Estoy convencido de que ya se ha enterado de la noticia: la economía ha crecido en el último trimestre un 0,1%. Lo que también hemos aprendido la mayoría de nosotros, a pesar de que unos pocos ya insistíamos en la misma idea hace muchos años, es que crecimiento económico significa muy poco para las personas menos favorecidas de nuestra sociedad. La prueba la tenemos en las estadísticas sobre pobreza que en los años de bonanza económica si se movieron fue para empeorar.

Hay un dato igualmente negativo: Lo que ha aportado esta crisis es que, además, crecimiento económico no signifique casi nada para las clases medias y trabajadoras del país. Nos hemos visto igualmente afectadas y hemos visto como nuestros hijos han tenido que volver a casa o emigrar porque, a pesar de su gran preparación académica, aquí no se podían ganar la vida.

Estos datos nos llevan a una primera conclusión desde la fe: Desde la perspectiva cristiana si el crecimiento económico no va orientado a mejorar la dignidad humana es un crecimiento mal orientado. Es un crecimiento insuficiente. Y es insuficiente porque lo que es importante no es el porcentaje de crecimiento sino su impacto sobre la dignidad humana.

O dicho de una manera: lo que hay que valorar no es crecimiento o decrecimiento sino su impacto en los niveles de vida de la gente.

Lo importante no es que una minoría de un país viva mejor o pueda ganar más de lo que sea capaz de gastar en vida, sino que la mayoría de la gente viva mejor y que no haya gente que viva en el umbral de la pobreza.

La riqueza de un país no debe medirse por su crecimiento económico, sino por su capacidad de eliminar el número de personas que viven por debajo o en el límite del umbral de la pobreza.

Que económicamente crecemos un 0,1% , un 1 % o un 3% es un dato importante en sí mismo pero socialmente irrelevante si a este dato no se puede añadir el número de personas que han dejado de ser pobres.

Cuando se haga así entonces lo celebraremos porque querrá decir que la economía está al servicio de las personas y no al revés.

Se ha celebrado en Barcelona el Primer Congreso Evangélico de Infancia. Es decir: una buena parte de organizaciones evangélicas europeas dedicadas a la infancia se han puesto de acuerdo para organizar este Congreso. Naturalmente, cada una de estas organizaciones había celebrado su correspondiente congreso europeo. Hay que poner en valor que muchas de ellas son organizaciones centenarias. La diferencia de esta vez es que se han reunido no para celebrar su congreso, sino para organizar el Congreso de todas ellas.

El hecho sería noticia en sí mismo pero lo que destaca como titular de este Congreso es la voluntad de los organizadores de poner en la agenda de la Iglesia Protestante el ministerio entre la infancia como una prioridad.

En esta vieja Europa, donde cada vez la gente mayor es más numerosa, hay que agradecer que nos recuerden que el trabajo entre la infancia es el ministerio de hoy para la Iglesia.

No es que la Iglesia Protestante no dé un gran énfasis a la atención a la infancia. Lo cierto es que prácticamente en todas las Comunidades Locales protestantes en el mismo momento en que se celebra el culto para los adultos los más pequeños tienen sus propias clases de espiritualidad cristiana en función a su edad. Es lo que conocemos como Escuela Dominical.

Lo que se ha querido impulsar con este Congreso es que de la misma manera que hace muchos años la Iglesia Protestante puso en marcha la Escuela del Domingo en todas sus Comunidades Locales ahora hay que pensar, y resolver, cómo debe transformarse esta escuela para adaptarla a los nuevos tiempos.

Más aún.

El Congreso ha querido hacer un llamamiento a los pastores y pastoras y a los responsables de las Escuelas Dominicales para pensar juntos nuevos modelos de intervención en la infancia que no se limite a la hora del Culto del domingo.

Aprovechando las muchas experiencias ya existentes y el hecho de poder aportar una mirada europea sobre la infancia, el Congreso ha trabajado en dos niveles: el europeo y el local. El europeo, a fin de aprender del otro. El local, con el fin de aportar soluciones concretas a las diferentes Comunidades Locales.

