Una de las cosas que ofrece la tecnología es la de mantener una conversación durante un periodo de varios meses. Esto permite pensar y reflexionar antes de decir las cosas, algo que en una conversación cara a cara no podemos hacer. El siguiente articulo es la respuesta a una conversación iniciada hace mucho tiempo entre dos hermanos de nuestras comunidades, y que si inició planteando el siguiente dilema: “El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad o El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”. Tras varios intercambios de emails me parece oportuno compartir en este blog la reflexión a la cual se ha llegado, con el permiso de los "tertulianos". 

Asi dice la reflexión, que aun sigue abierta:

 Al final de todo esto, querido hermano, vamos construyendo el artículo…con tu dilema y a partir de tus comentarios…
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
frente a:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Resulta que cada uno tiene su proceso y grado de santificación, pero a la vez de transgresión, tanto de madurez como de infantilismo endeble, de consagración como de lamentables apostasías, vida de fidelidad y a la vez de egoísmo.
Además, cada cual no va al mismo paso. Vamos a distintas velocidades porque nos apremia a cada uno un conjunto de intereses que nunca pueden coincidir con los de mi hermano. Si no fuera así llevaríamos a cuestas una horrorosa enfermedad: la uniformidad, clones en una pesadilla de ciencia ficción.
El Dios de la diversidad y de la creatividad nos ha pillado a cada uno in fraganti en medio de nuestra cotidianidad. ¡A saber qué estaba haciendo aquél “detrás del ganado” cuando lo eligió rey de Israel! Sin embargo, parece que Natanael en la higuera estaba aprovechando el tiempo. A Marta todos la hemos aplaudido alguna vez y comprobamos sonrojados que Jesús elogia a María, con lo que nuestro pensar suele ser errático y opuesto al de él.
Es por eso por lo que hay niveles distintos de respuesta a las responsabilidades ministeriales, o sencillamente eclesiales, en una misma comunidad de fieles. No vamos todos en el mismo carril. No somos un tren. No hay velocidad estable ni constante. El símil visual apenas serían las olas del mar rompiendo en la arena: ¿Rompen todas a la vez? ¿Avanzan en perfecta simetría, o más bien andan de lado, cada cual soportando sus presiones, su peso específico y sus propias emociones?
¿Acaso el Creador ha hecho un par de seres humanos exactos en toda su vida? Un mellizo carpintero y el otro afinador de pianos. El interior era distinto a pesar que los dos eran como gotas exactas de agua.
En la parábola aquella, el señor reparte entre sus jornaleros distintos talentos porque hay distintas capacidades. Reyes gobernando distinto número de ciudades. Cada cual supo, quiso y pudo rendir de manera distinta. Se autoimpusieron un régimen disciplinar diferente que dio resultado distinto.

Planteado el dilema
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
o bien:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Se debe releer, o plantear de otro modo:
Trabajo para el Señor, vivo y amo para el Señor, estudio, examino y mantengo conversaciones teniendo en cuenta que es su vida en la mía. Ofrendo para el Señor, porque es lo lógico: todos mis recursos son de Él. El Señor me pedirá cuentas de mi entrega al cien por cien. Es mi responsabilidad exigirme eficiencia y amor, eficacia y paciencia.
El dilema trata de la eficacia, ¿Un oculto sabor entre el fruto del Espíritu?
Es verdad: En el “fruto del Espíritu” que destila el discípulo de Jesús, encontramos sabores y matices como el amor, el gozo, la paz, la benignidad... ¿No está por ahí “la eficacia”?
Una pregunta más completa: ¿Las Escrituras tratan de ‘la eficacia’?
(Naturalmente, acepto aportaciones y réplicas).

