La TDT ya está entre nosotros y será una invitada que vivirá en casa durante muchos años. Con su llegada, el panorama televisivo ha empezado a cambiar y estos cambios son, sólo, una anticipación de lo que vendrá. Y esto, limitándonos a hablar de la TDT, porque si añadiésemos los cambios que nos aportan, y nos aportarán, las nuevas tecnologías de la comunicación, necesitaríamos otro artículo.
A pesar de que, por razones históricas, en este país no hay una gran presencia religiosa en los medios de comunicación, lo cierto es que en todo este panorama hay una pequeña programación.

El debate que debemos abrir, inicialmente en casa, es preguntarnos cómo podemos garantizar los derechos, que hasta ahora nos ha costado tanto conseguir, para mantener y ampliar la presencia de programas religiosos en la televisión y la radio de titularidad pública de este país.
Si nosotros, que somos los que estamos más directamente implicados e interesados, no abrimos este debate y presentamos nuestras iniciativas, cuando se tomen las decisiones sobre los nuevos canales digitales y las nuevas programaciones no contarán con nosotros.
Como dice la famosa cita histórica: Ahora es el momento, compañeros. Ahora es el momento.

El Consejo Evangélico de Cataluña ha celebrado este pasado sábado su 63ª Asamblea Cívica, históricamente hablando desde su fundación en 1981, y su 33ª Asamblea General desde que estamos legalmente reconocidos como entidad religiosa.

La Asamblea de este año ha sido la Asamblea del Reajuste económico.

De un presupuesto de 250.000 € del año 2010 y de un presupuesto de 227.000 € en 2011, se ha pasado a un presupuesto de 90.000 € en 2012 y con una previsión para el año 2013 de 62.000 € de presupuesto.

O dicho en otras palabras: si tenemos como referencia el año 2010 nos han recortado alrededor de 220.000 € de cofinanciación.

Evidentemente ante este despropósito había que reaccionar y plantear un reajuste a fondo para el año 2013. Un reajuste que ya se inició en el año 2011 y que tuvo su máximo exponente en 2012.

En el año 2012 nos anticipamos a la falta de noticias por parte de la administración y se decidió cerrar la Oficina Técnica del Consejo Evangélico de Cataluña. Esta Oficina había nacido en los últimos años de Gobierno del Presidente Jordi Pujol y gracias al Acuerdo Marco firmado en 1998.

A pesar de nuestra anticipación a los acontecimientos, en 2012 se cerró con una pérdida superior a los 49.000 € que se ha compensado gracias a la buena gestión de ejercicios anteriores.

Cuento todo esto motivado por la vocación de transparencia que nos preside.

Ante nuestra transparencia económica el Director General de Asuntos Religiosos que acaba de ser sustituido todavía no nos ha dado ninguna explicación razonada sobre el recorte de que hemos sido objeto todas las Confesiones Religiosas de Cataluña.

La crisis económica puede explicar una reducción parcial de la cofinanciación pero nunca explica ni justifica un recorte del cien por cien.

Somos los primeros en promover la austeridad de la Iglesia y de reclamarnos a nosotros mismos más austeridad en tiempos de crisis pero aún sabemos distinguir entre austeridad y discriminación.

Los protestantes de este país nos sentimos discriminados por muchas y diversas razones. Estas razones no son sólo históricas, sino que aún perviven en el día de hoy.

Una vez más hemos sido discriminados y una vez más tenemos la conciencia muy clara de que seguimos siendo ciudadanos de segunda ante determinadas administraciones.

Lo que nunca nos hubiéramos imaginado es que fuéramos discriminados por la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña que en su día se constituyó a petición del Consejo Evangélico de Cataluña.

Veníamos reivindicándolo desde casi siempre y finalmente nos han escuchado. El BOE de 30 de diciembre de 2013 publicó la Ley 27/ 2013 según la cual para abrir un Centro de Culto ya no será necesaria licencia previa por parte del Ayuntamiento correspondiente.

Demasiado tarde.

Demasiado tarde pero sea muy bienvenida la noticia.

Finalmente se ha conseguido que sólo sea necesario comunicar a la autoridad correspondiente la apertura de un nuevo centro de culto. De esta manera se eliminan de entrada, de una vez y para siempre, las tentaciones y las arbitrariedades de determinados ayuntamientos que se creían en el derecho de poder regular, en la práctica, la Libertad de Cultos de ese país y, por extensión, la Libertad Religiosa.

Han sido necesarios demasiados años, demasiado llanto y un creciente distanciamiento de la Comunidad Protestante en relación a nuestra democracia para poder llegar finalmente a ese punto.

La democracia, especialmente en los últimos años, no está dando respuestas a la Comunidad Protestante.

