Juan 4:46-54

"El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna." (Juan 5:46-54)

Jesús habla para ti y para mí. Habla porque Él es la Palabra divina que creó los cielos y la tierra y nos creó a nosotros llamándonos a la vida. Jesús habla para que este mundo y nosotros en él podamos permanecer, ya que el mundo se reveló orgullosamente y se levantó contra su creador, condenándose a muerte, no en el futuro, sino ahora. Si Jesús no habla, no habrá más que desolación, dolor y vaciedad, así estaba la tierra antes de que Dios la ordenara por medio de su Palabra creadora, "desordenada y vacía".

Jesús te habla y me habla de manera definitiva. En otros tiempos, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas en repetidas ocasiones. Pero ahora, en nuestros tiempos, en estos últimos días, nos habla por el Hijo, y habla directamente a cada uno de nosotros, para que le escuchemos, porque cuando Dios habla, el ser humano no tiene más remedio que postrarse ante Él y escuchar lo que Dios le dice. Y lo que Dios te dice hoy es: "Ve, tu hijo vive". Ve y confía porque tú eres mi hijo.

(Oremos para que los países tomen responsabilidad en el cuidado del planeta, oremos por la Cumbre del Clima que se celebra en París.)

Una de las cosas que ofrece la tecnología es la de mantener una conversación durante un periodo de varios meses. Esto permite pensar y reflexionar antes de decir las cosas, algo que en una conversación cara a cara no podemos hacer. El siguiente articulo es la respuesta a una conversación iniciada hace mucho tiempo entre dos hermanos de nuestras comunidades, y que si inició planteando el siguiente dilema: “El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad o El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”. Tras varios intercambios de emails me parece oportuno compartir en este blog la reflexión a la cual se ha llegado, con el permiso de los "tertulianos". 

Asi dice la reflexión, que aun sigue abierta:

 Al final de todo esto, querido hermano, vamos construyendo el artículo…con tu dilema y a partir de tus comentarios…
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
frente a:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Resulta que cada uno tiene su proceso y grado de santificación, pero a la vez de transgresión, tanto de madurez como de infantilismo endeble, de consagración como de lamentables apostasías, vida de fidelidad y a la vez de egoísmo.
Además, cada cual no va al mismo paso. Vamos a distintas velocidades porque nos apremia a cada uno un conjunto de intereses que nunca pueden coincidir con los de mi hermano. Si no fuera así llevaríamos a cuestas una horrorosa enfermedad: la uniformidad, clones en una pesadilla de ciencia ficción.
El Dios de la diversidad y de la creatividad nos ha pillado a cada uno in fraganti en medio de nuestra cotidianidad. ¡A saber qué estaba haciendo aquél “detrás del ganado” cuando lo eligió rey de Israel! Sin embargo, parece que Natanael en la higuera estaba aprovechando el tiempo. A Marta todos la hemos aplaudido alguna vez y comprobamos sonrojados que Jesús elogia a María, con lo que nuestro pensar suele ser errático y opuesto al de él.
Es por eso por lo que hay niveles distintos de respuesta a las responsabilidades ministeriales, o sencillamente eclesiales, en una misma comunidad de fieles. No vamos todos en el mismo carril. No somos un tren. No hay velocidad estable ni constante. El símil visual apenas serían las olas del mar rompiendo en la arena: ¿Rompen todas a la vez? ¿Avanzan en perfecta simetría, o más bien andan de lado, cada cual soportando sus presiones, su peso específico y sus propias emociones?
¿Acaso el Creador ha hecho un par de seres humanos exactos en toda su vida? Un mellizo carpintero y el otro afinador de pianos. El interior era distinto a pesar que los dos eran como gotas exactas de agua.
En la parábola aquella, el señor reparte entre sus jornaleros distintos talentos porque hay distintas capacidades. Reyes gobernando distinto número de ciudades. Cada cual supo, quiso y pudo rendir de manera distinta. Se autoimpusieron un régimen disciplinar diferente que dio resultado distinto.

