Hace unos años mi hija viajó a África. Concretamente a Níger y más concretamente a una población llamada Zinder. Pasó unas largas semanas trabajando con una amiga suya, cooperante, en un proyecto social. Hizo relación y amistad con un puñado de familias, sin distinción de creencias.

Hace unos días, su amiga se puso en contacto de nuevo con ella. Ya no vive en Zinder ni tampoco en Níger. A pesar del alejamiento ha mantenido los contactos para mantener viva la relación.

Las noticias que ha recibido son estremecedoras.

A raíz de lo que pasó en París ocho familias cristianas, con las que ambas habían convivido, han sido víctimas de una serie de ataques.

Han quemado las Iglesias Evangélicas donde se congregaban.

Han quemado y destruido sus pobres hogares.

Han perdido todo lo que habían acumulado en el transcurso de toda su vida. Incluso, han matado sus pocos animales y han arrasado sus pequeños huertos.

Se han quedado sin nada.

Si vivían por debajo del umbral de la pobreza, antes de estos denunciables sucesos, ahora viven por debajo del umbral de la supervivencia.

Están atormentados y desconcertados.

La suya es la mirada de las víctimas.

Cuando alguien les ha explicado por qué les han atacado, su sorpresa ha sido mayúscula.

No acaban de entender por qué ellos tienen que pagar por lo que ha hecho o ha dicho una revista que se publica en París.

Estas ocho familias argumentan que ellas nunca han tenido relación con esta revista, ni con París y, ni siquiera, con toda esta dolorosa situación.

Hay una chica, que trabaja en una ONG, que está tratando para canalizar ayuda económica para tratar de paliar la situación de estas ocho familias.

Es una persona de confianza.

Ni arreglaremos el mundo ni la raíz del conflicto, pero si ayudamos a estas ocho familias tendrán un fundamento desde el que podrán rehacer sus vidas.

Por si crees que puedes ayudar te adjunto el link:

http://www.gofundme.com/kxfxgc

En el III Congreso Protestante de Cataluña, celebrado el año 2011, en la ponencia sobre Inserción Social, la primera resolución que se aprobó estaba relacionada con la dación en pago.

Proponía lo siguiente:

Adherirnos a la Iniciativa Legislativa Popular, que consiste en recoger hasta 500.000 firmas, a fin de evitar que cuando una persona devuelva su piso, porque no puede hacer frente a su hipoteca, siga endeudada de por vida hasta que salde la deuda, con los intereses, que le demanda su entidad bancaria.

Con esta iniciativa lo que se pretendía era devolver la dignidad a las personas que se encuentran en esta situación y darles el mismo derecho que tienen las empresas de declararse en quiebra.

Si ya hay suficiente dolor en el momento en que se pierde el hogar donde se vive, a este dolor no hay que añadir un endeudamiento de por vida que pasa, como una maldición, de una generación a la siguiente generación, de padres a hijos.

Porque este endeudamiento lleva, además, a la exclusión social.

El párrafo que justificaba esta iniciativa decía que lo que se pretendía, como Iglesia de Jesucristo, era estar cerca de los que sufren estas situaciones de dolor y apoyar las iniciativas sociales ya existentes, en lugar de promover una propia.

Esta propuesta fue fruto de un proceso de más de un año en el que la ponencia sobre Inserción Social debatió diferentes problemáticas y llegó a la conclusión de que la más urgente a resolver era la situación de desahucios generalizados que se estaba, y está, produciendo en todo el país.

Hoy, cuando se apunta a un principio de solución para las situaciones más precarias, la Iglesia debe recordarse a sí misma que estamos justo al principio del camino, que nuestro apoyo personal, colectivo e institucional, para resolver este tipo de situaciones, todavía tiene un largo trayecto por delante y que en este largo peregrinaje nuestra tarea no es protagonizar ninguna iniciativa social, sino que sigue siendo apoyar a las ya existentes.

Nuestro énfasis, en todo este proceso, debe estar en la urgencia para encontrar soluciones y en la necesidad de aplazar decisiones, moratoria, hasta que no se tomen los acuerdos necesarios.

Urgencia y moratoria son las palabras que debemos repetir una y otra vez hasta que se nos escuche.

Porque si nosotros podemos seguir esperando a encontrar una solución adecuada a este conflicto social, los afectados por la hipoteca no pueden esperar.

Parece que la humanidad no sea capaz de romper el círculo vicioso según el cual para ganar un derecho humano antes deba morir mucha gente. Los que trabajan en el ámbito de la inmigración han pedido, una y otra vez, que haya una regulación que respete los derechos humanos de los inmigrantes ilegales.

Más aún.

Se ha pedido que se arbitren fórmulas para evitar que haya inmigración ilegal

Las peticiones han caído en saco roto.

