El cicle electoral ha començat. Les primeres votacions ens obliguen a una acció responsable: A qui votaré? És la pregunta obligada. Però el que jo els proposo és una pregunta més compromesa encara: A qui votaré des de la perspectiva de la meva fe?

La fe és una experiència transformadora de la vida humana i com experiència transformadora podem afirmar que és una experiència central a la vida de cada persona.

La fe és una experiència que abasta la totalitat de l'ésser humà i dins d'aquesta totalitat hem d'incloure la nostra decisió de vot.

Ens hem de deixar influir per la nostra ideologia? Ens podem preguntar. La resposta és obvia: sens dubte. Però la ideologia ha d'estar matisada per la nostra experiència de fe per no caure en el parany de contradir-nos a nosaltres mateixos i per no caure en la temptació que la nostra sigui una fe de diumenges.

Ara més que mai tenim més opcions polítiques.

Ara més que mai tenim la temptació de quedar-nos a casa defraudats per tanta corrupció i prepotència.

Votar o no votar és una primera decisió.

Escollir a qui votar és la segona decisió que hem de prendre.

Però abans de prendre aquestes dues decisions hem de fer un exercici des de la fe: qui afavoreixo i qui perjudico amb el meu vot?

Estic defensant, amb el meu vot, el que els diumenges es predica des del púlpit de la meva Comunitat local?

Potser hi ha qui pugui pensar que és una pregunta impertinent, innecessària o, fins i tot, imprudent.

Cadascú està en la seva llibertat de pensar el que cregui que hagi de pensar.

Jo soc dels qui recomana que cada creient es faci aquesta pregunta abans de plantejar-se si ha d'anar a votar o a qui ha de votar.

El Consejo Evangélico de Cataluña ha celebrado este pasado sábado su 63ª Asamblea Cívica, históricamente hablando desde su fundación en 1981, y su 33ª Asamblea General desde que estamos legalmente reconocidos como entidad religiosa.

La Asamblea de este año ha sido la Asamblea del Reajuste económico.

De un presupuesto de 250.000 € del año 2010 y de un presupuesto de 227.000 € en 2011, se ha pasado a un presupuesto de 90.000 € en 2012 y con una previsión para el año 2013 de 62.000 € de presupuesto.

O dicho en otras palabras: si tenemos como referencia el año 2010 nos han recortado alrededor de 220.000 € de cofinanciación.

Evidentemente ante este despropósito había que reaccionar y plantear un reajuste a fondo para el año 2013. Un reajuste que ya se inició en el año 2011 y que tuvo su máximo exponente en 2012.

En el año 2012 nos anticipamos a la falta de noticias por parte de la administración y se decidió cerrar la Oficina Técnica del Consejo Evangélico de Cataluña. Esta Oficina había nacido en los últimos años de Gobierno del Presidente Jordi Pujol y gracias al Acuerdo Marco firmado en 1998.

A pesar de nuestra anticipación a los acontecimientos, en 2012 se cerró con una pérdida superior a los 49.000 € que se ha compensado gracias a la buena gestión de ejercicios anteriores.

Cuento todo esto motivado por la vocación de transparencia que nos preside.

Ante nuestra transparencia económica el Director General de Asuntos Religiosos que acaba de ser sustituido todavía no nos ha dado ninguna explicación razonada sobre el recorte de que hemos sido objeto todas las Confesiones Religiosas de Cataluña.

La crisis económica puede explicar una reducción parcial de la cofinanciación pero nunca explica ni justifica un recorte del cien por cien.

Somos los primeros en promover la austeridad de la Iglesia y de reclamarnos a nosotros mismos más austeridad en tiempos de crisis pero aún sabemos distinguir entre austeridad y discriminación.

Los protestantes de este país nos sentimos discriminados por muchas y diversas razones. Estas razones no son sólo históricas, sino que aún perviven en el día de hoy.

Una vez más hemos sido discriminados y una vez más tenemos la conciencia muy clara de que seguimos siendo ciudadanos de segunda ante determinadas administraciones.

Lo que nunca nos hubiéramos imaginado es que fuéramos discriminados por la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña que en su día se constituyó a petición del Consejo Evangélico de Cataluña.

La Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña ha publicado la actualización del Mapa de las Religiones. Dejando aparte los desiguales comentarios que aporta, a título de conclusión, en el estudio -que tal vez habrá que valorar más adelante- lo que se puede constatar es que en diez años la Iglesia Protestante ha multiplicado por dos el número de centros de culto. Es decir: el número de Templos Evangélicos.


El establecimiento de un nuevo Templo Evangélico no sólo nos cuenta un crecimiento numérico, sino una vitalidad organizativa y de liderazgo que lo hace posible.

Es, pues, un signo muy positivo.

Si entendemos el protestantismo de una manera amplia, como el resultado de todas aquellas Iglesias hijas de la Reforma Protestante del siglo XVI y los posteriores movimientos de avivamiento espiritual, podemos decir que esta rama del cristianismo goza de buena salud entre nosotros.

Multiplicar por dos el número de Templos Evangélicos en menos de una década podría hacernos creer, a propios y extraños, que nos hemos instalado en la autocomplacencia.

Nada más lejos de la realidad, la descristianización de Cataluña es una realidad creciente que también afecta a la Comunidad Protestante.

El ritmo de crecimiento de nuestras Iglesias no nos debe hacer olvidar aquella parte de los que han nacido en una Iglesia evangélica y que ahora forma parte de lo que llamamos "protestantismo sociológico". Tampoco debe hacernos olvidar que los que tienen más de 35 años -según datos del gobierno- viven más alejados de la fe que en décadas anteriores.

Dos ejemplos de dos realidades que son una señal de atención sobre la necesidad de repensar aún mejor la tarea a la que nos sentimos llamados y llamadas.

Los directamente implicados dicen que hay semanas que es mejor olvidar. Tal vez tengan razón. Pero lo que no podemos olvidar es la crisis económica en la que vivimos. Seguramente pueda parecer fuera de lugar hablar de cómo saldremos de la crisis en la que nos encontramos cuando aún estamos en el ojo del huracán y tenemos dificultades para ver la luz al final del túnel. Pero es precisamente porque nos encontramos donde nos encontramos que ahora es el momento de hablar de futuro para tratar de condicionar nuestro presente.

Tengo un buen amigo que se pasa media vida en el aeropuerto. Es decir: viajando. Es un pastor protestante que trabaja a nivel mundial con una dedicación más centrada en Europa y América, especialmente en Latinoamérica.

En las pocas ocasiones en que podemos encontrarnos para charlar me gusta que me explique cómo va la Iglesia Protestante más allá de mi propia mirada. Y casi en todas las conversaciones acabo constatando que el cristianismo vive un momento de gran vitalidad y más particularmente la Iglesia Protestante.

Su visión sobre el cristianismo es muy diferente de la mirada que ofrece una buena parte de tertulianos cuando hablan sobre el cristianismo. Estos, en general, hablan de la Iglesia para referirse a la Iglesia Católica como si la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Protestante no existieran. Cuando hablan de la crisis de fe, creen que lo que nos pasa en Europa es lo que está pasando en el resto del mundo. Y cuando analizan la situación, lo hacen siempre desde una lectura política de la vida. Para no entrar en la polémica sobre la falta de respeto que muchos de ellos y de ellas manifiestan cuando hacen referencia al Espíritu Santo.

A modo de ejemplo mi amigo me comentaba que en China la Iglesia Protestante ha pasado de un millón de personas antes de la revolución comunista a los actuales 50 millones para añadir, a continuación, que se calcula que dentro de 40 años será el país con más protestantes, y quizá cristianos, de todo el mundo.

Que la vieja y desorientada Europa haya perdido el camino de la fe no significa que en el resto del mundo las cosas vayan de la misma manera. Esto es lo que parece que no entienden determinados tertulianos.

Recuerdo las últimas palabras de mi amigo la última vez que nos encontramos: espero que algunos de estos tertulianos que opinan sobre el cristianismo mirándose el ombligo estén mejor informados del resto de cuestiones sobre las que opinan.

Un deseo que, estoy seguro, muchos compartimos.

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