Desde Bruselas, la capital de Europa, nos llega la noticia de que lo que crece en el viejo continente es la pobreza. Uno de cada cuatro europeos es pobre, que se dice pronto. En su momento, los organismos europeos se propusieron lo que se llamó la estrategia "20/20". Es decir: que en 2020 en Europa hubiera 20 millones menos de pobres. De momento lo que se ha conseguido es exactamente lo contrario: que en el año 2010 la pobreza haya aumentado en Europa en cinco millones de personas.

Lo más grave de todo esto es que no sólo ha crecido la pobreza relativa, sino que ha crecido también la pobreza extrema. Es decir: los que no tienen "nada de nada" cada día son más.

Más pobres y más extremadamente pobres. 

Según las últimas estadísticas en Europa ya son 123 millones los que tenemos apuntados a la cola de la pobreza.

Según la misma fuente informativa, los pobres no sólo viven en el sur de Europa, sino que la pobreza se extiende incluso dentro de la misma Alemania -la primera potencia económica de la Unión Europea.

Y sin dejar la fuente consultada, en Europa se puede ser pobre incluso disponiendo de un trabajo. Trabajar y ser pobre. Inconcebible.

Lo cual quiere decir que hemos llegado a certificar el absurdo social más absoluto.

Como parte de la Iglesia de Jesús tenemos que levantar, una y otra vez, nuestra voz profética para pedir justicia y justicia social.

Lo que pedimos a nuestros políticos es valentía para enfrentar esta infamia.

Hay que cambiar la situación.

No podemos continuar en esta pendiente de degradación.

La pobreza, y aún más la pobreza extrema, es socialmente inaceptable.

¡¡¡En nombre de Dios!!!

Señoras y señores que gobiernan: ¡¡¡Recuperen la cordura!!!!

Las palabras que encabezan este artículo no son mías. Las pronunció el presidente de la Federación de Iglesias Protestantes, la FEREDE, el pastor José Luis Andavert, con motivo de la conmemoración de los 20 años de la firma de los Acuerdos de Cooperación entre el Estado y la Iglesia.

¿Se ha preguntado alguien por qué el Presidente de las Iglesias Protestantes llega a esta conclusión?

Pues habría que hacerse esta pregunta.

La respuesta es clara.

Pues porque después de 34 años de democracia constitucional hay importantes y significativas minorías que entienden que esta Constitución no responde a sus demandas de libertad.

Los protestantes forman parte de estas minorías.

La democracia es mucho más que la satisfacción de la mayoría.

La democracia es el encaje de las minorías, es la norma que permite que las mayorías sociales y políticas sean las que dirigen, garantizando que las minorías pueden ser lo que quieren ser y tal como quieren serlo.

En las democracias verdaderamente constitucionales las mayorías no desprecian los derechos de las minorías, sino que se sienten en la obligación moral y democrática de defenderlas.

Un día hablando con el actual Presidente de la Generalitat de Cataluña me preguntó abiertamente: "¿Necesitamos una nueva Ley de Libertad Religiosa?" Le contesté: "Depende de cómo se aplique la actual o de cómo se aplique la nueva ley."

¿Es necesario modificar la actual Constitución?

Pues, personalmente contesto: quizás sí o quizás no.

Esto depende de si con la actual Constitución o con un nuevo texto legal las minorías ganamos en libertades o en continuamos perdiendo.

Perdonen, ¿hay inteligencia democrática más allá de las declaraciones con las que se llenan la boca?

Pues que se demuestre.

El verdadero cambio interior se produce cuando descubrimos que hemos sido creados por y para Dios; y, vivimos para agradar  a nuestro creador, para ADORAR a Dios.  Diferenciemos lo que es Adorar y Alabar: ADORAR, es amar a Dios sobre todas las cosas, esto debe producir un cambio profundo en nuestras vidas que deben hacerse visibles en nuestras decisiones, esto implica que debe existir sinceridad en nuestros corazones.- ALABAR.- Es la manifestación espiritual de la alegría del corazón cristiano, en cada persona existe una forma diferente de manifestarse, ésta tiene una exigencia, debe ser autentica, sin autenticidad la alabanza se transforma en mentira. Una vez establecido lo que es adorar y alabar, establezcamos como podemos permanecer agradando a Dios.