Convenio colectivo personalizado a medida y el lanzallamas programado.
Es como si el rédito de la obra de toda nuestra vida haya de ser contabilizado en otro departamento que hay mucho más arriba de las nubes. Nuestro “haber” no es motivo de interés. Hay un lanzallamas preparado para probar todas mis obras y serán pasadas por el fuego y se quemaran —algunas, pocas, muchas...¿todas?—, como hojarasca entre las obras del tipo “b”, que son las realizadas aparte del convenio . Porque hay un convenio laboral que determina bastante bien el organigrama de lo que hay que hacer y cómo.
¡Ay, ese Libro de Cuentas del Reino de los Cielos!
Contiene axiomas como: “La fe sin obras es igual a cero” y “La fe con obras suma un punto que se suma a un -1 de mi vida anterior y el resultado vuelve a ser igual a cero”. Es decir, que bajo la mera perspectiva humana no te enteras de nada, pero desde la divina: “... lo menos que puedes hacer es hacer lo que debes”, porque, si no, te juegas mucho pellejo.
¿No es así?: Si hacemos lo que debemos no somos más que siervos inútiles.
Por ejemplo, la cuestión de amar al pesado, al inaguantable y al que no te quiere bien. Jesús habló con respecto a amar a los enemigos y dijo que si amábamos a los de casa, a los amigos... ¡claro! ¡Eso era natural! ¡Ese es el punto de partida! Pero... ¿Qué hacéis de más?, instiga Jesús, porque esto más que un reto es instigación dura cual YHVH del Antiguo Testamento. Y ésta es precisamente la cuenta del Libro de Obras hechas con responsabilidad.
Con esto ya podemos ir tirando millas que hay trabajo para hacer y podemos pasar buenos ratos devaneándonos los sesos con la utilidad de nuestras vidas. ¿Son de bendición para los demás? Nuestra existencia aquí en la tierra ¿Está respondiendo a los planes de Dios?
¿Estoy respondiendo con mi vida a sus expectativas?
¡Ah, mi querido amigo! Aquí entramos en la teología de la Omnipotente Sabiduría de Dios.
No hace falta que le demostremos nada a Dios. Ya sabe nuestro final. Conoce el veredicto de si ha de ser de vida o de muerte eterna. Si es así, ¿Por qué nos llamó? ¿Por qué nos salvó? ¿Por qué nos apela en nuestras conciencias a seguirle de modo más coherente, más fieles y con más entrega?
(Selah).
Aquí, lo sano es temblar ante su Soberanía. Nos concedió intelecto para hacernos las preguntas correctas. El mundo helénico gustaba de pensar por el puro placer de discurrir. Quizás no importaban tanto las respuestas como las grandes preguntas.
Por eso hemos de retornar a tu planteamiento:
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”.

¿Sabes? Lo que si pienso es que “cada uno debe exigirse responsabilidad”.
Ya… pero mientras somos cuatro los que hacemos todo el trabajo ¿qué ocurre con los que no tienen sus niveles de autoexigencia en posición de alerta? ¿Qué ocurre con los que no se exigen? ¿Pocas luces? ¿Es el regular proceso de gestación cristiana? ¿Quizás, cuando pasó un periodo de “gestación” sin madurar, se entró en una especie de invalidez crónica espiritual, como quien tiene una mórbida enfermedad?
No lo sé. A más de uno le tiene encadenada alguna dependencia, algún pecado.
Si es así, no te alcanza para gestionar un cambio de presión, de escenario, de rutina
perjudicial, y te hundes más y no te curas nunca.

Botiquín a mano y no usar los remedios
Y no: Dios no cura estas cosas para las que ya ha provisto sanidad...
Los medios de gracia deben aplicarse con todo rigor según la posología que se indica.
Cuestión de hábito: no dejes de reunirte con los demás discípulos alrededor del Señor.
Cuestión de rango social: no vayas a tener más consideración sobre ti mismo que respecto a los demás.
Cuestión de tener la perspectiva general y más amplia: amar sin reparo, a cada redimido de la familia de Dios, auxiliando, intercediendo, haciendo el samaritano no solamente con los ajenos y desconocidos, sino también con los propios y mayormente con la familia de la fe.