Planteado el dilema
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”
o bien:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
Se debe releer, o plantear de otro modo:
Trabajo para el Señor, vivo y amo para el Señor, estudio, examino y mantengo conversaciones teniendo en cuenta que es su vida en la mía. Ofrendo para el Señor, porque es lo lógico: todos mis recursos son de Él. El Señor me pedirá cuentas de mi entrega al cien por cien. Es mi responsabilidad exigirme eficiencia y amor, eficacia y paciencia.
El dilema trata de la eficacia, ¿Un oculto sabor entre el fruto del Espíritu?
Es verdad: En el “fruto del Espíritu” que destila el discípulo de Jesús, encontramos sabores y matices como el amor, el gozo, la paz, la benignidad... ¿No está por ahí “la eficacia”?
Una pregunta más completa: ¿Las Escrituras tratan de ‘la eficacia’?
(Naturalmente, acepto aportaciones y réplicas).

Convenio colectivo personalizado a medida y el lanzallamas programado.
Es como si el rédito de la obra de toda nuestra vida haya de ser contabilizado en otro departamento que hay mucho más arriba de las nubes. Nuestro “haber” no es motivo de interés. Hay un lanzallamas preparado para probar todas mis obras y serán pasadas por el fuego y se quemaran —algunas, pocas, muchas...¿todas?—, como hojarasca entre las obras del tipo “b”, que son las realizadas aparte del convenio . Porque hay un convenio laboral que determina bastante bien el organigrama de lo que hay que hacer y cómo.
¡Ay, ese Libro de Cuentas del Reino de los Cielos!
Contiene axiomas como: “La fe sin obras es igual a cero” y “La fe con obras suma un punto que se suma a un -1 de mi vida anterior y el resultado vuelve a ser igual a cero”. Es decir, que bajo la mera perspectiva humana no te enteras de nada, pero desde la divina: “... lo menos que puedes hacer es hacer lo que debes”, porque, si no, te juegas mucho pellejo.
¿No es así?: Si hacemos lo que debemos no somos más que siervos inútiles.
Por ejemplo, la cuestión de amar al pesado, al inaguantable y al que no te quiere bien. Jesús habló con respecto a amar a los enemigos y dijo que si amábamos a los de casa, a los amigos... ¡claro! ¡Eso era natural! ¡Ese es el punto de partida! Pero... ¿Qué hacéis de más?, instiga Jesús, porque esto más que un reto es instigación dura cual YHVH del Antiguo Testamento. Y ésta es precisamente la cuenta del Libro de Obras hechas con responsabilidad.
Con esto ya podemos ir tirando millas que hay trabajo para hacer y podemos pasar buenos ratos devaneándonos los sesos con la utilidad de nuestras vidas. ¿Son de bendición para los demás? Nuestra existencia aquí en la tierra ¿Está respondiendo a los planes de Dios?
¿Estoy respondiendo con mi vida a sus expectativas?
¡Ah, mi querido amigo! Aquí entramos en la teología de la Omnipotente Sabiduría de Dios.
No hace falta que le demostremos nada a Dios. Ya sabe nuestro final. Conoce el veredicto de si ha de ser de vida o de muerte eterna. Si es así, ¿Por qué nos llamó? ¿Por qué nos salvó? ¿Por qué nos apela en nuestras conciencias a seguirle de modo más coherente, más fieles y con más entrega?
(Selah).
Aquí, lo sano es temblar ante su Soberanía. Nos concedió intelecto para hacernos las preguntas correctas. El mundo helénico gustaba de pensar por el puro placer de discurrir. Quizás no importaban tanto las respuestas como las grandes preguntas.
Por eso hemos de retornar a tu planteamiento:
“El trabajo en la obra del Señor es voluntario y no puede exigirse responsabilidad”.

¿Sabes? Lo que si pienso es que “cada uno debe exigirse responsabilidad”.
Ya… pero mientras somos cuatro los que hacemos todo el trabajo ¿qué ocurre con los que no tienen sus niveles de autoexigencia en posición de alerta? ¿Qué ocurre con los que no se exigen? ¿Pocas luces? ¿Es el regular proceso de gestación cristiana? ¿Quizás, cuando pasó un periodo de “gestación” sin madurar, se entró en una especie de invalidez crónica espiritual, como quien tiene una mórbida enfermedad?
No lo sé. A más de uno le tiene encadenada alguna dependencia, algún pecado.
Si es así, no te alcanza para gestionar un cambio de presión, de escenario, de rutina
perjudicial, y te hundes más y no te curas nunca.

