Otra vez elecciones. Y otra vez la misma situación: ¿a quién votar? Hay personas que ya tienen la decisión tomada. Sean quienes sean los que se presenten tienen decidido votar "a sus". Otros tienen dudas y por esta razón escuchan y preguntan. Ambos tipos de votantes se informan. Unos para reafirmar sus ideas. Los otros para encontrar dirección para responder a su pregunta sobre a quién deben votar.
Desde cualquier punto de vista una y otra posición son correctas. Nada que decir. ¿Nada que decir? Bueno, nada que decir... excepto si hablamos de corrupción.
Porque cuando hablamos de corrupción, seamos o no seamos cristianos, seamos o no seamos religiosos, lo que se trata es de otra decisión.

Nos encontramos ante una situación donde ya no vale aquello de votar "a mis" o de votar "a quienes lo harán mejor". Se trata de no votar a quien ha aprovechado su posición política para enriquecerse personalmente. Y en este punto no hay ni "mis" ni "tuyos" ni razones de "eficacia" o de "ineficacia". Hay, sencillamente, enriquecimiento personal y, ésta es, sin ningún tipo de duda ni de justificación, una mala elección.
No podemos votar a quien se haya enriquecido personalmente de forma fraudulenta.
Juan Wesley, uno de los tres padres del protestantismo junto con Lutero y Calvino, en un artículo conocido como "Carta a un Votante", lo primero que pone sobre la mesa es precisamente esta cuestión de la corrupción.
¿Qué llevó a un pastor metodista inglés a publicar un artículo sobre esta cuestión? Pues lo que le llevó a escribir su artículo es lo mismo que me lleva a mí, y a tantos otros, a hacerlo: exhortar a cada persona a valorar la importancia de su voto.
La diferencia entre Juan Wesley y el resto de nosotros es que cuando escribió su artículo advirtiendo contra la corrupción él mismo no podía votar, por no cumplir los requerimientos económicos para hacerlo. Hoy no tenemos estas limitaciones y por esta razón tenemos el derecho a votar. Pero precisamente porque hoy tenemos más derechos que de los que tenía el mismo Juan Wesley, y tanta y tanta gente de su época, aún debemos ser más responsables con nuestro voto.
No votar a los corruptos es una buena manera de asumir esta responsabilidad.

Emitir 1.500 programas por televisión es un hito histórico y si, además, se han emitido 1.500 programas evangélicos en España esta cita más que histórica es cósmica.

Pero esta es la realidad del programa evangélico de la televisión gallega "Nacer de Novo" que de la mano de su director, Jaime Fernández, ha conseguido este hito más que remarcable.

Aún recuerdo la amabilidad de Jaime Fernández el día que visité los estudios de la televisión gallega. Una vez nos enseñó las instalaciones, vimos el programa que estaba preparando y fuimos testigos de la buena acogida con que era recibido Jaime entre sus compañeros; nos hizo una propuesta que nos sorprendió: intentar que el director le pueda recibir -nos dijo-.

Y dicho y hecho.

Después de esperar un rato, el director de entonces nos recibió en persona para explicarnos el apoyo institucional que daban, y siguen dando, a él programa evangélico de su televisión.

A todos nos sorprendió no sólo como tan rápidamente nos había acogido sino el apoyo que tenía Jaime Fernández para realizar su tarea.

Gracias a este apoyo el programa evangélico gallego se emite cada semana, como también lo hace el que se emite por televisión española, a diferencia de la televisión catalana en la que el programa evangélico "Néixer de Nou" se emite una vez al mes.

Lo que la mayoría de personas no saben es que el programa protestante que se emite por TV3 cada último domingo de mes se llama "Néixer de Nou" porque es el nombre que había puesto Jaime Fernández en su programa: "Nacer de Novo".

Los dos nos propusimos que todos los programas evangélicos, a las televisiones públicas, tuvieran el mismo nombre.

Nosotros con "Néixer de Nou" hicimos lo que era necesario que hiciéramos.

Ahora lo que hace falta es animar y felicitar a Jaime Fernández, a la televisión gallega y a todas las iglesias evangélicas de Galicia que han colaborado con este magnífico programa por haber llegado a hacer 1.500.

Me faltan palabras para felicitar de todo corazón a todos vosotros que sigáis siendo un ejemplo para todos aquellos que vamos detrás.

Que Dios os siga bendiciendo.

Si analizamos el último informe sobre transparencia internacional rápidamente nos daremos cuenta de la correlación que existe entre transparencia, es decir: comportamiento social ético, y protestantismo.

Los 10 primeros países de la tabla todos son de raíz protestante:

1. Dinamarca 91 puntos

2. Finlandia 90 puntos

3. Suecia 89 puntos

4. Nueva Zelanda 88 puntos

5. Holanda 87 puntos

6. Noruega 87 puntos

7. Suiza 86 puntos

8. Canadá 83 puntos

9. Reino Unido 81 puntos

10. Alemania 81 puntos

Incluso hoy en día, cuando la práctica religiosa en la parte europea de la lista ya no es la que era, la ética social se mantiene en unos niveles más que admirables en todos estos países.

Pero no es suficiente remarcar lo dicho, sino preguntarnos cómo llegan hasta este punto.