Dios no cura aquello que debe curar la propia iglesia en su seno.
Porque la iglesia es un hospital lleno de enfermos y tarados, entre los cuales estoy yo, y estás también tú. Un dispensario de urgencias muy a menudo para aquél y el otro. A pesar de las apariencias: el más impecable está apañado por dentro. Sea el de corbata, como el que aún aprende a asearse. Tanto el chaval que es tan simpático, como el que no abre boca. Cada cual se sabe sus dolencias por tratar (¡Vaya!... ¡Supongo! Al menos, yo bien que conozco las mías. El salmista dijo: “El mal está siempre delante de mí”).
Y, para referirse a males y a las piedras del camino para tropezar, es precisamente Jesús quien nos advierte de que ahí están cada día: “Cada día trae su propio mal”, y del Embrollador:
“… líbranos del maligno”. Es decir: ¡Hay tela- tela, para tejer!
(Selah)
Discúlpame la digresión… ¿Cuál era la otra parte del dilema?:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
¡Ah sí!... No sé…Quizás deba releerse, o plantear de otro modo.
Aquel que exige responsabilidad, ¿sumerge a los demás en un sectario mar sin oxígeno?
En un mar así, probablemente sólo podrían nadar a placer especimenes acorazados y resistentes contra todo, que han sabido exigir y ganar, exigir y llevar cautivos a pobres subyugados que débilmente se prestan a ello. No seré yo quien lo califique de tiranías en la pastoral. Bien me guardaré del cayado y la vara. Para algunos la cosa es: como hay quien se deja llevar, llevémoslos hasta el barranco y que se despeñen. ¡Cuidado con los hermanos débiles! Paul Tournier lo expresó en su libro Los débiles y los fuertes. Hay discípulos débiles (que no significa tontos, ni sedados). Son solamente débiles, - pueden estar rabiando por dentro por la situación de esclavitud emocional en la que se les mantiene en su celda religiosa-. Débiles que se aferran a esta desgracia de relación enfermiza y no salen de su malestar. Es como estar encerrado en pleno campo.
Si, habrá  que exigir responsabilidad, pero no toda suerte de exigencias vale. La clase de liberación y de celda es precisamente ésta la que Jesús vino a abrir y a romper. Porque ya sabes que esto de que en el Reino de los Cielos haya prisioneros es falso. Una de las atenciones del Siervo enviado por YHVH en Isaías —recuerda que Jesús se identifica totalmente con él— es precisamente liberar a los cautivos. Por desgracia, hay extrañas sinergias de líderes religiosos que apresan más que libertan. Esa actividad la detesta YHVH, no le va nada de nada. Se lo dijo un día al profeta Isaías, quien no tuvo más remedio que dejarlo bien escrito: “... soltar las coyundas del yugo”, es decir, romper las cadenas de la injusticia y toda atadura. Y, en otro lugar, el Siervo sufriente venía a dar: ‘libertad a los cautivos’. ¡Ya se pueden agarrar bien los pastores sin compasión por falta de comprensión! (Zac 11:5)

El ministerio y la EXIGENCIA
Mira, te voy a dar la razón: El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir.
Y te doy la razón en cuanto a la EXIGENCIA. ¿Sabes por qué? Porque eso forma parte del “duro trato al cuerpo” que a su vez linda con “tomar tu cruz”, apechugar con la parte de peso propio que comporta seguir a Cristo. La EXIGENCIA pasa por todas estas calles. Ahora bien:
La EXIGENCIA tiene un sentido unidireccional y forma una recta, porque parte de un punto y va a otro: Sale de mí mismo y acaba en el bien a los demás. Si te gusta te la dibujo en forma de árbol: Sale de mi interior y se desplaza hacia cualquier tipo de necesidad para suplirla.
Sí, sí. Sin duda: Te doy la razón en la EXIGENCIA: debemos exigirnos con incondicional entrega a los demás. Exigirnos con enérgica resolución. Someternos a los hermanos. Activar todos los resortes morales para que sepamos ser el último mono de la fiesta, el pringado que se pone el delantal y quita la mugre que llevan los demás entre los dedos, de andar por ahí y recoger todo el lamentable polvo del mundanal camino. Y obligarme a girar la cabeza ante espejos de feria que me ilustran más alto, más guapo y más fiel que mi hermano, porque siempre el otro puede ser mí hermano mayor en el Reino de los cielos.
Debemos exigirnos lanzar por la borda todas nuestras aprehensiones y escrúpulos para que nuestro afecto fraternal nunca, nunca —insisto: nunca— sea falso, o fingido.
Debemos exigirnos con disposición de nuestra cuenta corriente para lo que haga falta.
Debería caérsenos el bolígrafo de la mano en un momento fijado del día; llevar el cursor que mueve el mouse hasta “Inicio” para cerrar el ordenador cuando el reloj marca las horas justas. “Las horas justas” ¿No te suena esto a una novela? Quizás se trate de una serie de conferencias que traten de la debida reestructuración de mi horario para que no castigue a nadie con mis ausencias, mis retrasos y mis interrupciones.
Esa es la responsabilidad a exigir: la mía propia, “mi responsabilidad”, la “autoexigencia de responsabilidad”.
Ahora bien, quizás la paciencia y el amor  proactivo será más útil ante la falta de responsabilidad de mi hermano torpe, más vago e indisciplinado, más pesado, o somnífero, o  latoso. Mientras esté al menos esa desproporcionada viga en mi ojo no podré acumular risitas por la mota de polvo que tiene la hermana peor vestida, -ni que llevara un ridículo florero en la cabeza-, ni la más picarona y revolucionada, -la que se hace la tonta y no lo es-, ni la provocativa -y que parece que solo tú te hayas dado cuenta-.
Cada cual es quien debe dar la justa medida de fruto del don que haya en él.
Si no —ya sabes—, vendrá el Señor y repartirá justicia. Bueno, vendrá de todas formas y repartirá retribuciones.
Pensando acerca de tu dilema parece ser que me han salido 2.300 palabras, y no sé si te das por respondido.
Vas pillando el punto ¿verdad?  Me gustaría pensar que al menos un punto… sí. ¡Nos vemos en la comunión de los santos!