Botiquín a mano y no usar los remedios
Y no: Dios no cura estas cosas para las que ya ha provisto sanidad...
Los medios de gracia deben aplicarse con todo rigor según la posología que se indica.
Cuestión de hábito: no dejes de reunirte con los demás discípulos alrededor del Señor.
Cuestión de rango social: no vayas a tener más consideración sobre ti mismo que respecto a los demás.
Cuestión de tener la perspectiva general y más amplia: amar sin reparo, a cada redimido de la familia de Dios, auxiliando, intercediendo, haciendo el samaritano no solamente con los ajenos y desconocidos, sino también con los propios y mayormente con la familia de la fe.


Dios no cura aquello que debe curar la propia iglesia en su seno.
Porque la iglesia es un hospital lleno de enfermos y tarados, entre los cuales estoy yo, y estás también tú. Un dispensario de urgencias muy a menudo para aquél y el otro. A pesar de las apariencias: el más impecable está apañado por dentro. Sea el de corbata, como el que aún aprende a asearse. Tanto el chaval que es tan simpático, como el que no abre boca. Cada cual se sabe sus dolencias por tratar (¡Vaya!... ¡Supongo! Al menos, yo bien que conozco las mías. El salmista dijo: “El mal está siempre delante de mí”).
Y, para referirse a males y a las piedras del camino para tropezar, es precisamente Jesús quien nos advierte de que ahí están cada día: “Cada día trae su propio mal”, y del Embrollador:
“… líbranos del maligno”. Es decir: ¡Hay tela- tela, para tejer!
(Selah)
Discúlpame la digresión… ¿Cuál era la otra parte del dilema?:
“El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir y debemos exigir responsabilidad”.
¡Ah sí!... No sé…Quizás deba releerse, o plantear de otro modo.
Aquel que exige responsabilidad, ¿sumerge a los demás en un sectario mar sin oxígeno?
En un mar así, probablemente sólo podrían nadar a placer especimenes acorazados y resistentes contra todo, que han sabido exigir y ganar, exigir y llevar cautivos a pobres subyugados que débilmente se prestan a ello. No seré yo quien lo califique de tiranías en la pastoral. Bien me guardaré del cayado y la vara. Para algunos la cosa es: como hay quien se deja llevar, llevémoslos hasta el barranco y que se despeñen. ¡Cuidado con los hermanos débiles! Paul Tournier lo expresó en su libro Los débiles y los fuertes. Hay discípulos débiles (que no significa tontos, ni sedados). Son solamente débiles, - pueden estar rabiando por dentro por la situación de esclavitud emocional en la que se les mantiene en su celda religiosa-. Débiles que se aferran a esta desgracia de relación enfermiza y no salen de su malestar. Es como estar encerrado en pleno campo.
Si, habrá  que exigir responsabilidad, pero no toda suerte de exigencias vale. La clase de liberación y de celda es precisamente ésta la que Jesús vino a abrir y a romper. Porque ya sabes que esto de que en el Reino de los Cielos haya prisioneros es falso. Una de las atenciones del Siervo enviado por YHVH en Isaías —recuerda que Jesús se identifica totalmente con él— es precisamente liberar a los cautivos. Por desgracia, hay extrañas sinergias de líderes religiosos que apresan más que libertan. Esa actividad la detesta YHVH, no le va nada de nada. Se lo dijo un día al profeta Isaías, quien no tuvo más remedio que dejarlo bien escrito: “... soltar las coyundas del yugo”, es decir, romper las cadenas de la injusticia y toda atadura. Y, en otro lugar, el Siervo sufriente venía a dar: ‘libertad a los cautivos’. ¡Ya se pueden agarrar bien los pastores sin compasión por falta de comprensión! (Zac 11:5)