Lección 1.-  La adoración nace de nuestra libertad.- todas y cada una de nuestras actividades diarias de nuestra vida debemos vivirlas en culto a Dios, es decir, todo lo que realicemos cada día debe ser para honrar y glorificar de Dios, sin dejar que los pensamientos no cristianos nos distraigan de vivir en la presencia de Dios.


Lección 2.- La adoración es adoración practica.-  La adoración práctica es seguir a Cristo con todas las consecuencias, esto no implica caer en el fanatismo, sino que tu vida sea una ofrenda viva sometida a la voluntad de Dios, para ello debes en oración buscar su voluntad, llevando nuestras imperfecciones a los pies de la cruz y ser libre para: adorar, agradar, no hacer las cosas a medias, vivir en excelencia, alrededor de nuestra espiritualidad y librándonos de nuestra mediocridad espiritual.


Lección 3.- Adorar significa cambiar nuestra manera de pensar.- Pablo en Romanos 12:2; nos dice: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.; es decir, que nuestros pensamientos sean transformados conforma a la voluntad de Dios.


Lección 4.- Adorar es hacer lo que Jesús hacía.- Si hemos aceptado y reconocido a Jesús como nuestro salvador personal, que es el camino la verdad y la vida, nuestro maestro, significa que como sus discípulos y seguidores, en continua oración debemos buscar su voluntad y seguir su ejemplo, renunciando a nuestras aspiraciones terrenales, prestando atención a lo que Dios quiere para nosotros.


CONCLUSIÓN.- Hoy, después del camino recorrido, la ilusión de muchos ha dado paso a la frustración. Hay un sentir generalizado de insatisfacción. El frío del desencanto se ha apoderado de un buen número de personas. Muchos han entrado ya en la vía muerta del cinismo. Es el viaje a ninguna parte. Y es que el verdadero cambio todavía no ha llegado. Es el que tiene que ver con la disposición interior del individuo, hacia sí mismo y hacia los demás. Y mientras este cambio no se produzca, todo lo demás no tendrá más que un efecto epidérmico, superficial y pasajero. Aquí es donde el Evangelio ofrece una alternativa de cambio válida a quienes sin prejuicios se abren a su mensaje. Es la alternativa de la fe en Jesucristo. Jesús es el mayor factor de cambio que el mundo jamás haya conocido. Su palabra es portadora de luz, vida y libertad. Sus enemigos dijeron de él en Juan 7:46 "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre", Jesús rompe los moldes. Su mensaje es radical, transformador. Afirma ser " el camino, y la verdad, y la vida." Es el camino del amor y la reconciliación. Es la verdad que llena el corazón. Es la vida que colma de esperanza.

La vida cristiana en victoria es posible “Llenaos del Espíritu Santo”. Efesios 5, 18b.

Amadas hermanas y amados hermanos en Cristo: El mundo que nos rodea nos anuncia, una y otra vez, la derrota en la que vive. Las señales de corrupción e injusticia alcanzan tales proporciones que casi nadie se sorprende cuando aparece un nuevo caso o un nuevo escándalo. Y aunque hay signos de tímidas reacciones la situación parece desbordar a la mayoría: la gente vive en derrota personal y colectiva y no faltan razones para tanto desasosiego. Como Iglesia de Jesucristo queremos levantar nuestra voz profética contra tanta injusticia, opresión y corrupción.

Queremos hacer llegar a los que sufren el amor de Dios y el mensaje de salvación que está en Jesús. Pero también como Iglesia debemos estar atentos para que el espíritu de derrota y corrupción que nos rodea no nos alcance. Debemos reconocer que hay cristianas y cristianos que viven en derrota espiritual tanto porque tratan de vivir la vida cristiana en sus propias fuerzas como porque viven su fe anhelando las promesas de felicidad que ofrece nuestro mundo.

La Biblia dice y enseña que es posible vencer el pecado. La Biblia dice y enseña que es posible vivir una vida cristiana victoriosa. La vida cristiana es victoriosa no porque las cosas nos vayan mejor o peor que a los demás mortales sino porque la vivimos desde la Plenitud del Espíritu Santo que nos permite salir espiritualmente airosos de las diversas batallas que nos tenemos que enfrentar a lo largo de todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Jesús lo enseña claramente en la referencia recogida en Mateo 6,24 “No se puede servir a Dios y al dinero”. Y anteriormente en ese mismo texto leemos que no se puede “servir a dos amos”. El creyente en Jesús tiene que escoger. Nuestra primera decisión ha sido la de aceptar a Cristo en nuestra vida, la de recibir la herencia que tenemos en Jesús, la de encontrar nuestro propósito en la vida en Dios. Nuestra segunda decisión ha de ser comprometernos en el Seguimiento a Jesús pero no tratando de hacerlo en nuestras fuerzas y capacidades, porque fracasaremos, sino en el poder y en la Plenitud del Espíritu Santo. Esa es la segunda bendición que Dios nos tiene preparada.

