El Consejo Evangélico de Cataluña ha celebrado este pasado sábado su 63ª Asamblea Cívica, históricamente hablando desde su fundación en 1981, y su 33ª Asamblea General desde que estamos legalmente reconocidos como entidad religiosa.

La Asamblea de este año ha sido la Asamblea del Reajuste económico.

De un presupuesto de 250.000 € del año 2010 y de un presupuesto de 227.000 € en 2011, se ha pasado a un presupuesto de 90.000 € en 2012 y con una previsión para el año 2013 de 62.000 € de presupuesto.

O dicho en otras palabras: si tenemos como referencia el año 2010 nos han recortado alrededor de 220.000 € de cofinanciación.

Evidentemente ante este despropósito había que reaccionar y plantear un reajuste a fondo para el año 2013. Un reajuste que ya se inició en el año 2011 y que tuvo su máximo exponente en 2012.

En el año 2012 nos anticipamos a la falta de noticias por parte de la administración y se decidió cerrar la Oficina Técnica del Consejo Evangélico de Cataluña. Esta Oficina había nacido en los últimos años de Gobierno del Presidente Jordi Pujol y gracias al Acuerdo Marco firmado en 1998.

A pesar de nuestra anticipación a los acontecimientos, en 2012 se cerró con una pérdida superior a los 49.000 € que se ha compensado gracias a la buena gestión de ejercicios anteriores.

Cuento todo esto motivado por la vocación de transparencia que nos preside.

Ante nuestra transparencia económica el Director General de Asuntos Religiosos que acaba de ser sustituido todavía no nos ha dado ninguna explicación razonada sobre el recorte de que hemos sido objeto todas las Confesiones Religiosas de Cataluña.

La crisis económica puede explicar una reducción parcial de la cofinanciación pero nunca explica ni justifica un recorte del cien por cien.

Somos los primeros en promover la austeridad de la Iglesia y de reclamarnos a nosotros mismos más austeridad en tiempos de crisis pero aún sabemos distinguir entre austeridad y discriminación.

Los protestantes de este país nos sentimos discriminados por muchas y diversas razones. Estas razones no son sólo históricas, sino que aún perviven en el día de hoy.

Una vez más hemos sido discriminados y una vez más tenemos la conciencia muy clara de que seguimos siendo ciudadanos de segunda ante determinadas administraciones.

Lo que nunca nos hubiéramos imaginado es que fuéramos discriminados por la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña que en su día se constituyó a petición del Consejo Evangélico de Cataluña.

El sábado día 20 de Septiembre ha sido una fecha histórica. Más de 300 pastores y dirigentes evangélicos se han reunido en Barcelona, convocados por el Festival de la Esperanza, en un Culto de Pacto.

Los reunidos han querido manifestar su compromiso de trabajar para extender un mensaje de Esperanza a nuestra sociedad y a hacerlo desde la fe cristiana.

Hoy, cuando tanta y tanta gente ha perdido la esperanza, hay que volver a recordar que hay una Esperanza Permanente y que esta Esperanza Permanente está en Jesús.

Vivir la fe cristiana, volver a la fe cristiana, invitar a otros a vivir la fe cristiana. Este es el triple propósito del Festival de la Esperanza.

Este Festival nace con una primera iniciativa: apoyar la campaña "Cajas de la Navidad". Esta campaña tiene como propósito llevar una caja de zapatos llena de esperanza y de regalos para que miles y miles de niños y niñas de todo el mundo esta Navidad no se queden con las manos vacías.

Hablar de la fe cristiana también es hablar de solidaridad y este ha sido el primer paso que se ha dado en esta dirección.

Una buena manera de concretar la Esperanza Cristiana es hacerla llegar a los más pequeños. No conoceremos nunca los niños y niñas que recibirán nuestras cajas de zapatos esta próxima Navidad pero no necesitamos conocerlos para hacerles llegar el calor de nuestro corazón.