El ministerio y la EXIGENCIA
Mira, te voy a dar la razón: El trabajo en la obra del Señor es nuestra razón de vivir.
Y te doy la razón en cuanto a la EXIGENCIA. ¿Sabes por qué? Porque eso forma parte del “duro trato al cuerpo” que a su vez linda con “tomar tu cruz”, apechugar con la parte de peso propio que comporta seguir a Cristo. La EXIGENCIA pasa por todas estas calles. Ahora bien:
La EXIGENCIA tiene un sentido unidireccional y forma una recta, porque parte de un punto y va a otro: Sale de mí mismo y acaba en el bien a los demás. Si te gusta te la dibujo en forma de árbol: Sale de mi interior y se desplaza hacia cualquier tipo de necesidad para suplirla.
Sí, sí. Sin duda: Te doy la razón en la EXIGENCIA: debemos exigirnos con incondicional entrega a los demás. Exigirnos con enérgica resolución. Someternos a los hermanos. Activar todos los resortes morales para que sepamos ser el último mono de la fiesta, el pringado que se pone el delantal y quita la mugre que llevan los demás entre los dedos, de andar por ahí y recoger todo el lamentable polvo del mundanal camino. Y obligarme a girar la cabeza ante espejos de feria que me ilustran más alto, más guapo y más fiel que mi hermano, porque siempre el otro puede ser mí hermano mayor en el Reino de los cielos.
Debemos exigirnos lanzar por la borda todas nuestras aprehensiones y escrúpulos para que nuestro afecto fraternal nunca, nunca —insisto: nunca— sea falso, o fingido.
Debemos exigirnos con disposición de nuestra cuenta corriente para lo que haga falta.
Debería caérsenos el bolígrafo de la mano en un momento fijado del día; llevar el cursor que mueve el mouse hasta “Inicio” para cerrar el ordenador cuando el reloj marca las horas justas. “Las horas justas” ¿No te suena esto a una novela? Quizás se trate de una serie de conferencias que traten de la debida reestructuración de mi horario para que no castigue a nadie con mis ausencias, mis retrasos y mis interrupciones.
Esa es la responsabilidad a exigir: la mía propia, “mi responsabilidad”, la “autoexigencia de responsabilidad”.
Ahora bien, quizás la paciencia y el amor  proactivo será más útil ante la falta de responsabilidad de mi hermano torpe, más vago e indisciplinado, más pesado, o somnífero, o  latoso. Mientras esté al menos esa desproporcionada viga en mi ojo no podré acumular risitas por la mota de polvo que tiene la hermana peor vestida, -ni que llevara un ridículo florero en la cabeza-, ni la más picarona y revolucionada, -la que se hace la tonta y no lo es-, ni la provocativa -y que parece que solo tú te hayas dado cuenta-.
Cada cual es quien debe dar la justa medida de fruto del don que haya en él.
Si no —ya sabes—, vendrá el Señor y repartirá justicia. Bueno, vendrá de todas formas y repartirá retribuciones.
Pensando acerca de tu dilema parece ser que me han salido 2.300 palabras, y no sé si te das por respondido.
Vas pillando el punto ¿verdad?  Me gustaría pensar que al menos un punto… sí. ¡Nos vemos en la comunión de los santos!

En cierta ocasión pedí prestado a una creyente unos textos de estudio teológico. Después de afirmar que los prestaría me hizo llegar, de modo supuestamente inocente, un versículo del Antiguo Testamento.

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.

 

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.
    En ambos casos la Palabra de Dios no debe sustituir jamás lo que deseamos y debemos expresar verbalmente. Lo contenido en la Biblia no ha de usarse dialécticamente para reforzar nuestras ideas o argumentos; antes bien todo lo que hacemos o decimos debe ser para mutua edificación.
    En un contexto de exhortación, con el objeto de evitar contiendas sobre opiniones, Pablo advirtió: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Ro 14: 19). Por consiguiente y sin ánimo de contradecir, ofender o dañar, el análisis que viene a continuación debe ser entendido siempre como aportación crítica y nunca como destrucción o reproche.
Para una adecuada interpretación de cualquier texto debemos tener muy presente el contexto, esto es no sólo la serie de situaciones extralingüísticas , sino los mismos elementos gramaticales que preceden al pasaje objeto de estudio. En este caso puntual es conveniente hacer una lectura completa del primer capítulo del libro de Eclesiastés.
Para una correcta exégesis del texto dado es preciso realizar una sana hermenéutica que extraiga del texto lo que éste expone; en caso contrario estaremos realizando eiségesis, esto es introducir en el pasaje lo que éste no contiene.