Una vez terminado el Congreso ahora es cuando empieza el trabajo.

Pero el trabajo empieza no sólo para los participantes en el Congreso, sino para toda la Iglesia Protestante a fin de estar atenta a las mejoras que nos propongan.

Què fem amb els pobres? Era la pregunta que ahir es feia l’Església. Què fem amb les persones en perill d’exclusió social? És la pregunta que avui es fa l’Església. L’Estat del Benestar és una demanda social que, amb aquestes paraules, fa temps l’Església ha fet pròpia de tal manera que ja forma part de la seva Doctrina Social.La qüestió, a hores d’ara, no se situa en debatre el si o el no de l’Estat del Benestar. La veritable qüestió és: Quina dimensió donem a l’Estat del Benestar. I aquest és, ara per ara, l’element clau sobre el que ha de girar el debat.

Els experts en aquestes qüestions ens aporten dues dades rellevants. Primera, la despesa social està molt allunyada del que, tècnicament, es denomina “la mitjana europea”. Segona, el diferencial entre nosaltres i la resta de països europeus, on suposadament ens hem de situar, pràcticament no ha variat en els darrers anys. És a dir: som menys solidaris i no hem millorat gaire en els darrers anys.

Del 4 de diciembre del 2010 al 28 de marzo del 2011 el Museo de Montserrat presenta la exposición “Ricard Giralt Miracle. Imaginar con la letra, hablar con la imagen”. En palabras de Álex Mitrani, comisario de la exposición,  ‘Ricard Giralt Miracle es el gran creador gráfico de nuestro país de la segunda mitad del siglo XX. Dio un impulso definitivo a la profesión del diseño gráfico y a la tipografía en el camino de una modernidad cosmopolita y elegante, así como libre y respetuosa, del oficio ’.
Las palabras del comisario de la exposición nos ayudan a presentar, a quien no le conoce, quien era y qué significó, y sigue significando, Ricard Giralt Miracle y nos permiten recordarlo a quienes le conocimos.

El Museo de Montserrat rinde, con esta exposición, un merecido homenaje a una de las grandes personalidades del diseño gráfico de nuestro país. Pero lo hace desde el conocimiento de quién era y cuál era la fe de este gran hombre. Álex Mitrani le describe recordando ‘su pasión por el libro, los trabajos para la iglesia evangélica o para los arquitectos del Grupo R, la creación de tipografías y alfabetos innovadores’.  

Ser hombre de Iglesia, hombre de fe y de fe evangélica, en un tiempo cuando sólo había una manera de vivir el cristianismo, requería valor y compromiso personal pero también requería valor y compromiso personal serlo en un entorno intelectual y artístico en el que se presupone que no hay demasiado espacio para este tipo de experiencias.

Por ello hoy, cuando recordamos su capacidad emprendedora -rememorando que en el año 1947, funda Filograf, Instituto de Arte Gráfico o cuando en el año 1961, funda, con J. Pla-Narbona, el FAD- o su capacidad creadora –cuando, en 1956, empieza a diseñar sus famosas plaquettes- o su capacidad imaginativa -cuando, en 1960, diseña el alfabeto Maryland, como preludio de los seis que vendrán después, conviene no olvidar su espiritualidad cristiana.  

Esta espiritualidad cristiana que lleva a Josep M. Soler, Abad de Montserrat, a decir de él que: ‘Todos le recordamos como un señor de gran fe, como un cristiano evangélico que era’. Seguramente muchos de nosotros quisiéramos ser recordados como un señor o una señora de gran fe. ‘Señor o señora’ porque explica que se ha pasado por la vida con la elegancia de quien sabe estar en su lugar, haciendo que el otro se sienta mejor con nuestra presencia. ‘De gran fe’ porque los cristianos encontramos el verdadero sentido de nuestra vida cuando la vivimos en y desde Jesús. ‘Como cristiano evangélico’ porque explica, a propios y a extraños, el arraigo a la tierra de una fe que, a pesar de ser perseguida por siglos, ha experimentado el milagro de sobrevivir contra todo pronóstico.