Ha tenido que repetirse la tragedia de Lampedusa, y el inacabable recuento de muertos, para que la autoridad competente haya caído en la cuenta de que no puede seguir mirando en otra dirección cada vez que hay una tragedia de estas características. Tragedia que se suma a las que se viven en el estrecho de Gibraltar o en el intento de llegar a Canarias desde hace demasiados años.

La propuesta cristiana, escrita en el capítulo 25 del libro de Mateo, en el Nuevo Testamento, nos aporta una guía práctica de cómo debemos actuar. Este texto evangélico nos cuenta que debemos ocuparnos de los menos favorecidos de nuestra sociedad. Es una invitación a tomar la iniciativa y a hacerlo antes de que no haya remedio.

La discriminación positiva a favor de los colectivos menos favorecidos de nuestra sociedad debería ser una reivindicación que volviera a ponerse sobre la mesa. Hay que volver a poner en la agenda política la defensa de los menos favorecidos, los colectivos que viven en el margen.

Estamos en un tiempo de crisis y esta crisis es tan profunda que demasiada gente apenas tiene energías para salvarse a sí misma de la desgracia que está cayendo sobre todos nosotros.

Pero, gracias a Dios, no todos estamos en esta circunstancia como tampoco lo están aquellos que ocupan puestos de poder desde donde pueden tomar decisiones para evitar desgracias como éstas.

Romper este círculo vicioso del que se hablaba al inicio del artículo, debe ser una de las tareas que nos impongamos a nosotros mismos y que demandamos a las personas en las que depositamos nuestra confianza para gobernarnos.

Y si nos demuestran que no son dignos de esta confianza habrá que preguntarse si debemos seguir votándoles en las próximas elecciones.

Los personajes públicos norteamericanos saben que su vida privada será examinada con lupa y que tendrán que dar razón de ella con todo tipo de detalle. Incluso en algunos de sus estados no sólo tendrán que explicar con quién se van a la cama, sino que se les podrá preguntar sobre qué hacen en su cama.

Sin lugar a dudas, se pasan.

Aquí las cosas van por otro camino.

Aquí hemos puesto una línea de separación total entre lo que hacen los personajes públicos, a menos que estén vinculados a la farándula, en su vida privada y lo que dicen en su vida pública.

Si alguno de estos personajes, con claras evidencias de corrupción, es democráticamente reelegido o es declarado no culpable por un tribunal o por algunos de los diferentes órganos del sistema judicial, aquí todo el mundo aplaude.

Hace poco se ha celebrado en la ciudad de Barcelona la II Cumbre Interreligiosa Iberoamericana. Este tipo de cumbres son encuentros previos que se organizan antes del encuentro anual de jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos. Su propósito es poner en la agenda de los máximos dirigentes de cada país una serie de propuestas de trabajo que contribuyan a un mayor profundización en las libertades y en el desarrollo económico.

Por segunda vez en la historia se ha considerado que la perspectiva de las Confesiones Religiosas puede ser una aportación significativa a las conclusiones finales de la Cumbre.

La verdad sea dicha es que para el GTER, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones, -organizador del encuentro junto con Religions for Peace- ha sido un reto importante organizar este evento y trabajar para llegar a unas conclusiones finales que respondan a la expectativa creada.

Este nuevo espacio de servicio y testimonio debe llevarnos a una profundización en nuestra propia reflexión sobre la parte del espacio público que estamos llamados a ocupar.

Si hace unos años el reto era trabajar para fomentar el diálogo interreligioso y para fomentar el diálogo con la sociedad civil, el reto de hoy en día es ser capaces de poner sobre la mesa propuestas de trabajo con vocación de cambio social.

Ya no basta con decir que queremos dialogar. Hoy en día hay que decir sobre qué queremos dialogar y cuál es nuestra hoja de ruta para este diálogo.

Tal vez por esta razón, en lugar de insistir tanto en el diálogo, lo que hoy tenemos que hacer es empezar a construir el discurso interreligioso. Este no debe ser un discurso en el que debatamos entre nosotros tal y cual cuestión teológica, sino en el que debatamos entre nosotros, desde las respectivas perspectivas de fe, cuáles son las carencias de este mundo que debemos denunciar y cuáles son los caminos que hemos de emprender para enderezar estas situaciones.

El reto es importante porque este discurso interreligioso no puede ser la resultante del pensamiento particular ni de una persona ni tampoco de una confesión, sino que debe ser fruto de un proceso que nos lleve a construir juntos respuestas para aquella parte del mundo a la que podemos aportar propuestas.

El reto nos pilla un poco a contrapié. Las situaciones de crisis que nos rodean, por su gravedad, exigen lo mejor de todos nosotros pero estemos atentos a este reto, no sea que la crisis nos haga perder el necesario discurso interreligioso que entre todos debemos construir.

Joomla templates by a4joomla