha dado donde estamos, y verificar si aún estamos en la PRESENCIA DE DIOS, pues Dios les dice que donaría la TIERRA que MANA LECHE y MIEL, pero a partir de este momento no estaba más con ellos. Eso significa que podemos tener cosas buenas en nuestras vidas, pero por perder la SANTIDAD, han perdido también la Maravillosa compañía de Dios a su lado. Pero Moisés si recusa a dar un paso sin la PRESENCIA DE DIOS, pues más importante que algunas cosas transitorias, era el Señor para Moisés. Moisés era diferente, el tenia HAMBRE DE DIOS, o sea, la cosa más importante de la vida de Moisés era Dios y nada iba desviarle de permanecer con Dios. Moisés y todo el pueblo iban continuar! Tendrían todas las promesas de Dios, pero Moisés se pone a la presencia de Dios, vistieron luto V.4, pues eran más noticias tener las bendiciones, pero no tener más el Dios de la Bendición. Por lo tanto la primera cosa que tuvieron de hacer era retirar los atavíos, ora el atavío era un adorno, puede que tengamos algo en nuestra vida algo que sea solamente un adorno, que tenga la apariencia de ser del Señor, pero no es.

 

Puede ser la rigidez de contar los minutos para terminar el culto, sin primero preocuparse con estar en la presencia de Dios, orar sin escuchar la voz del Espíritu, diplomas sin dar valor al Dios de la Sabiduría, poses sin reconocer al Dios de la provisión, silencio al revés de la Paz, relacionamientos transitorios y superficiales al revés de relacionamientos íntegros, comprar cosas y no tener dinero para pagar, atavíos son todo aquello que enseña la apariencia, pero en la verdad deja de ser, porque no hay más poder – POWER, manifestación de la GLÓRIA DE DIOS – SHEKINAH.

¿De que lado usted está en esta historia, junto con el pueblo llenos de atavíos, viviendo en la apariencia, o con Moisés, que se retiraba muchas veces de la congregación, no para irse, pero para conversar con Dios, aprender con El y volver para orientar la comunidad?

Hace poco se ha celebrado en la ciudad de Barcelona la II Cumbre Interreligiosa Iberoamericana. Este tipo de cumbres son encuentros previos que se organizan antes del encuentro anual de jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos. Su propósito es poner en la agenda de los máximos dirigentes de cada país una serie de propuestas de trabajo que contribuyan a un mayor profundización en las libertades y en el desarrollo económico.

Por segunda vez en la historia se ha considerado que la perspectiva de las Confesiones Religiosas puede ser una aportación significativa a las conclusiones finales de la Cumbre.

La verdad sea dicha es que para el GTER, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones, -organizador del encuentro junto con Religions for Peace- ha sido un reto importante organizar este evento y trabajar para llegar a unas conclusiones finales que respondan a la expectativa creada.

Este nuevo espacio de servicio y testimonio debe llevarnos a una profundización en nuestra propia reflexión sobre la parte del espacio público que estamos llamados a ocupar.

Si hace unos años el reto era trabajar para fomentar el diálogo interreligioso y para fomentar el diálogo con la sociedad civil, el reto de hoy en día es ser capaces de poner sobre la mesa propuestas de trabajo con vocación de cambio social.

Ya no basta con decir que queremos dialogar. Hoy en día hay que decir sobre qué queremos dialogar y cuál es nuestra hoja de ruta para este diálogo.

Tal vez por esta razón, en lugar de insistir tanto en el diálogo, lo que hoy tenemos que hacer es empezar a construir el discurso interreligioso. Este no debe ser un discurso en el que debatamos entre nosotros tal y cual cuestión teológica, sino en el que debatamos entre nosotros, desde las respectivas perspectivas de fe, cuáles son las carencias de este mundo que debemos denunciar y cuáles son los caminos que hemos de emprender para enderezar estas situaciones.

El reto es importante porque este discurso interreligioso no puede ser la resultante del pensamiento particular ni de una persona ni tampoco de una confesión, sino que debe ser fruto de un proceso que nos lleve a construir juntos respuestas para aquella parte del mundo a la que podemos aportar propuestas.

El reto nos pilla un poco a contrapié. Las situaciones de crisis que nos rodean, por su gravedad, exigen lo mejor de todos nosotros pero estemos atentos a este reto, no sea que la crisis nos haga perder el necesario discurso interreligioso que entre todos debemos construir.

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