Hoy, cuando estamos a punto de celebrar el centenario del nacimiento de Ricard Giralt Miracle (1911-1994), debemos rendir homenaje a quienes hacen posible que podamos honrar su memoria, su vida, su obra y su fe.
Con esta iniciativa se ha conseguido que su legado sea un poco más nuestro y, ojalá, su fe no sea sólo suya, sino que sea una fe que también muchos otros deseemos compartir.

En cierta ocasión pedí prestado a una creyente unos textos de estudio teológico. Después de afirmar que los prestaría me hizo llegar, de modo supuestamente inocente, un versículo del Antiguo Testamento.

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.

 

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.
    En ambos casos la Palabra de Dios no debe sustituir jamás lo que deseamos y debemos expresar verbalmente. Lo contenido en la Biblia no ha de usarse dialécticamente para reforzar nuestras ideas o argumentos; antes bien todo lo que hacemos o decimos debe ser para mutua edificación.
    En un contexto de exhortación, con el objeto de evitar contiendas sobre opiniones, Pablo advirtió: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Ro 14: 19). Por consiguiente y sin ánimo de contradecir, ofender o dañar, el análisis que viene a continuación debe ser entendido siempre como aportación crítica y nunca como destrucción o reproche.
Para una adecuada interpretación de cualquier texto debemos tener muy presente el contexto, esto es no sólo la serie de situaciones extralingüísticas , sino los mismos elementos gramaticales que preceden al pasaje objeto de estudio. En este caso puntual es conveniente hacer una lectura completa del primer capítulo del libro de Eclesiastés.
Para una correcta exégesis del texto dado es preciso realizar una sana hermenéutica que extraiga del texto lo que éste expone; en caso contrario estaremos realizando eiségesis, esto es introducir en el pasaje lo que éste no contiene.

PRIMER ANÁLISIS:
Eclesiastés comienza con un capítulo de dieciocho versículos. Previamente, como se observa, no hay antecedentes textuales; esto quiere decir que su primer contenido viene a ser un imaginario punto cero. Como epígrafes se ofrecen algunas propuestas aunque cabe la posibilidad, y no estaría del todo mal, de dejar esta antesala sin título:
-    “Todo es vanidad”
-    “Búsqueda del sentido de la vida”
-    “Primeras palabras del predicador”
-    “Vanidad de vanidades”
-    “Nada nuevo debajo del sol”
-    “Introducción”
-    “Reflexión primera”
-    “Presentación”    

El primer versículo, a modo de presentación y de llamada que pretende captar la atención (captatio benevolentiae), explica implícitamente que las palabras que van a seguir a continuación son de un autor que se define a sí mismo como el Predicador  y que, por tanto, deben ser oídas; en este caso leídas. Concluye, en el segundo verso, lo que va a ser el hilo conductor (leif motiv) de todo el libro. En el tercero nos encontramos la primera gran invitación a la reflexión de tipo existencial: ¿qué provecho tiene el hombre de todo su duro trabajo con que se afana debajo del sol? Seguidamente se nos desvela una descripción del acontecer vital en la que, tomando a la misma naturaleza para aplicar el hecho existencial, recurre a símiles (vv. 4-11).
Después de enunciar el autor su propia identidad (v. 12), en primera persona del singular, nos revela su devenir de carácter filosófico (v. 13a) cuando afirma que ha dedicado su corazón a inquirir  y a buscar  todo lo que hace el ser humano debajo del cielo, es decir, sobre la tierra; este primer apartado denota la puesta en acción o praxis de la filosofía en estado puro, el segundo como estructura sintagmática dependiente de la anterior se constituye en referencia clave para llegar a entender contextualmente el pasaje propuesto: “este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.”. Ahora bien, esta búsqueda diligente (“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol”; v. 14a) produce resultados concretos: y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. (v. 14b). Implícitamente el verbo ‘mirar’ designa “observar con detenimiento para descubrir un aspecto profundo”; asimismo, la ‘aflicción de espíritu’ puede ser entendida, como admite otra traducción, por un “correr tras el viento”.
Lo que no tiene solución para el ser humano, el hombre no lo puede resolver (v. 15). Esto encuentra su par antitético  en una afirmación neotestamentaria de Jesús: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lc 18: 27).
    La narración nos conduce al reconocimiento de engrandecimiento y aumento de sabiduría personales (v. 16a); este autoexamen muestra que el corazón del narrador omnisciente y autobiográfico ha percibido  mucha sabiduría y ciencia (v. 16b); nótese que el verbo empleado es ‘percibir’ y no otro. Como puede deducirse el predicador dedicó su corazón a ‘conocer’ la sabiduría y la ciencia, pero también a entender sus antítesis: locura y desvarío (v. 17). Ha llegado a comprender, por la razón empírica que contiene la experiencia que otorga la existencia, que aun esto es conflicto de espíritu “porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor” (v. 18). El segundo capítulo esboza, en síntesis, la vanidad del hedonismo.