Josep Maria Carbonell acaba de publicar un muy buen artículo en 'Catalunya Religió' titulado: "El PSOE y la bandera del laicismo". Es un buen artículo, a mi juicio no sólo por lo que dice, sino por tener la valentía de decirlo. Por lo que se ha visto y escuchado últimamente dentro del partido socialista obrero español hay una tendencia creciente que quiere volver a la doctrina antirreligiosa que desde la época del Felipe González parecía superada.
Durante muchos años desde la izquierda se quería imponer la visión que querer un mundo más justo y una economía más redistributiva iba religado a negar toda espiritualidad, especialmente la espiritualidad cristiana.
Muchos fueron más lejos y confundieron iglesia católica con cristianismo o incluso con espiritualidad. A éstos, su anticatolicismo les llevó a no saber, o no querer, distinguir y pusieron todas las espiritualidades en el mismo saco con la voluntad de llenarlo de piedras y tirarlo al mar. Sencillamente, pretendían hacer desaparecer no sólo a la Iglesia Católica, sino toda experiencia religiosa. Como es obvio, querer ir en contra del sentido de la vida no lleva a ningún lado y el experimento fracasó estrepitosamente.

Desde el realismo político se empezó a saber distinguir que la fe no es incompatible con ser de derechas, de centro o de izquierdas.
La fe es una experiencia de transformación interior que da sentido a la vida, más allá de la percepción o la ideología política que cada uno haya escogido.
La naturaleza humana nos lleva demasiadas veces, desde las confesiones o desde la Iglesia, a abandonar el terreno de la política para entrar en el terreno del partidismo político. Cada vez que así se ha hecho no sólo nos hemos equivocado, sino que hemos alejado a mucha gente de la experiencia de la fe.
La misma naturaleza humana ha llevado a los partidos políticos, de la derecha o la izquierda, a querer monopolizar la aceptación o el rechazo de la fe. Cada vez que así lo han hecho han cohesionado más su militancia pero se han alejado de buena parte de su electorado, de aquella parte que ha querido mantener su fe por encima de su ideología.
Para mucha gente de fe la ideología no está por encima de la experiencia religiosa sino todo lo contrario: la experiencia religiosa está por encima de cualquier otro valor social.
Hasta que esto no se entienda y se aplique esta verdad, las confesiones perderemos membresía y los partidos políticos perderán votantes.
La mejor manera de resolver esta cuestión es que todos hacemos política, porque somos seres sociales, pero que todos evitamos hacer partidismo, política de partido, para evitar caer en el sectarismo -del que todos afirman querer huir-.

Si la reforma de la Ley de Centros de Culto acaba aplicándose, tal y como la ha redactado este mes de agosto el Gobierno, corremos el peligro de que Cataluña acabe transformándose, religiosamente hablando, en la Cuba de Europa donde los cristianos no pueden abrir nuevos templos y donde los que están abiertos corren el permanente peligro de que los cierren.
No nos engañemos. Si el Consejo Evangélico pidió el amparo del Gobierno no fue por causa de aquellos Ayuntamientos donde se facilita la Libertad Religiosa y la expresión cúltica, sino para encontrar cobijo frente a quienes no actúan de esta manera.
No nos engañemos. Si ahora se quieren devolver las competencias, que otorga la todavía ley vigente, a los Ayuntamientos no es, precisamente, para favorecer la apertura de nuevos centros de culto, sino todo lo contrario.
No nos engañemos. Fomentar el espíritu antirreligioso es una iniciativa que afecta y perjudica a todas las confesiones. Si yo fuera católico empezaría a preocuparme porque con el nuevo redactado tampoco se podrá continuar construyendo el nuevo templo que se abre cada año porque: ¿Cómo se podrá demostrar el arraigo en un territorio si antes no estaban ahí institucionalmente? Ser bautizado católico no quiere decir que se practique el catolicismo. Entonces, ¿cómo se demostrará el arraigo?

