A los europeos nos gusta mirar el mundo mirándonos a nosotros mismos. Creemos que lo que nos pasa a nosotros es lo que ocurre en el resto del mundo. Y, una vez más, los europeos o algunos europeos -para evitar generalizaciones- nos equivocamos.

Es cierto que la Iglesia Luterana Alemana y que la Iglesia Católica del mismo país, por citar un ejemplo contrastado, cada año pierden unos 120.000 miembros cada una de ellas. Pero también es cierto que el cristianismo crece a un ritmo sorprendente incorporando cada día cerca de 90.000 nuevas personas.

Esta vitalidad cristiana no es exclusiva de una de sus ramas, sino que abarca su totalidad. Cada día hay 43.000 nuevos protestantes en el mundo, 35.000 nuevos católicos, 5.000 nuevos ortodoxos y 4.000 nuevos anglicanos.

Para aquellas personas a las que les gusta rebajar las estadísticas podemos descontar de las referencias anteriores un 10 o un 20% pero, sea cual sea la cifra que decidan escoger, lo cierto es que nadie puede dudar de la vitalidad actual del cristianismo.

En cifras absolutas dicen las estadísticas que en el mundo hay unos 1.200 millones de católicos, cerca de 800 millones de protestantes, unos 275 millones de ortodoxos, 90 millones de anglicanos y unos 35 millones de otros cristianos.

En total hay en el mundo unos 2.325.000.000 cristianos y unas 4.131.000.000 personas que profesan otras religiones las cuales, en su mayoría, también crecen.

¿Qué quiero aportar con estas estadísticas?

Primero, quisiera dejar constancia de la vigencia de la espiritualidad en nuestro mundo.

Segundo, también quisiera contribuir a aclarar que la parcial desafección cristiana de los europeos es un fenómeno regional y no global.

Tercero, hay que constatar que en este momento histórico, y no siempre ha sido así tal como demuestra la historia de las misiones, una parte bastante significativa del protestantismo experimenta un crecimiento espectacular.

Toda esta realidad espiritual debería ayudarnos a los creyentes a vivir nuestra propia fe

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