SEGUNDO ANÁLISIS: Debemos realizar una lectura consecuente en el texto bíblico
porque solemos hacer una rápida aplicación sin previa meditación reflexiva que, la mayor parte de las veces, poco o nada tiene que ver con la idea original que el escritor, y en última instancia Dios como inspirador, tuvo en mente al escribirlo. Se debe analizar qué (contenido) y cómo (estructura) se dice.
    Si atendemos a la narración el contexto mayor se inicia en el primer versículo del capítulo y discurre hasta el tercero; a partir del cuarto y hasta el undécimo la materia descriptiva nos propone que se entienda el argumento. A partir del duodécimo Salomón analiza con honestidad su propia experiencia personal que le lleva a la definición argumental de que “todo es vanidad o aflicción de espíritu” del verso décimo cuarto. Así el resultado final del pasaje estudiado (v. 18) viene a ser la conclusión del tema desarrollado previamente en los versos 16-17 y perfectamente fundamentado en los versículos 13 y 14.
En este punto conviene retomar el segundo capítulo para comprobar a qué aludía el primero: las obras que habían hecho sus manos y el trabajo que tomó para hacerlas; he aquí que también esto era vanidad y aflicción de espíritu (v. 11a), y sin provecho debajo del sol (v. 11b). ¿Invita al nihilismo o al escepticismo? ¿Quiere esto decir que es mejor no hacer nada? No.

REFLEXIÓN:
Como se desveló anteriormente en Ec 1: 13b Dios concedió este penoso trabajo de inquirir y buscar, esto es estudiar, para que nos ocupáramos en él. ¿Puede contradecirse el ser supremo? En absoluto.
    En duros reproches contra sus escogidos el capítulo cuarto del libro del profeta Oseas advierte que el Altísimo estaba contendiendo con los moradores de la tierra porque no había verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios (Os 4: 1); recuerda que el pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento y que, por cuanto se desechó este conocimiento, el Todopoderoso también le destituiría del sacerdocio (Os 4: 6). Este texto debe ayudarnos a meditar en torno a la conveniencia o no de inquirir en las cosas divinas.
    Muchas veces se escuchan ecos de disparos acompañando al texto “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Cor 8: 1b) porque por algún extraño y dudoso interés no se nos ha mostrado la verdad completa -por tanto, mentira- que se desprende de la lectura total del versículo:

En cuanto a lo sacrificado a los ídolos,
sabemos que TODOS tenemos conocimiento.
El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Cor 8: 1)


¿Quiere decir que estamos todos envanecidos? No. La narración a los corintios viene dada en un contexto muy específico. El apóstol enviado a los gentiles está respondiendo a preguntas suscitadas; se espera, de los que poseen conocimiento de la verdad, un comportamiento adecuado y no beligerante en torno a lo lícito o ilícito de comer ciertas viandas, para no ser tropiezo a los débiles.