Pero esa bendición requiere una segunda decisión por nuestra parte. Requiere la decisión de renunciar a involucrarnos en la manera que tiene el mundo de vivir su vida para involucrarnos en la manera que quiere Dios que vivamos nuestra vida. Atar nuestra voluntad a las demandas de este mundo nos lleva al fracaso espiritual precisamente por ello Jesús, antes de marcharse a la diestra de Dios Padre, nos anuncio que seguiría con nosotras y con nosotros como Dios Espíritu Santo.

Es esta experiencia transformadora la que le permite decir al apóstol Pablo, y a nosotros y a nosotras, que “(19b) con Cristo estoy crucificado, (20a) y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi”, según Gálatas 2, 19b y 20a Es decir: vivir en la Voluntad de Dios es posible gracias al Espíritu Santo que produce en nosotros y en nosotras victoria espiritual que se evidencia “(17) Porque los malos deseos están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de los malos deseos... (22) En cambio, el Espíritu da frutos de amor, alegría y paz; de paciencia, amabilidad y bondad; de fidelidad, humildad y dominio propio”, en Gálatas 5, 17 y 22.

Vidas cambiadas por Jesús, vidas en las que el fruto del Espíritu no es una leyenda urbana sino una realidad creciente y una verdad bíblica experimentada. Es gracias al fruto del Espíritu que la nuestra es una vida cristiana que crece en santidad en obediente respuesta a la exigencia de Dios cuando dice “sed santos porque yo soy santo”, 1 Pedro 1, 16. La santidad no es sólo conocimiento de Dios es andar la vida cristiana en el Espíritu de Dios.

La Plenitud del Espíritu Santo es una experiencia que debemos buscar cada día de nuestra vida, es una experiencia que no se puede vivir en presente histórico sino que se debe vivir en renovada experiencia. Como creyentes, como familias, como Comunidades Locales y como Iglesia debemos vivir vidas cristianas victoriosas por la Plenitud del Santo Espíritu de Dios en nosotras y en nosotros. Esta debe ser nuestra oración en este nuevo año cuando celebramos el Séptimo Aniversario de nuestra autonomía como Iglesia Metodista.

Si el Espíritu Santo no levanta nuestra Iglesia y nuestro testimonio en vano trabajamos. Busquemos Su Plenitud. Hermanos y hermanas oremos ahora por estos temas.

Guillem Correa.

Presidente Consejo Ejecutivo Iglesia Evangélica Metodista Unida

Barcelona 10 de febrero de 2013

 

Propósito de la Carta Pastoral 2013

Con motivo de celebrarse el Séptimo Aniversario de Autonomía como Iglesia Evangélica Metodista Unida, se invita a las distintas Comunidades Locales a que difundamos la presente Carta Pastoral entre nuestros miembros y congregantes, a que desarrollemos su contenido desde los púlpitos a lo largo de todo el año y a que nuestro énfasis de Oración para el año 2013 sea el ORAR por la Plenitud del Espíritu Santo en todos y cada uno de nosotros y de nosotras.

Una de las cosas que ofrece la tecnología es la de mantener una conversación durante un periodo de varios meses. Esto permite pensar y reflexionar antes de decir las cosas, algo que en una conversación cara a cara no podemos hacer. El siguiente articulo es la respuesta a una conversación iniciada hace mucho tiempo entre dos hermanos de nuestras comunidades, y que si inició planteando el siguiente dilema: “El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad o El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”. Tras varios intercambios de emails me parece oportuno compartir en este blog la reflexión a la cual se ha llegado, con el permiso de los "tertulianos". 