Estoy convencido de que ya se ha enterado de la noticia: la economía ha crecido en el último trimestre un 0,1%. Lo que también hemos aprendido la mayoría de nosotros, a pesar de que unos pocos ya insistíamos en la misma idea hace muchos años, es que crecimiento económico significa muy poco para las personas menos favorecidas de nuestra sociedad. La prueba la tenemos en las estadísticas sobre pobreza que en los años de bonanza económica si se movieron fue para empeorar.

Hay un dato igualmente negativo: Lo que ha aportado esta crisis es que, además, crecimiento económico no signifique casi nada para las clases medias y trabajadoras del país. Nos hemos visto igualmente afectadas y hemos visto como nuestros hijos han tenido que volver a casa o emigrar porque, a pesar de su gran preparación académica, aquí no se podían ganar la vida.

Estos datos nos llevan a una primera conclusión desde la fe: Desde la perspectiva cristiana si el crecimiento económico no va orientado a mejorar la dignidad humana es un crecimiento mal orientado. Es un crecimiento insuficiente. Y es insuficiente porque lo que es importante no es el porcentaje de crecimiento sino su impacto sobre la dignidad humana.

O dicho de una manera: lo que hay que valorar no es crecimiento o decrecimiento sino su impacto en los niveles de vida de la gente.

Lo importante no es que una minoría de un país viva mejor o pueda ganar más de lo que sea capaz de gastar en vida, sino que la mayoría de la gente viva mejor y que no haya gente que viva en el umbral de la pobreza.

La riqueza de un país no debe medirse por su crecimiento económico, sino por su capacidad de eliminar el número de personas que viven por debajo o en el límite del umbral de la pobreza.

Que económicamente crecemos un 0,1% , un 1 % o un 3% es un dato importante en sí mismo pero socialmente irrelevante si a este dato no se puede añadir el número de personas que han dejado de ser pobres.

Cuando se haga así entonces lo celebraremos porque querrá decir que la economía está al servicio de las personas y no al revés.


El 31 de octubre del año 1517 Martín Lutero clavó en la puerta de la catedral de la ciudad alamana de Wittenberg, las hoy famosas "95 tesis" sobre cuestiones religiosas candentes en aquellos momentos.

Este documento no sólo abrió un debate teológico, sino que cambió el sentir de la historia de la Iglesia y, por extensión, la marcha de la propia historia.

Como es obvio las Iglesias Protestantes de todo el mundo, y más concretamente de Europa, quieren-queremos, celebrar este acontecimiento como el hito histórico que es y significa.

A pesar de que la Reforma Protestante ha llegado a nuestras tierras con siglos de retraso también nosotros tenemos que empezar a plantear la celebración de esta fecha como un hito histórico.

Esta celebración ha de permitirnos, a la Comunidad Protestante, tomar conciencia de nuestra propia historia y al resto de la sociedad tomar conciencia de nuestra realidad.

En poco tiempo la fecha formará parte de nuestro presente, por lo que ahora lo que tenemos que hacer es empezar a anticiparnos para que cuando llegue este hito lo podamos celebrar todos, es decir: unos y otros, tal y como se merece.