PRIMER ANÁLISIS:
Eclesiastés comienza con un capítulo de dieciocho versículos. Previamente, como se observa, no hay antecedentes textuales; esto quiere decir que su primer contenido viene a ser un imaginario punto cero. Como epígrafes se ofrecen algunas propuestas aunque cabe la posibilidad, y no estaría del todo mal, de dejar esta antesala sin título:
-    “Todo es vanidad”
-    “Búsqueda del sentido de la vida”
-    “Primeras palabras del predicador”
-    “Vanidad de vanidades”
-    “Nada nuevo debajo del sol”
-    “Introducción”
-    “Reflexión primera”
-    “Presentación”    

El primer versículo, a modo de presentación y de llamada que pretende captar la atención (captatio benevolentiae), explica implícitamente que las palabras que van a seguir a continuación son de un autor que se define a sí mismo como el Predicador  y que, por tanto, deben ser oídas; en este caso leídas. Concluye, en el segundo verso, lo que va a ser el hilo conductor (leif motiv) de todo el libro. En el tercero nos encontramos la primera gran invitación a la reflexión de tipo existencial: ¿qué provecho tiene el hombre de todo su duro trabajo con que se afana debajo del sol? Seguidamente se nos desvela una descripción del acontecer vital en la que, tomando a la misma naturaleza para aplicar el hecho existencial, recurre a símiles (vv. 4-11).
Después de enunciar el autor su propia identidad (v. 12), en primera persona del singular, nos revela su devenir de carácter filosófico (v. 13a) cuando afirma que ha dedicado su corazón a inquirir  y a buscar  todo lo que hace el ser humano debajo del cielo, es decir, sobre la tierra; este primer apartado denota la puesta en acción o praxis de la filosofía en estado puro, el segundo como estructura sintagmática dependiente de la anterior se constituye en referencia clave para llegar a entender contextualmente el pasaje propuesto: “este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.”. Ahora bien, esta búsqueda diligente (“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol”; v. 14a) produce resultados concretos: y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. (v. 14b). Implícitamente el verbo ‘mirar’ designa “observar con detenimiento para descubrir un aspecto profundo”; asimismo, la ‘aflicción de espíritu’ puede ser entendida, como admite otra traducción, por un “correr tras el viento”.
Lo que no tiene solución para el ser humano, el hombre no lo puede resolver (v. 15). Esto encuentra su par antitético  en una afirmación neotestamentaria de Jesús: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lc 18: 27).
    La narración nos conduce al reconocimiento de engrandecimiento y aumento de sabiduría personales (v. 16a); este autoexamen muestra que el corazón del narrador omnisciente y autobiográfico ha percibido  mucha sabiduría y ciencia (v. 16b); nótese que el verbo empleado es ‘percibir’ y no otro. Como puede deducirse el predicador dedicó su corazón a ‘conocer’ la sabiduría y la ciencia, pero también a entender sus antítesis: locura y desvarío (v. 17). Ha llegado a comprender, por la razón empírica que contiene la experiencia que otorga la existencia, que aun esto es conflicto de espíritu “porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor” (v. 18). El segundo capítulo esboza, en síntesis, la vanidad del hedonismo.

SEGUNDO ANÁLISIS: Debemos realizar una lectura consecuente en el texto bíblico
porque solemos hacer una rápida aplicación sin previa meditación reflexiva que, la mayor parte de las veces, poco o nada tiene que ver con la idea original que el escritor, y en última instancia Dios como inspirador, tuvo en mente al escribirlo. Se debe analizar qué (contenido) y cómo (estructura) se dice.
    Si atendemos a la narración el contexto mayor se inicia en el primer versículo del capítulo y discurre hasta el tercero; a partir del cuarto y hasta el undécimo la materia descriptiva nos propone que se entienda el argumento. A partir del duodécimo Salomón analiza con honestidad su propia experiencia personal que le lleva a la definición argumental de que “todo es vanidad o aflicción de espíritu” del verso décimo cuarto. Así el resultado final del pasaje estudiado (v. 18) viene a ser la conclusión del tema desarrollado previamente en los versos 16-17 y perfectamente fundamentado en los versículos 13 y 14.
En este punto conviene retomar el segundo capítulo para comprobar a qué aludía el primero: las obras que habían hecho sus manos y el trabajo que tomó para hacerlas; he aquí que también esto era vanidad y aflicción de espíritu (v. 11a), y sin provecho debajo del sol (v. 11b). ¿Invita al nihilismo o al escepticismo? ¿Quiere esto decir que es mejor no hacer nada? No.

