Otra vez elecciones. Y otra vez la misma situación: ¿a quién votar? Hay personas que ya tienen la decisión tomada. Sean quienes sean los que se presenten tienen decidido votar "a sus". Otros tienen dudas y por esta razón escuchan y preguntan. Ambos tipos de votantes se informan. Unos para reafirmar sus ideas. Los otros para encontrar dirección para responder a su pregunta sobre a quién deben votar.
Desde cualquier punto de vista una y otra posición son correctas. Nada que decir. ¿Nada que decir? Bueno, nada que decir... excepto si hablamos de corrupción.
Porque cuando hablamos de corrupción, seamos o no seamos cristianos, seamos o no seamos religiosos, lo que se trata es de otra decisión.

Nos encontramos ante una situación donde ya no vale aquello de votar "a mis" o de votar "a quienes lo harán mejor". Se trata de no votar a quien ha aprovechado su posición política para enriquecerse personalmente. Y en este punto no hay ni "mis" ni "tuyos" ni razones de "eficacia" o de "ineficacia". Hay, sencillamente, enriquecimiento personal y, ésta es, sin ningún tipo de duda ni de justificación, una mala elección.
No podemos votar a quien se haya enriquecido personalmente de forma fraudulenta.
Juan Wesley, uno de los tres padres del protestantismo junto con Lutero y Calvino, en un artículo conocido como "Carta a un Votante", lo primero que pone sobre la mesa es precisamente esta cuestión de la corrupción.
¿Qué llevó a un pastor metodista inglés a publicar un artículo sobre esta cuestión? Pues lo que le llevó a escribir su artículo es lo mismo que me lleva a mí, y a tantos otros, a hacerlo: exhortar a cada persona a valorar la importancia de su voto.
La diferencia entre Juan Wesley y el resto de nosotros es que cuando escribió su artículo advirtiendo contra la corrupción él mismo no podía votar, por no cumplir los requerimientos económicos para hacerlo. Hoy no tenemos estas limitaciones y por esta razón tenemos el derecho a votar. Pero precisamente porque hoy tenemos más derechos que de los que tenía el mismo Juan Wesley, y tanta y tanta gente de su época, aún debemos ser más responsables con nuestro voto.
No votar a los corruptos es una buena manera de asumir esta responsabilidad.

El tiempo para las personas de la tercera edad o para la infancia es determinante. Experimentar la pobreza durante la infancia tiene consecuencias negativas que perduran toda la vida. Mientras que la media de países de la Unión Europea invierte un 2,2% de su Producto Interior Bruto (PIB) en políticas activas a favor de la infancia y de la familia, en España esta inversión se reduce al 1,4%. Y la situación de pobreza infantil con la crisis económica se ha incrementado.

Hay que poner en marcha las alarmas sociales.

No podemos esperar que la situación económica mejore.

Los niños y niñas afectados por la pobreza no tienen tiempo de espera.

Las entidades de Iglesia y la parte de Iglesia que representamos debemos levantar nuestra voz para defender los derechos de la infancia.

En primer lugar, debemos tomar conciencia entre nosotros mismos de la situación en que viven tantos y tantos niños y niñas, incluso dentro de nuestras propias Comunidades Locales.

En segundo lugar, una vez lo tengamos claro, hay que sumar a los movimientos ciudadanos y a las entidades sociales que trabajan a favor de la infancia para revertir esta situación.

Invertir en la infancia no es un gasto ni es una estrategia de futuro.

Invertir en la infancia es un derecho al que no hemos ni podemos renunciar.

No tenemos que invertir en la infancia porque no hacerlo conllevará un gasto económico y social aún mayor en un futuro no lejano.

Debemos denunciar la mirada mercantilista y la mirada economicista que se quiere imponer en nuestra sociedad.

Tenemos que hablar de derechos.

Debemos hablar de los derechos de la infancia.

Y también tenemos que hablar de los derechos que Jesús dio a los niños, a los más pequeños de la casa.

Jesús nos enseñó que los más pequeños de la casa forman parte de su Reino, forman parte del Reino de Dios.

Dejar fuera la infancia del Reino de Dios es inaceptable a toda costa.

El primer paso es tomar conciencia.

El segundo paso es actuar en conciencia.

El 1er  registro: en la órbita espacial.