La Escuela es el espacio común donde los más pequeños de cada casa se forman para forjarse un buen futuro. Es, pues, la escuela un espacio donde deben transmitirse conocimientos pero donde también deben transmitirse valores. De entre los valores que deben transmitirse a la Escuela quiero destacar uno: el respeto a la pluralidad religiosa.

Alumnos y maestros deben poder convivir con creyentes de otras religiones como parte de su normalidad cotidiana. A pesar de los cerca de 40 años de democracia los rastros de cerca de 40 años de nacionalcatolicismo siguen vivos.

Y digo que siguen vivos porque, por un lado, hay quien quiere mantener el monopolio de la enseñanza de la religión católica en la escuela y por otro hay quienes, por diversas razones, reaccionan en sentido totalmente contrario: Quieren excluir la religión católica de la escuela y, por extensión, el resto de religiones.

¿Cómo podríamos ayudar a unos y otros a entender que ambas posiciones están superadas no sólo por la historia, sino por la realidad sociológica del país?

¿Cómo podríamos ayudar para que fuera normal en la escuela lo que es normal en las calles de nuestros barrios y ciudades?

En España hay 3.446 Templos Evangélicos, 1.274 Oratorios Musulmanes, 718 Salones del Reino y 176 Templos Ortodoxos -entre otros-, hasta llegar a los 6.055 Centros de Culto.

Por su parte, la Iglesia Católica cuenta con 22.217 parroquias lo cual quiere decir que del sumatorio total el 21 % de los actuales Centros de Culto pertenece a las confesiones minoritarias.

Dejando claro que estas cifras no se puede desprender que el 21 % de la población practica alguna de las religiones minoritarias, sí se puede deducir que el pluralismo religioso se ha instalado entre nosotros con voluntad de quedarse.

Es esta constatación que debe llevar a alumnos, maestros, madres y padres a defender una escuela plurireligiosa donde no se excluya el derecho a la espiritualidad.

Pero para que esta nueva realidad se vaya ampliando debemos ponernos manos a la obra. Para empezar: que los padres evangélicos, con hijos en edad escolar, ejerzan su derecho de apuntarles a la enseñanza de la religión evangélica.

Estamos a las puertas de la nueva matriculación y cuantos más padres y madres lo hagan más contribuiremos a la pluralidad religiosa en nuestras escuelas e institutos.

Puede ser un primer paso que, si nos esforzamos, dentro de unos años dará un buen resultado.

Los equipos de la pastoral penitenciaria se han reunido en su tradicional Jornada Anual. Esta Jornada, que se vio también afectada por la crisis y, por ello, se dejó de celebrar en los últimos años, se ha podido volver a celebrar.rezandoY este año ha vuelto y lo ha hecho con más fuerza.

Con más asistencia que nunca, y con un alto compromiso por parte de todos, la Jornada giró en torno a "Cómo forjar el carácter cristiano en un entorno penitenciario".

Evidentemente el reto que conlleva esta aspiración no es fácil pero en el transcurso de la Jornada se quiso dotar a los distintos Agentes Pastorales de herramientas para reforzar la experiencia de la fe cristiana en aquellos internos que se la hacen propia.

El casi centenar de personas que se reunió escucharon con atención las nuevas propuestas presentadas, que abrieron un interesante debate.

Uno de los énfasis que se quiso poner sobre la mesa es que hay que saber diferenciar entre la herramienta y su aplicación. Mientras que la herramienta es la misma para todos, su aplicación está en función del receptor. No saberlo diferenciar y aplicar la misma respuesta para todos no sólo no consigue el resultado esperado, sino que acaba desautorizando la validez de la herramienta empleada.

Por esta razón se ofreció, desde el Ministerio Evangélico en Prisiones (MEP), unas Jornadas de Formación para los Agentes Pastorales con un doble objetivo: Primero, capacitarlos mejor para la tarea que se desarrolla. Segundo, mejorar su capacidad para usar mejor las herramientas de intervención de que disponen.

La Jornada concluyó con una comida de hermandad donde los diferentes participantes pudieron reencontrarse con otros Agentes Pastorales que, por las circunstancias ya explicadas y conocidas, hacía tiempo que no se veían.

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