Cuando una sociedad se desarrolla sin valores lo que surge es la maldad como derecho colectivo. Desde el nacimiento de la humanidad, la maldad ha formado parte de nuestra vida tanto personal como colectiva. El fenómeno que ha surgido en los últimos años es que la maldad se ha organizado no como hasta ahora lo había hecho, dentro del marco de la delincuencia, sino como colectivo social que tiene derecho a reclamar impunidad para sus fechorías.
De pequeño me enseñaron que mentir, robar, abusar o maltratar era socialmente condenable y espiritualmente reprobado por Dios.
Con el paso de los años, he ido descubriendo que a muchos no les preocupaba que estos hechos fueran socialmente condenables, sino que lo que les preocupaba era no dejar pruebas que les pudiesen incriminar.

Ahora ya no se trata de eso.
Ahora, sencillamente, de lo que se trata es de organizarse para poder mentir, robar, abusar o maltratar desde la impunidad y poder presentar estos hechos como un derecho que tienen para actuar como actúan.

Los personajes públicos norteamericanos saben que su vida privada será examinada con lupa y que tendrán que dar razón de ella con todo tipo de detalle. Incluso en algunos de sus estados no sólo tendrán que explicar con quién se van a la cama, sino que se les podrá preguntar sobre qué hacen en su cama.

Sin lugar a dudas, se pasan.

Aquí las cosas van por otro camino.

Aquí hemos puesto una línea de separación total entre lo que hacen los personajes públicos, a menos que estén vinculados a la farándula, en su vida privada y lo que dicen en su vida pública.

Si alguno de estos personajes, con claras evidencias de corrupción, es democráticamente reelegido o es declarado no culpable por un tribunal o por algunos de los diferentes órganos del sistema judicial, aquí todo el mundo aplaude.

Este último fin de semana un buen grupo de Iglesias Evangélicas de Cataluña han salido la calle, a pesar de que la lluvia no ha ayudado, para demostrar su solidaridad con la Iglesia Perseguida de Irak y de Siria.

Con varias pancartas, donde se podía leer "Basta de perseguir cristianos" y con la letra "N", de nazareno- para identificarse con Jesús el Nazareno, se ha querido hacer llegar a los gobernantes una pública demanda para que actúen a favor de estos cristianos.

También se ha querido hacer llegar a estas víctimas el mensaje de que no están solos.

Y, por último, se ha querido hacer un llamamiento a la sociedad catalana, que siempre se ha mostrado tan solidaria con los oprimidos y perseguidos, para que también muestre su solidaridad con la Iglesia Perseguida.

Las concentraciones, las pancartas y las ofrendas que se han levantado este domingo a favor de los cristianos de Irak y de Siria perseguidos por su fe nos deben hacer reflexionar sobre nuestro sentido de ser Iglesia.

La Iglesia de Jesús no somos sólo los que nos reunimos cada domingo en la misma Comunidad Local. Ni tampoco somos sólo los que nos reunimos bajo una misma familia denominacional. Somos Iglesia todos aquellos hombres y mujeres que nos reconocemos seguidores y seguidoras de Jesús en privado y en público, en los buenos y en los malos momentos, cuando el viento sopla a favor y cuando sopla en contra.

Y ser Iglesia es también llorar cuando nuestros hermanos y nuestras hermanas lloran.

Hoy lloramos por nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia Perseguida. Y hoy oramos para que Jesús seque nuestras y sus lágrimas. Pero, especialmente, oramos para que Jesús consiga detener a los que son los causantes de su persecución.

Hace poco se ha celebrado en la ciudad de Barcelona la II Cumbre Interreligiosa Iberoamericana. Este tipo de cumbres son encuentros previos que se organizan antes del encuentro anual de jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos. Su propósito es poner en la agenda de los máximos dirigentes de cada país una serie de propuestas de trabajo que contribuyan a un mayor profundización en las libertades y en el desarrollo económico.