REFLEXIÓN:
Como se desveló anteriormente en Ec 1: 13b Dios concedió este penoso trabajo de inquirir y buscar, esto es estudiar, para que nos ocupáramos en él. ¿Puede contradecirse el ser supremo? En absoluto.
    En duros reproches contra sus escogidos el capítulo cuarto del libro del profeta Oseas advierte que el Altísimo estaba contendiendo con los moradores de la tierra porque no había verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios (Os 4: 1); recuerda que el pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento y que, por cuanto se desechó este conocimiento, el Todopoderoso también le destituiría del sacerdocio (Os 4: 6). Este texto debe ayudarnos a meditar en torno a la conveniencia o no de inquirir en las cosas divinas.
    Muchas veces se escuchan ecos de disparos acompañando al texto “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Cor 8: 1b) porque por algún extraño y dudoso interés no se nos ha mostrado la verdad completa -por tanto, mentira- que se desprende de la lectura total del versículo:

En cuanto a lo sacrificado a los ídolos,
sabemos que TODOS tenemos conocimiento.
El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Cor 8: 1)


¿Quiere decir que estamos todos envanecidos? No. La narración a los corintios viene dada en un contexto muy específico. El apóstol enviado a los gentiles está respondiendo a preguntas suscitadas; se espera, de los que poseen conocimiento de la verdad, un comportamiento adecuado y no beligerante en torno a lo lícito o ilícito de comer ciertas viandas, para no ser tropiezo a los débiles.

Por un lado a los judíos les estaba tajantemente prohibido comer carnes inmoladas a los ídolos (compárese con Ap 2: 14, 20) y, por otro, se detecta la presencia del peligroso pensamiento gnóstico que tanto influjo fue adquiriendo e imponiendo en la naciente iglesia cristiana y contra quien se levantó el apóstol Juan. La verdadera gnosis (??????), o ‘conocimiento’ que refiere el versículo, se ampara en el fundamento de que el individuo es reconocido por Dios y se realiza en el amor de Dios; no permite al hombre tomar decisiones correctas porque esto conlleva envanecimiento y orgullo. Así la gnosis bien entendida es algo concluido, es un perfeccionismo; este es el conocimiento que se reprocha.
    Otro legado paulino es esgrimido muchas veces como amenaza contra aquellos que estudian: “la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Cor 3: 6). Como en el caso anterior, la verdad no ha sido expuesta en toda su plenitud; sólo se muestra un aspecto que se quiere destacar:

En el cual asimismo nos hizo ministros
competentes de un nuevo pacto,
no de la letra, sino del espíritu;
porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.


Si atendemos con seriedad a esto comprobaremos que NADA tiene que ver con lo que se pretende argüir.
El nuevo pacto se constituye en la disposición a través de la cual se asientan las bases de una nueva relación entre Dios y los hombres. El Padre ha dispuesto que para este nuevo vínculo se instituya la iglesia; de este modo la iglesia misma se constituye en la nueva disposición. La letra es lo escrito; es decir, lo que la Ley escrita de Dios contenía como válido hasta ahora (haciendo una interpretación de Jer 31: 31-36). Los genitivos griegos ?????? (gramma, ‘letra’) y ?????? (pneuma, ‘espíritu’) expresan lo que es dado por la disposición divina; al tratarse de algo escrito, el ser humano queda abandonado a su suerte y esto no puede conducir a otro camino que a la condenación de la muerte porque incumplimos lo legal. Sin embargo, el Espíritu ha sido dado para dar vida o vivificar. El verbo ‘matar’ (?????????, apocteino) contiene el sentido de “condenación legal”; por esta razón la letra de la Ley es la que mata, no la letra concebida como estudio o lectura. Y este error interpretativo tan corriente, como otros, es algo muy serio.