Según los comentarios de los medios soviéticos, durante la órbita, el cosmonauta Gagarin comentó: «Aquí no veo a ningún Dios». Sin embargo, no hay ninguna grabación que demuestre que Gagarin pronunciara estas palabras. En cambio se sabe que fue Nikita Jrushchov -máximo dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) entre 1953 y 1964- quien en cierto contexto dijo: «Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí», después estas palabras  empezaron a ser atribuidas al propio cosmonauta. [Refresqué mi memoria en la Wikipedia...].
En mi infancia resonaron por casa estos comentarios. Desde los 5 años en adelante no se borró de mi mente eso que el primer viajero espacial no viera a Dios. Cuando crecí un poco, la frase se volvió provocativa ideológicamente: los americanos capitalistas ingenuos creen en Dios, pero los soviéticos se conducen por la evidencia.

Cambio de registro: en Tarragona.

Cierta ocasión un joven pastor, con el que en tiempos mozos había compartido retiro, reuniones de oración, cena, cultos, canciones propias y ajenas me dijo hablando por teléfono: "¡Vente a Tarragona Llorenç, que Dios está aquí obrando!".

 

Estos días se cumple el aniversario de la muerte de Rosa Park. O más concretamente de Rosa Louise McCauley, que es su nombre de soltera. Murió el 24 de Octubre de 2005.

¿Quién es Rosa Park?


Rosa Park se hizo famosa en el mundo porque el día 1 de Diciembre de 1955 se negó a sentarse en los asientos destinados a los negros, en el autobús que le llevaba al trabajo, y lo hizo en uno que legalmente estaba reservado para los blancos.

La legalidad vigente en ese momento en los EE UU amparaba la posición del conductor del autobús que quería obligarle a sentarse donde le correspondía. Ella decidió que la justicia social estaba por encima de la legalidad. Se sentó en los asientos de los blancos. Y su voluntad de querer equipar los derechos de negros y blancos, a sentarse en el mismo asiento, la llevó a ser condenada por los tribunales, que no por la justicia, y a pagar las consecuencias de su osadía.

El gesto hubiera pasado inadvertido si una parte de la Iglesia Protestante de los Estados Unidos hubiera continuado mirando hacia otro lado escondiéndose en la legalidad vigente.

Esta vez fue diferente.

El pastor Martin Luther King se puso al frente del clamor popular a favor de la justicia y en contra de la legalidad vigente para reclamar la igualdad entre negros y blancos. Promovió un boicot a los autobuses de la ciudad de Montgomery que fue seguido masivamente. No detuvieron el boicot hasta conseguir que empezasen a ser reconocidos sus derechos.

Por aquel entonces prácticamente nadie sabía ni quién era Rosa Park ni quién era el pastor Martín Luther King. Seguramente hoy en día también hay poca gente que sepa quiénes son. Lo más importante es el cambio social que se ha producido entre aquellos días y nuestros días. Lo más importante es el cambio social que comenzó cuando una mujer se negó a cumplir con la legalidad vigente, una legalidad que era injusta y discriminadora.

El cambio iniciado lo simboliza el hecho de que pocos años después de morir Rosa Park fue elegido Barak Obama (11/05/2008) como presidente de los Estados Unidos.

Ella no pudo ver cómo su sueño de justicia se había hecho realidad pero lo que ella sembró acabó germinando.

La crisis social que vivimos hoy en día demanda una nueva Rosa Park.

Y la Iglesia que compartimos demanda también un nuevo pastor que encarne los valores y la lucha de Martin Luther King.

Hace frío.

Hay lugares donde hace mucho frío.

Demasiado frío, sobre todo en aquellos hogares donde no se puede hacer frente al gasto que representa el coste de la energía.

Hay hogares que no pueden pagar la energía que ha de aliviar su frío.

Un invierno más.

Un año más.

Las mismas excusas para no dar las respuestas que necesitamos.

En esta vieja Europa no hay excusas que valgan para dejar que la gente pase frío en su casa durante el invierno.

Aplaudo a los políticos que se esfuerzan por conseguir que en ningún hogar se pase frío pero levanto mi voz profética en contra de todos aquellos otros políticos que, con excusas de mal pagador, encuentran razones para no arbitrar medidas que eviten que se pase frío este invierno.

La voz profética no es una amenaza.

Es una denuncia.

Es una llamada a la conciencia.

Es una demanda.

Es un ruego.

Es un llanto de dolor.

Lloramos por quienes están pasando frío pero comprometemos nuestra voluntad para evitarlo.

Es la manera de evitar que la gente, nuestra gente, pase frío.

Que los políticos cambien sus políticas o comprometiéndonos a cambiar a estos políticos.

Queremos vivir sin frío.

Ni frío en los pies.

Ni frío en los corazones.

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