Que en la Europa del siglo XXI la Iglesia Protestante deba concentrarse en la calle para pedir Libertad de Centros de Culto quiere decir que algo se ha hecho mal -y no hemos sido precisamente nosotros quienes lo hemos hecho mal-.

Este cambio de tendencia no es la solución. Es la primera respuesta a la solución. El hecho de que sólo sea necesario comunicar a la administración municipal la apertura de un Templo Evangélico no quiere decir que los nuevos templos no deban cumplir con la correspondiente normativa urbanística. Y aquí radica, precisamente, la clave de toda la cuestión.

Si los ayuntamientos piden a los Templos Evangélicos los mismos requerimientos que piden a la Iglesia Católica estaremos en el camino de salida para dejar de sentirnos discriminados. Al menos en este punto. Yo diría más: hasta que no se arregle la cuestión de la cofinanciación debería pedirse a los Templos Evangélicos menos requerimientos que a la Iglesia Católica porque no disponemos de los mismos recursos económicos para hacer frente a tanto gasto.

Si en lugar de hacerlo de esta manera se nos piden unos requerimientos imposibles de cumplir habremos hecho este camino para volver, otra vez, a la casilla de salida: cambiar todas las cosas para que nada se mueva.

El BOE ha hecho su parte del camino.

Ahora la pelota del crédito democrático está en el tejado de los ayuntamientos.

El 1er  registro: en la órbita espacial.

Según los comentarios de los medios soviéticos, durante la órbita, el cosmonauta Gagarin comentó: «Aquí no veo a ningún Dios». Sin embargo, no hay ninguna grabación que demuestre que Gagarin pronunciara estas palabras. En cambio se sabe que fue Nikita Jrushchov -máximo dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) entre 1953 y 1964- quien en cierto contexto dijo: «Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí», después estas palabras  empezaron a ser atribuidas al propio cosmonauta. [Refresqué mi memoria en la Wikipedia...].
En mi infancia resonaron por casa estos comentarios. Desde los 5 años en adelante no se borró de mi mente eso que el primer viajero espacial no viera a Dios. Cuando crecí un poco, la frase se volvió provocativa ideológicamente: los americanos capitalistas ingenuos creen en Dios, pero los soviéticos se conducen por la evidencia.

Cambio de registro: en Tarragona.

Cierta ocasión un joven pastor, con el que en tiempos mozos había compartido retiro, reuniones de oración, cena, cultos, canciones propias y ajenas me dijo hablando por teléfono: "¡Vente a Tarragona Llorenç, que Dios está aquí obrando!".

En el III Congreso Protestante de Cataluña, celebrado el año 2011, en la ponencia sobre Inserción Social, la primera resolución que se aprobó estaba relacionada con la dación en pago.

Proponía lo siguiente:

Adherirnos a la Iniciativa Legislativa Popular, que consiste en recoger hasta 500.000 firmas, a fin de evitar que cuando una persona devuelva su piso, porque no puede hacer frente a su hipoteca, siga endeudada de por vida hasta que salde la deuda, con los intereses, que le demanda su entidad bancaria.

Con esta iniciativa lo que se pretendía era devolver la dignidad a las personas que se encuentran en esta situación y darles el mismo derecho que tienen las empresas de declararse en quiebra.

Si ya hay suficiente dolor en el momento en que se pierde el hogar donde se vive, a este dolor no hay que añadir un endeudamiento de por vida que pasa, como una maldición, de una generación a la siguiente generación, de padres a hijos.

Porque este endeudamiento lleva, además, a la exclusión social.

El párrafo que justificaba esta iniciativa decía que lo que se pretendía, como Iglesia de Jesucristo, era estar cerca de los que sufren estas situaciones de dolor y apoyar las iniciativas sociales ya existentes, en lugar de promover una propia.

Esta propuesta fue fruto de un proceso de más de un año en el que la ponencia sobre Inserción Social debatió diferentes problemáticas y llegó a la conclusión de que la más urgente a resolver era la situación de desahucios generalizados que se estaba, y está, produciendo en todo el país.

Hoy, cuando se apunta a un principio de solución para las situaciones más precarias, la Iglesia debe recordarse a sí misma que estamos justo al principio del camino, que nuestro apoyo personal, colectivo e institucional, para resolver este tipo de situaciones, todavía tiene un largo trayecto por delante y que en este largo peregrinaje nuestra tarea no es protagonizar ninguna iniciativa social, sino que sigue siendo apoyar a las ya existentes.

Nuestro énfasis, en todo este proceso, debe estar en la urgencia para encontrar soluciones y en la necesidad de aplazar decisiones, moratoria, hasta que no se tomen los acuerdos necesarios.

Urgencia y moratoria son las palabras que debemos repetir una y otra vez hasta que se nos escuche.

Porque si nosotros podemos seguir esperando a encontrar una solución adecuada a este conflicto social, los afectados por la hipoteca no pueden esperar.

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