Digámoslo claro: los Ayuntamientos que quieren impedir la apertura de nuevos centros de culto dictan ordenanzas municipales de imposible cumplimiento y después aplican su 'legalidad' vigente. Y los tribunales de justicia nos han demostrado que tenemos razón. El ejemplo más clásico es el de aquella ordenanza municipal en la que se indica que sólo se podrá establecer un centro de culto en aquellas calles que tengan una acera superior a los tres metros, sabiendo que no hay ninguna calle en la población que cumpla este requerimiento.
Por otra parte, la misión de la Iglesia no debe estar condicionada por la voluntad de un alcalde, de si quiere o no quiere en su población una o muchas iglesias evangélicas.
Si históricamente se hubiera aplicado el cambio que propone el nuevo texto, el cristianismo no hubiera existido. El cristianismo es hijo de la ciudad de Antioquía de Siria y no de la ciudad de Jerusalén.
Como es sabido, el cristianismo tiene su origen en la ciudad de Jerusalén. Debido a las persecuciones parciales de los primeros años una parte de la comunidad cristiana huyó y algunos de estos fugitivos llegaron a la ciudad de Antioquía de Siria donde predicaron el evangelio, por primera vez, a los no judíos. A pesar de no poder demostrar su arraigo, instalaron una Iglesia en esta ciudad. Fue de esta Comunidad Local que surgió el trabajo misionero del apóstol Pablo que, posteriormente, se extendió por Europa.
La Iglesia judía, la de Jerusalén, desapareció en el siglo V. La Iglesia de Antioquía de Siria ha continuado hasta nuestros días.
En Cuba también se prohíbe el establecimiento de nuevas Iglesias Evangélicas aplicando su legislación vigente. Lo han intentado, pero no han podido. No han podido detener el crecimiento de la Iglesia. ¿Qué solución han encontrado los evangélicos cubanos? Las "Casas-Templo". Aquel evangélico que dispone de un comedor un poco grande, de un patio o de una azotea, lo pone a disposición de la Iglesia para que se puedan celebrar cultos.
¿Será el futuro que nos espera en la Cataluña Protestante?

El GTER (Grupo de Trabajo Estable de Religiones), junto con AUDIR, ha organizado una Jornada titulada "Religiones por la Paz".

Varios han sido los propósitos de esta Jornada.


En primer lugar promover una campaña de sensibilización en el seno de las diversas confesiones sobre este bien tan preciado y tan escaso como es el de la paz.

El nuestro es un mundo donde la paz está ausente de los hogares, de la sociedad, de los países y, incluso, entre aquellos y aquellas que nos reconocemos a nosotros mismos y a nosotros mismos como personas religiosas.

Es, por ello, que reencontrarnos en torno a la paz debe estar una convocatoria repetida una y otra vez.

En segundo lugar es necesario no olvidar que hay verdaderas amenazas a la paz y la humanidad. Las armas nucleares son una de estas amenazas que, tan sólo pensarlo, nos hace estremecer.

¿Cómo es posible que la humanidad haya inventado esta manera de matarnos unos a otros?

¿Cómo es posible que este indeseable invento aún no se haya destruido por completo?

¿Cómo es posible que destinemos nuestro dinero a mantener esta maquinaria de guerra en lugar de paliar el hambre en el mundo?

Es una cuestión de prioridades: con el mismo dinero podemos hacer el bien a mucha gente o podemos mantener viva la amenaza nuclear.

Las religiones, las confesiones, no podemos, y en realidad tampoco queremos, mantenernos neutrales en estas cuestiones.

Y en tercer lugar, en este esfuerzo para movilizar nuestra sociedad para un mundo sin armas nucleares todos somos necesarios y nunca seremos suficientes.

No nos corresponde a las confesiones religiosas liderar esta cuestión, pero si nos corresponde promover una clara conciencia entre propios, y aún más allá, para que ésta sea una causa que no se olvide hasta que consigamos el objetivo final: la desaparición de las armas nucleares.

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