Por segunda vez en la historia se ha considerado que la perspectiva de las Confesiones Religiosas puede ser una aportación significativa a las conclusiones finales de la Cumbre.

La verdad sea dicha es que para el GTER, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones, -organizador del encuentro junto con Religions for Peace- ha sido un reto importante organizar este evento y trabajar para llegar a unas conclusiones finales que respondan a la expectativa creada.

Este nuevo espacio de servicio y testimonio debe llevarnos a una profundización en nuestra propia reflexión sobre la parte del espacio público que estamos llamados a ocupar.

Si hace unos años el reto era trabajar para fomentar el diálogo interreligioso y para fomentar el diálogo con la sociedad civil, el reto de hoy en día es ser capaces de poner sobre la mesa propuestas de trabajo con vocación de cambio social.

Ya no basta con decir que queremos dialogar. Hoy en día hay que decir sobre qué queremos dialogar y cuál es nuestra hoja de ruta para este diálogo.

Tal vez por esta razón, en lugar de insistir tanto en el diálogo, lo que hoy tenemos que hacer es empezar a construir el discurso interreligioso. Este no debe ser un discurso en el que debatamos entre nosotros tal y cual cuestión teológica, sino en el que debatamos entre nosotros, desde las respectivas perspectivas de fe, cuáles son las carencias de este mundo que debemos denunciar y cuáles son los caminos que hemos de emprender para enderezar estas situaciones.

El reto es importante porque este discurso interreligioso no puede ser la resultante del pensamiento particular ni de una persona ni tampoco de una confesión, sino que debe ser fruto de un proceso que nos lleve a construir juntos respuestas para aquella parte del mundo a la que podemos aportar propuestas.

El reto nos pilla un poco a contrapié. Las situaciones de crisis que nos rodean, por su gravedad, exigen lo mejor de todos nosotros pero estemos atentos a este reto, no sea que la crisis nos haga perder el necesario discurso interreligioso que entre todos debemos construir.

Un año más el Consejo Evangélico de Cataluña ha entregado sus Medallas. Este año han sido tres mujeres las que lo han recibido: Esperanza Carrizosa (pastora de la Iglesia Metropolitana de Barcelona), Blandina Ronsano (pastora de la Iglesia Bautista) y Carmen Sánchez (pastora de la Iglesia Evangélica Española).

El hecho es doblemente noticia porque, por un lado, hay que poner en valor la trayectoria de estas tres mujeres que en el transcurso de toda una vida han servido a la Iglesia con generosidad y ejemplaridad. Y porque, por otra parte, han sido tres mujeres las que han recibido este reconocimiento.

Este último hecho es una clara constatación de la normalización, dentro de la Iglesia Protestante, del papel de la mujer y de su libre acceso a las funciones pastorales.

Y eso, tal y como lo demuestran estas tres Medallas, es una realidad desde hace muchos años entre nosotros.

Tal como se recordó en el transcurso de la recepción que concedió la Presidenta del Parlamento de Cataluña, Muy Honorable Señora Núria de Gispert, a los representantes y ponentes del Grupo de Trabajo Estable de las Religiones (GTER), con motivo del día internacional de la Armonía Religiosa promovido por las Naciones Unidas, éste "es un hecho que hay que destacar y poner en valor" -en palabras de la propia Presidenta -.

Y una buena manera de destacarlo y ponerlo en valor es dando la noticia, dando a conocer a todos que tres han sido las pastoras protestantes que este año han recibido las Medallas del Consejo Evangélico y que ésta no es ni la primera ni será, con toda probabilidad, la última vez .

Quisiera terminar con una puntualización que, a riesgo de ser mal interpretada, considero oportuno dejar constancia: Estas tres mujeres recibieron las Medallas del Consejo Evangélico no por el hecho de ser mujeres, que también, sino por una trayectoria que merecía, merece y merecerá el reconocimiento de la Iglesia.

Y esta es una buena noticia.

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