Por un lado a los judíos les estaba tajantemente prohibido comer carnes inmoladas a los ídolos (compárese con Ap 2: 14, 20) y, por otro, se detecta la presencia del peligroso pensamiento gnóstico que tanto influjo fue adquiriendo e imponiendo en la naciente iglesia cristiana y contra quien se levantó el apóstol Juan. La verdadera gnosis (??????), o ‘conocimiento’ que refiere el versículo, se ampara en el fundamento de que el individuo es reconocido por Dios y se realiza en el amor de Dios; no permite al hombre tomar decisiones correctas porque esto conlleva envanecimiento y orgullo. Así la gnosis bien entendida es algo concluido, es un perfeccionismo; este es el conocimiento que se reprocha.
    Otro legado paulino es esgrimido muchas veces como amenaza contra aquellos que estudian: “la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Cor 3: 6). Como en el caso anterior, la verdad no ha sido expuesta en toda su plenitud; sólo se muestra un aspecto que se quiere destacar:

En el cual asimismo nos hizo ministros
competentes de un nuevo pacto,
no de la letra, sino del espíritu;
porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.


Si atendemos con seriedad a esto comprobaremos que NADA tiene que ver con lo que se pretende argüir.
El nuevo pacto se constituye en la disposición a través de la cual se asientan las bases de una nueva relación entre Dios y los hombres. El Padre ha dispuesto que para este nuevo vínculo se instituya la iglesia; de este modo la iglesia misma se constituye en la nueva disposición. La letra es lo escrito; es decir, lo que la Ley escrita de Dios contenía como válido hasta ahora (haciendo una interpretación de Jer 31: 31-36). Los genitivos griegos ?????? (gramma, ‘letra’) y ?????? (pneuma, ‘espíritu’) expresan lo que es dado por la disposición divina; al tratarse de algo escrito, el ser humano queda abandonado a su suerte y esto no puede conducir a otro camino que a la condenación de la muerte porque incumplimos lo legal. Sin embargo, el Espíritu ha sido dado para dar vida o vivificar. El verbo ‘matar’ (?????????, apocteino) contiene el sentido de “condenación legal”; por esta razón la letra de la Ley es la que mata, no la letra concebida como estudio o lectura. Y este error interpretativo tan corriente, como otros, es algo muy serio.

CONCLUSIÓN:

Una vez expuesto todo lo anterior se espera y desea que haya quedado clara la intención de aportar luz al esclarecimiento del versículo 18 del primer capítulo del libro de Eclesiastés o “El predicador”:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    Otra traducción admite:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha frustración;
y quien añade conocimiento, añade dolor. (Ec 1: 18)



Quedó patente que en la mucha sabiduría había mucha molestia o frustración (v. 18a), porque dedicarse a analizar los comportamientos y actitudes humanos (v. 14a) conlleva captar incoherencias, injusticias, desórdenes, egoísmo, orgullo, hipocresía, vanidad, soberbia, mentira, lujuria, pesimismo, apatía, hedonismo, ateísmo, escepticismo, guerra, violencia y otros conceptos nada halagüeños que residen en la misma condición de la naturaleza caída (v. 14b) del hombre (en sentido genérico). Asimismo pudo comprobarse que quien añadía ciencia, esto es conocimiento, añadía dolor (v. 18b); porque incorporar a tu saber elemental todas estas observaciones procedentes de los comportamientos que te rodean sólo puede acarrear, siempre que tengas un mínimo de sensibilidad, dolor, tristeza, desazón y desánimo.
    En resumen, Ec 1: 18 no propone que estudiar teología o cualquier otra disciplina sea negativo o contraproducente. Tal vez, si tenemos en cuenta el contexto inmediato, el versículo 13b nos esté dando la respuesta a todo esto: estudiar es una penosa tarea que se nos ha dado para que nos ocupemos de ella. Así que inquirir y escudriñar son serias labores que el mismo Dios nos ha encomendado.
En la primera epístola a los de Corinto el apóstol Pablo, iniciando una argumentación, propone (1 Cor 10: 23): Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica; a lo que añade: Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Cor 10: 24). Esta concatenación textual viene dada con la intención de mostrar que es lícito estudiar pero que no todo estudio sirve para edificación; asimismo, que si el estudio que se realiza es para buscar el bien ajeno y la edificación de la iglesia, es doblemente lícito.

Joomla templates by a4joomla