CONCLUSIÓN:

Una vez expuesto todo lo anterior se espera y desea que haya quedado clara la intención de aportar luz al esclarecimiento del versículo 18 del primer capítulo del libro de Eclesiastés o “El predicador”:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    Otra traducción admite:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha frustración;
y quien añade conocimiento, añade dolor. (Ec 1: 18)



Quedó patente que en la mucha sabiduría había mucha molestia o frustración (v. 18a), porque dedicarse a analizar los comportamientos y actitudes humanos (v. 14a) conlleva captar incoherencias, injusticias, desórdenes, egoísmo, orgullo, hipocresía, vanidad, soberbia, mentira, lujuria, pesimismo, apatía, hedonismo, ateísmo, escepticismo, guerra, violencia y otros conceptos nada halagüeños que residen en la misma condición de la naturaleza caída (v. 14b) del hombre (en sentido genérico). Asimismo pudo comprobarse que quien añadía ciencia, esto es conocimiento, añadía dolor (v. 18b); porque incorporar a tu saber elemental todas estas observaciones procedentes de los comportamientos que te rodean sólo puede acarrear, siempre que tengas un mínimo de sensibilidad, dolor, tristeza, desazón y desánimo.
    En resumen, Ec 1: 18 no propone que estudiar teología o cualquier otra disciplina sea negativo o contraproducente. Tal vez, si tenemos en cuenta el contexto inmediato, el versículo 13b nos esté dando la respuesta a todo esto: estudiar es una penosa tarea que se nos ha dado para que nos ocupemos de ella. Así que inquirir y escudriñar son serias labores que el mismo Dios nos ha encomendado.
En la primera epístola a los de Corinto el apóstol Pablo, iniciando una argumentación, propone (1 Cor 10: 23): Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica; a lo que añade: Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Cor 10: 24). Esta concatenación textual viene dada con la intención de mostrar que es lícito estudiar pero que no todo estudio sirve para edificación; asimismo, que si el estudio que se realiza es para buscar el bien ajeno y la edificación de la iglesia, es doblemente lícito.

El hombre de forma consiente o inconsciente se hace estas  preguntas: ¿Por qué estoy aquí? ¿De dónde vengo? ¿Hacia donde voy?. Existe varias especulaciones como respuestas, pero la mejor es la  revelación. Si yo tuviera en mis manos un invento que nunca habías visto jamás, tú no tendrías la menor idea del propósito de su creación. La única manera cierta de saber su propósito sería de preguntarle al inventor, la persona que lo creó, o leer el manual del usuario. Lo mismo pasa con la vida.  La Biblia es el manual del usuario de la vida y tu Creador es Dios.  La única manera de conocer los siete propósitos de Dios para nuestras vidas es si empiezas a conocerle más y más, deseo  compartir mi experiencia de crecimiento espiritual  y transmitir de alguna manera lo que el Espíritu Santo está obrando en mi vida a través del estudio de los siete propósitos. No pretendo que esto sea un manual  sino una guía para que cada uno llegue a tener un encuentro personal con nuestro Creador  Espero que decidas comenzar este viaje hoy.

HEREDEROS.-  Ser herederos es la consecuencia de haber sido reconocidos hijos de Dios, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”(Ro.8-14) . Pero para participar de la herencia hay una cláusula (Ro.8-17)“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Por que esta condición, es que no vasta el simple hecho de ser hijos, ya creí en Cristo, etc, y es suficiente  para participar de la herencia. Explicaré por que hay condiciones Dios sabe quienes son sus hijos, pero hay una cosa importante que el corazón es engañoso y perverso más que todas las cosas, entonces Dios nos deja en esta cláusula de su herencia y nos dice, que si realmente somos hijos vas a estar dispuesto a padecer con Cristo, vas aguantar la persecución, la burla de tus amigos, tu familia, tus compañeros etc., por que esta es la única condición para recibir la herencia.