El hombre de forma consiente o inconsciente se hace estas  preguntas: ¿Por qué estoy aquí? ¿De dónde vengo? ¿Hacia donde voy?. Existe varias especulaciones como respuestas, pero la mejor es la  revelación. Si yo tuviera en mis manos un invento que nunca habías visto jamás, tú no tendrías la menor idea del propósito de su creación. La única manera cierta de saber su propósito sería de preguntarle al inventor, la persona que lo creó, o leer el manual del usuario. Lo mismo pasa con la vida.  La Biblia es el manual del usuario de la vida y tu Creador es Dios.  La única manera de conocer los siete propósitos de Dios para nuestras vidas es si empiezas a conocerle más y más, deseo  compartir mi experiencia de crecimiento espiritual  y transmitir de alguna manera lo que el Espíritu Santo está obrando en mi vida a través del estudio de los siete propósitos. No pretendo que esto sea un manual  sino una guía para que cada uno llegue a tener un encuentro personal con nuestro Creador  Espero que decidas comenzar este viaje hoy.

HEREDEROS.-  Ser herederos es la consecuencia de haber sido reconocidos hijos de Dios, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”(Ro.8-14) . Pero para participar de la herencia hay una cláusula (Ro.8-17)“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Por que esta condición, es que no vasta el simple hecho de ser hijos, ya creí en Cristo, etc, y es suficiente  para participar de la herencia. Explicaré por que hay condiciones Dios sabe quienes son sus hijos, pero hay una cosa importante que el corazón es engañoso y perverso más que todas las cosas, entonces Dios nos deja en esta cláusula de su herencia y nos dice, que si realmente somos hijos vas a estar dispuesto a padecer con Cristo, vas aguantar la persecución, la burla de tus amigos, tu familia, tus compañeros etc., por que esta es la única condición para recibir la herencia.

 


Sucede que en esta vida caminamos sin ver las bendiciones que Dios tiene para cada uno de nosotros, por eso el Apóstol Pablo en su Carta a los Efesios 1.15-18, hace la siguiente oración: “1:15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 1:16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 1:17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 1:18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”. En otras palabras no todo los cristianos tenemos la luz suficiente para poder ver con los ojos espirituales la riqueza en el mundo que no se ve y tenemos como única realidad lo que se ve que es temporal, Me dirás que la herencia es eterna pero en el Salmo 23 encontramos que la herencia ya la podemos disfrutar en esta vida y también en la vida eterna  23:6   Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días. En consecuencia debemos comprender que el bien y la misericordia deben acompañarnos para ser merecedores de heredar bendición, Veamos  (1 Pedro 3.8-10) 3:8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 3:9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 3:10 Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos,  Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; , sabiendo que del señor recibiréis la recompensa de la herencia por que a Cristo el señor servís (Col. 3.24). Finalmente veremos las características de la herencia que Cristo nos promete. (1 Pedro 1. 3-4) 1:3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,: Describiendo cada una de ellas tenemos: Incorruptible, que no se puede corromper pudrir. Incontaminada, sin mancha sin contaminar. Inmarcesible, sin que se desvanezca o nunca desaparecerá, reservada en el cielo para vosotros guardada con la seguridad de que nadie la pueda tocar.


CONCLUSION.- Para disfrutar de la herencia, necesitamos el alumbramiento del Espíritu en nuestras vidas, por medio  de la oración y la lectura de la palabra de Dios y comprendiendo que el bien y la misericordia deben ser nuestros compañeros inseparables durante el resto de nuestra vida cristiana.  Amen

Hace poco se ha celebrado en la ciudad de Barcelona la II Cumbre Interreligiosa Iberoamericana. Este tipo de cumbres son encuentros previos que se organizan antes del encuentro anual de jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos. Su propósito es poner en la agenda de los máximos dirigentes de cada país una serie de propuestas de trabajo que contribuyan a un mayor profundización en las libertades y en el desarrollo económico.

Por segunda vez en la historia se ha considerado que la perspectiva de las Confesiones Religiosas puede ser una aportación significativa a las conclusiones finales de la Cumbre.

La verdad sea dicha es que para el GTER, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones, -organizador del encuentro junto con Religions for Peace- ha sido un reto importante organizar este evento y trabajar para llegar a unas conclusiones finales que respondan a la expectativa creada.

Este nuevo espacio de servicio y testimonio debe llevarnos a una profundización en nuestra propia reflexión sobre la parte del espacio público que estamos llamados a ocupar.

Si hace unos años el reto era trabajar para fomentar el diálogo interreligioso y para fomentar el diálogo con la sociedad civil, el reto de hoy en día es ser capaces de poner sobre la mesa propuestas de trabajo con vocación de cambio social.

Ya no basta con decir que queremos dialogar. Hoy en día hay que decir sobre qué queremos dialogar y cuál es nuestra hoja de ruta para este diálogo.

Tal vez por esta razón, en lugar de insistir tanto en el diálogo, lo que hoy tenemos que hacer es empezar a construir el discurso interreligioso. Este no debe ser un discurso en el que debatamos entre nosotros tal y cual cuestión teológica, sino en el que debatamos entre nosotros, desde las respectivas perspectivas de fe, cuáles son las carencias de este mundo que debemos denunciar y cuáles son los caminos que hemos de emprender para enderezar estas situaciones.

El reto es importante porque este discurso interreligioso no puede ser la resultante del pensamiento particular ni de una persona ni tampoco de una confesión, sino que debe ser fruto de un proceso que nos lleve a construir juntos respuestas para aquella parte del mundo a la que podemos aportar propuestas.

El reto nos pilla un poco a contrapié. Las situaciones de crisis que nos rodean, por su gravedad, exigen lo mejor de todos nosotros pero estemos atentos a este reto, no sea que la crisis nos haga perder el necesario discurso interreligioso que entre todos debemos construir.

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