Asi dice la reflexión, que aun sigue abierta:

 Al final de todo esto, querido hermano, vamos construyendo el artículo…con tu dilema y a partir de tus comentarios…
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
frente a:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Resulta que cada uno tiene su proceso y grado de santificación, pero a la vez de transgresión, tanto de madurez como de infantilismo endeble, de consagración como de lamentables apostasías, vida de fidelidad y a la vez de egoísmo.
Además, cada cual no va al mismo paso. Vamos a distintas velocidades porque nos apremia a cada uno un conjunto de intereses que nunca pueden coincidir con los de mi hermano. Si no fuera así llevaríamos a cuestas una horrorosa enfermedad: la uniformidad, clones en una pesadilla de ciencia ficción.
El Dios de la diversidad y de la creatividad nos ha pillado a cada uno in fraganti en medio de nuestra cotidianidad. ¡A saber qué estaba haciendo aquél “detrás del ganado” cuando lo eligió rey de Israel! Sin embargo, parece que Natanael en la higuera estaba aprovechando el tiempo. A Marta todos la hemos aplaudido alguna vez y comprobamos sonrojados que Jesús elogia a María, con lo que nuestro pensar suele ser errático y opuesto al de él.
Es por eso por lo que hay niveles distintos de respuesta a las responsabilidades ministeriales, o sencillamente eclesiales, en una misma comunidad de fieles. No vamos todos en el mismo carril. No somos un tren. No hay velocidad estable ni constante. El símil visual apenas serían las olas del mar rompiendo en la arena: ¿Rompen todas a la vez? ¿Avanzan en perfecta simetría, o más bien andan de lado, cada cual soportando sus presiones, su peso específico y sus propias emociones?
¿Acaso el Creador ha hecho un par de seres humanos exactos en toda su vida? Un mellizo carpintero y el otro afinador de pianos. El interior era distinto a pesar que los dos eran como gotas exactas de agua.
En la parábola aquella, el señor reparte entre sus jornaleros distintos talentos porque hay distintas capacidades. Reyes gobernando distinto número de ciudades. Cada cual supo, quiso y pudo rendir de manera distinta. Se autoimpusieron un régimen disciplinar diferente que dio resultado distinto.

Planteado el dilema
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
o bien:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Se debe releer, o plantear de otro modo:
Trabajo para el Señor, vivo y amo para el Señor, estudio, examino y mantengo conversaciones teniendo en cuenta que es su vida en la mía. Ofrendo para el Señor, porque es lo lógico: todos mis recursos son de Él. El Señor me pedirá cuentas de mi entrega al cien por cien. Es mi responsabilidad exigirme eficiencia y amor, eficacia y paciencia.
El dilema trata de la eficacia, ¿Un oculto sabor entre el fruto del Espíritu?
Es verdad: En el “fruto del Espíritu” que destila el discípulo de Jesús, encontramos sabores y matices como el amor, el gozo, la paz, la benignidad... ¿No está por ahí “la eficacia”?
Una pregunta más completa: ¿Las Escrituras tratan de ‘la eficacia’?
(Naturalmente, acepto aportaciones y réplicas).

Convenio colectivo personalizado a medida y el lanzallamas programado.
Es como si el rédito de la obra de toda nuestra vida haya de ser contabilizado en otro departamento que hay mucho más arriba de las nubes. Nuestro “haber” no es motivo de interés. Hay un lanzallamas preparado para probar todas mis obras y serán pasadas por el fuego y se quemaran —algunas, pocas, muchas...¿todas?—, como hojarasca entre las obras del tipo “b”, que son las realizadas aparte del convenio . Porque hay un convenio laboral que determina bastante bien el organigrama de lo que hay que hacer y cómo.
¡Ay, ese Libro de Cuentas del Reino de los Cielos!
Contiene axiomas como: “La fe sin obras es igual a cero” y “La fe con obras suma un punto que se suma a un -1 de mi vida anterior y el resultado vuelve a ser igual a cero”. Es decir, que bajo la mera perspectiva humana no te enteras de nada, pero desde la divina: “... lo menos que puedes hacer es hacer lo que debes”, porque, si no, te juegas mucho pellejo.
¿No es así?: Si hacemos lo que debemos no somos más que siervos inútiles.
Por ejemplo, la cuestión de amar al pesado, al inaguantable y al que no te quiere bien. Jesús habló con respecto a amar a los enemigos y dijo que si amábamos a los de casa, a los amigos... ¡claro! ¡Eso era natural! ¡Ese es el punto de partida! Pero... ¿Qué hacéis de más?, instiga Jesús, porque esto más que un reto es instigación dura cual YHVH del Antiguo Testamento. Y ésta es precisamente la cuenta del Libro de Obras hechas con responsabilidad.
Con esto ya podemos ir tirando millas que hay trabajo para hacer y podemos pasar buenos ratos devaneándonos los sesos con la utilidad de nuestras vidas. ¿Son de bendición para los demás? Nuestra existencia aquí en la tierra ¿Está respondiendo a los planes de Dios?
¿Estoy respondiendo con mi vida a sus expectativas?
¡Ah, mi querido amigo! Aquí entramos en la teología de la Omnipotente Sabiduría de Dios.
No hace falta que le demostremos nada a Dios. Ya sabe nuestro final. Conoce el veredicto de si ha de ser de vida o de muerte eterna. Si es así, ¿Por qué nos llamó? ¿Por qué nos salvó? ¿Por qué nos apela en nuestras conciencias a seguirle de modo más coherente, más fieles y con más entrega?
(Selah).
Aquí, lo sano es temblar ante su Soberanía. Nos concedió intelecto para hacernos las preguntas correctas. El mundo helénico gustaba de pensar por el puro placer de discurrir. Quizás no importaban tanto las respuestas como las grandes preguntas.
Por eso hemos de retornar a tu planteamiento:
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”.