 


Sucede que en esta vida caminamos sin ver las bendiciones que Dios tiene para cada uno de nosotros, por eso el Apóstol Pablo en su Carta a los Efesios 1.15-18, hace la siguiente oración: “1:15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 1:16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 1:17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 1:18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”. En otras palabras no todo los cristianos tenemos la luz suficiente para poder ver con los ojos espirituales la riqueza en el mundo que no se ve y tenemos como única realidad lo que se ve que es temporal, Me dirás que la herencia es eterna pero en el Salmo 23 encontramos que la herencia ya la podemos disfrutar en esta vida y también en la vida eterna  23:6   Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días. En consecuencia debemos comprender que el bien y la misericordia deben acompañarnos para ser merecedores de heredar bendición, Veamos  (1 Pedro 3.8-10) 3:8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 3:9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 3:10 Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos,  Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; , sabiendo que del señor recibiréis la recompensa de la herencia por que a Cristo el señor servís (Col. 3.24). Finalmente veremos las características de la herencia que Cristo nos promete. (1 Pedro 1. 3-4) 1:3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,: Describiendo cada una de ellas tenemos: Incorruptible, que no se puede corromper pudrir. Incontaminada, sin mancha sin contaminar. Inmarcesible, sin que se desvanezca o nunca desaparecerá, reservada en el cielo para vosotros guardada con la seguridad de que nadie la pueda tocar.


CONCLUSION.- Para disfrutar de la herencia, necesitamos el alumbramiento del Espíritu en nuestras vidas, por medio  de la oración y la lectura de la palabra de Dios y comprendiendo que el bien y la misericordia deben ser nuestros compañeros inseparables durante el resto de nuestra vida cristiana.  Amen

Por poco que nos guste el cine casi todos hemos visto o hemos oído hablar de la película de Berlanga "Bienvenido mister Marshall". Fue todo un símbolo de una época que, con el paso del tiempo, la realidad ha superado a la ficción.


La vida americana forma ya parte de nuestra vida y promete ocupar cada vez más espacio.

Algunos ejemplos.

La ciudad que acoge un encuentro de moteros de la Harley-Davidson se siente privilegiada. Los niños y niñas de nuestras escuelas celebran orgullosos el Halloween. Cada vez hay más escuelas y más centros universitarios que organizan el Graduation Day (día de la graduación académica) y cuando terminan todo el mundo lo celebra bailando el line-dance (música country). Los jóvenes ya no piden una magdalena sino cupcakes. Los novios alquilan una limusina para celebrar San Valentín. Y los que aman las rebajas esperan el Black Friday (viernes de rebajas) como flor de mayo.

¿Será por esta razón que hay organizaciones cristianas o comunidades locales que también celebran San Valentín? ¿Será por esta razón que a las "quedadas" de la gente joven se llevan cupcakes? O ¿será por esta razón que la gente de iglesia baila el line-dance?

En un mundo globalizado no es de extrañar nada todo esto. Como tampoco es de extrañar que gente de nuestro país celebre fiestas de otros países que nada tienen que ver con nosotros.

Este mimetismo cultural será bueno para unos, malo para otros e irremediable para la mayoría.

Es evidente que la Iglesia no se puede cerrar a la evolución de nuestra sociedad lo que no es ni bueno en sí mismo ni tampoco lo contrario.

En este contexto lo que sí debemos de tener muy claro desde la Iglesia es la necesidad de hacer una pedagogía potente que ayude a saber distinguir entre fe y cultura.

Y lo más importante.

No fijar nuestra fe en una expresión cultural.

Esta ha sido una lección que nos ha costado mucho aprender y que ahora corremos el peligro de caer en el mismo error.

¿Por qué lo digo todo esto?

Pues porque parece que hay gente que si la alabanza no se hace con determinada música no está alabando a Dios. U otros, en sentido contrario, que cuando la liturgia se actualiza ya no es verdadera liturgia. O, incluso, se espera que la Comunidad Local repita el último modelo cúltico que se ha importado de los Estados Unidos.

Tal y como enseña la Biblia en Primera a los Tesalonicenses 5, 21 "examinadlo todo y quedaos con lo bueno".

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