¿Sabes? Lo que si pienso es que “cada uno debe exigirse responsabilidad”.
Ya… pero mientras somos cuatro los que hacemos todo el trabajo ¿qué ocurre con los que no tienen sus niveles de autoexigencia en posición de alerta? ¿Qué ocurre con los que no se exigen? ¿Pocas luces? ¿Es el regular proceso de gestación cristiana? ¿Quizás, cuando pasó un periodo de “gestación” sin madurar, se entró en una especie de invalidez crónica espiritual, como quien tiene una mórbida enfermedad?
No lo sé. A más de uno le tiene encadenada alguna dependencia, algún pecado.
Si es así, no te alcanza para gestionar un cambio de presión, de escenario, de rutina
perjudicial, y te hundes más y no te curas nunca.

Botiquín a mano y no usar los remedios
Y no: Dios no cura estas cosas para las que ya ha provisto sanidad...
Los medios de gracia deben aplicarse con todo rigor según la posología que se indica.
Cuestión de hábito: no dejes de reunirte con los demás discípulos alrededor del Señor.
Cuestión de rango social: no vayas a tener más consideración sobre ti mismo que respecto a los demás.
Cuestión de tener la perspectiva general y más amplia: amar sin reparo, a cada redimido de la familia de Dios, auxiliando, intercediendo, haciendo el samaritano no solamente con los ajenos y desconocidos, sino también con los propios y mayormente con la familia de la fe.


Dios no cura aquello que debe curar la propia iglesia en su seno.
Porque la iglesia es un hospital lleno de enfermos y tarados, entre los cuales estoy yo, y estás también tú. Un dispensario de urgencias muy a menudo para aquél y el otro. A pesar de las apariencias: el más impecable está apañado por dentro. Sea el de corbata, como el que aún aprende a asearse. Tanto el chaval que es tan simpático, como el que no abre boca. Cada cual se sabe sus dolencias por tratar (¡Vaya!... ¡Supongo! Al menos, yo bien que conozco las mías. El salmista dijo: “El mal está siempre delante de mí”).
Y, para referirse a males y a las piedras del camino para tropezar, es precisamente Jesús quien nos advierte de que ahí están cada día: “Cada día trae su propio mal”, y del Embrollador:
“… líbranos del maligno”. Es decir: ¡Hay tela- tela, para tejer!
(Selah)
Discúlpame la digresión… ¿Cuál era la otra parte del dilema?:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
¡Ah sí!... No sé…Quizás deba releerse, o plantear de otro modo.
Aquel que exige responsabilidad, ¿sumerge a los demás en un sectario mar sin oxígeno?
En un mar así, probablemente sólo podrían nadar a placer especimenes acorazados y resistentes contra todo, que han sabido exigir y ganar, exigir y llevar cautivos a pobres subyugados que débilmente se prestan a ello. No seré yo quien lo califique de tiranías en la pastoral. Bien me guardaré del cayado y la vara. Para algunos la cosa es: como hay quien se deja llevar, llevémoslos hasta el barranco y que se despeñen. ¡Cuidado con los hermanos débiles! Paul Tournier lo expresó en su libro Los débiles y los fuertes. Hay discípulos débiles (que no significa tontos, ni sedados). Son solamente débiles, - pueden estar rabiando por dentro por la situación de esclavitud emocional en la que se les mantiene en su celda religiosa-. Débiles que se aferran a esta desgracia de relación enfermiza y no salen de su malestar. Es como estar encerrado en pleno campo.
Si, habrá  que exigir responsabilidad, pero no toda suerte de exigencias vale. La clase de liberación y de celda es precisamente ésta la que Jesús vino a abrir y a romper. Porque ya sabes que esto de que en el Reino de los Cielos haya prisioneros es falso. Una de las atenciones del Siervo enviado por YHVH en Isaías —recuerda que Jesús se identifica totalmente con él— es precisamente liberar a los cautivos. Por desgracia, hay extrañas sinergias de líderes religiosos que apresan más que libertan. Esa actividad la detesta YHVH, no le va nada de nada. Se lo dijo un día al profeta Isaías, quien no tuvo más remedio que dejarlo bien escrito: “... soltar las coyundas del yugo”, es decir, romper las cadenas de la injusticia y toda atadura. Y, en otro lugar, el Siervo sufriente venía a dar: ‘libertad a los cautivos’. ¡Ya se pueden agarrar bien los pastores sin compasión por falta de comprensión! (Zac 11:5)

El ministerio y la EXIGENCIA
Mira, te voy a dar la razón: El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir.
Y te doy la razón en cuanto a la EXIGENCIA. ¿Sabes por qué? Porque eso forma parte del “duro trato al cuerpo” que a su vez linda con “tomar tu cruz”, apechugar con la parte de peso propio que comporta seguir a Cristo. La EXIGENCIA pasa por todas estas calles. Ahora bien:
La EXIGENCIA tiene un sentido unidireccional y forma una recta, porque parte de un punto y va a otro: Sale de mí mismo y acaba en el bien a los demás. Si te gusta te la dibujo en forma de árbol: Sale de mi interior y se desplaza hacia cualquier tipo de necesidad para suplirla.
Sí, sí. Sin duda: Te doy la razón en la EXIGENCIA: debemos exigirnos con incondicional entrega a los demás. Exigirnos con enérgica resolución. Someternos a los hermanos. Activar todos los resortes morales para que sepamos ser el último mono de la fiesta, el pringado que se pone el delantal y quita la mugre que llevan los demás entre los dedos, de andar por ahí y recoger todo el lamentable polvo del mundanal camino. Y obligarme a girar la cabeza ante espejos de feria que me ilustran más alto, más guapo y más fiel que mi hermano, porque siempre el otro puede ser mí hermano mayor en el Reino de los cielos.
Debemos exigirnos lanzar por la borda todas nuestras aprehensiones y escrúpulos para que nuestro afecto fraternal nunca, nunca —insisto: nunca— sea falso, o fingido.
Debemos exigirnos con disposición de nuestra cuenta corriente para lo que haga falta.
Debería caérsenos el bolígrafo de la mano en un momento fijado del día; llevar el cursor que mueve el mouse hasta “Inicio” para cerrar el ordenador cuando el reloj marca las horas justas. “Las horas justas” ¿No te suena esto a una novela? Quizás se trate de una serie de conferencias que traten de la debida reestructuración de mi horario para que no castigue a nadie con mis ausencias, mis retrasos y mis interrupciones.
Esa es la responsabilidad a exigir: la mía propia, “mi responsabilidad”, la “autoexigencia de responsabilidad”.
Ahora bien, quizás la paciencia y el amor  proactivo será más útil ante la falta de responsabilidad de mi hermano torpe, más vago e indisciplinado, más pesado, o somnífero, o  latoso. Mientras esté al menos esa desproporcionada viga en mi ojo no podré acumular risitas por la mota de polvo que tiene la hermana peor vestida, -ni que llevara un ridículo florero en la cabeza-, ni la más picarona y revolucionada, -la que se hace la tonta y no lo es-, ni la provocativa -y que parece que solo tú te hayas dado cuenta-.
Cada cual es quien debe dar la justa medida de fruto del don que haya en él.
Si no —ya sabes—, vendrá el Señor y repartirá justicia. Bueno, vendrá de todas formas y repartirá retribuciones.
Pensando acerca de tu dilema parece ser que me han salido 2.300 palabras, y no sé si te das por respondido.
Vas pillando el punto ¿verdad?  Me gustaría pensar que al menos un punto… sí. ¡Nos vemos en la comunión de los santos!

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