El hombre de forma consiente o inconsciente se hace estas  preguntas: ¿Por qué estoy aquí? ¿De dónde vengo? ¿Hacia donde voy?. Existe varias especulaciones como respuestas, pero la mejor es la  revelación. Si yo tuviera en mis manos un invento que nunca habías visto jamás, tú no tendrías la menor idea del propósito de su creación. La única manera cierta de saber su propósito sería de preguntarle al inventor, la persona que lo creó, o leer el manual del usuario. Lo mismo pasa con la vida.  La Biblia es el manual del usuario de la vida y tu Creador es Dios.  La única manera de conocer los siete propósitos de Dios para nuestras vidas es si empiezas a conocerle más y más, deseo  compartir mi experiencia de crecimiento espiritual  y transmitir de alguna manera lo que el Espíritu Santo está obrando en mi vida a través del estudio de los siete propósitos. No pretendo que esto sea un manual  sino una guía para que cada uno llegue a tener un encuentro personal con nuestro Creador  Espero que decidas comenzar este viaje hoy.

HEREDEROS.-  Ser herederos es la consecuencia de haber sido reconocidos hijos de Dios, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”(Ro.8-14) . Pero para participar de la herencia hay una cláusula (Ro.8-17)“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Por que esta condición, es que no vasta el simple hecho de ser hijos, ya creí en Cristo, etc, y es suficiente  para participar de la herencia. Explicaré por que hay condiciones Dios sabe quienes son sus hijos, pero hay una cosa importante que el corazón es engañoso y perverso más que todas las cosas, entonces Dios nos deja en esta cláusula de su herencia y nos dice, que si realmente somos hijos vas a estar dispuesto a padecer con Cristo, vas aguantar la persecución, la burla de tus amigos, tu familia, tus compañeros etc., por que esta es la única condición para recibir la herencia.

 


Sucede que en esta vida caminamos sin ver las bendiciones que Dios tiene para cada uno de nosotros, por eso el Apóstol Pablo en su Carta a los Efesios 1.15-18, hace la siguiente oración: “1:15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 1:16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 1:17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 1:18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”. En otras palabras no todo los cristianos tenemos la luz suficiente para poder ver con los ojos espirituales la riqueza en el mundo que no se ve y tenemos como única realidad lo que se ve que es temporal, Me dirás que la herencia es eterna pero en el Salmo 23 encontramos que la herencia ya la podemos disfrutar en esta vida y también en la vida eterna  23:6   Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días. En consecuencia debemos comprender que el bien y la misericordia deben acompañarnos para ser merecedores de heredar bendición, Veamos  (1 Pedro 3.8-10) 3:8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 3:9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 3:10 Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos,  Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; , sabiendo que del señor recibiréis la recompensa de la herencia por que a Cristo el señor servís (Col. 3.24). Finalmente veremos las características de la herencia que Cristo nos promete. (1 Pedro 1. 3-4) 1:3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,: Describiendo cada una de ellas tenemos: Incorruptible, que no se puede corromper pudrir. Incontaminada, sin mancha sin contaminar. Inmarcesible, sin que se desvanezca o nunca desaparecerá, reservada en el cielo para vosotros guardada con la seguridad de que nadie la pueda tocar.


CONCLUSION.- Para disfrutar de la herencia, necesitamos el alumbramiento del Espíritu en nuestras vidas, por medio  de la oración y la lectura de la palabra de Dios y comprendiendo que el bien y la misericordia deben ser nuestros compañeros inseparables durante el resto de nuestra vida cristiana.  Amen

Si analizamos el último informe sobre transparencia internacional rápidamente nos daremos cuenta de la correlación que existe entre transparencia, es decir: comportamiento social ético, y protestantismo.

Los 10 primeros países de la tabla todos son de raíz protestante:

1. Dinamarca 91 puntos

2. Finlandia 90 puntos

3. Suecia 89 puntos

4. Nueva Zelanda 88 puntos

5. Holanda 87 puntos

6. Noruega 87 puntos

7. Suiza 86 puntos

8. Canadá 83 puntos

9. Reino Unido 81 puntos

10. Alemania 81 puntos

Incluso hoy en día, cuando la práctica religiosa en la parte europea de la lista ya no es la que era, la ética social se mantiene en unos niveles más que admirables en todos estos países.

Pero no es suficiente remarcar lo dicho, sino preguntarnos cómo llegan hasta este punto.

En cierta ocasión pedí prestado a una creyente unos textos de estudio teológico. Después de afirmar que los prestaría me hizo llegar, de modo supuestamente inocente, un versículo del Antiguo Testamento.

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.

 

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    En realidad no comprendí, ni aún hoy comprendo, por qué razón envió este texto la hermana en la fe. Al menos dos opciones compiten por llegar a mi entendimiento: Me tiene por sabio y es consciente de lo doloroso y ajetreado que es profundizar en los estudios o bien considera que el estudio teológico no es fructífero y, por tanto, es duro hacer algo que no ha de ser provechoso.
    Si al primer supuesto se refería he de apuntar que nada más lejos de la realidad; no soy sabio, si al saber filosófico del ser humano aludía, mis hechos me delatan: he tenido una vida con serios altibajos, plagada de actos que denotan inestabilidad y falta de coherencia. Si la alusión iba relacionada con el segundo apartado este breve análisis tendrá su razón de ser.
    En ambos casos la Palabra de Dios no debe sustituir jamás lo que deseamos y debemos expresar verbalmente. Lo contenido en la Biblia no ha de usarse dialécticamente para reforzar nuestras ideas o argumentos; antes bien todo lo que hacemos o decimos debe ser para mutua edificación.
    En un contexto de exhortación, con el objeto de evitar contiendas sobre opiniones, Pablo advirtió: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Ro 14: 19). Por consiguiente y sin ánimo de contradecir, ofender o dañar, el análisis que viene a continuación debe ser entendido siempre como aportación crítica y nunca como destrucción o reproche.
Para una adecuada interpretación de cualquier texto debemos tener muy presente el contexto, esto es no sólo la serie de situaciones extralingüísticas , sino los mismos elementos gramaticales que preceden al pasaje objeto de estudio. En este caso puntual es conveniente hacer una lectura completa del primer capítulo del libro de Eclesiastés.
Para una correcta exégesis del texto dado es preciso realizar una sana hermenéutica que extraiga del texto lo que éste expone; en caso contrario estaremos realizando eiségesis, esto es introducir en el pasaje lo que éste no contiene.

PRIMER ANÁLISIS:
Eclesiastés comienza con un capítulo de dieciocho versículos. Previamente, como se observa, no hay antecedentes textuales; esto quiere decir que su primer contenido viene a ser un imaginario punto cero. Como epígrafes se ofrecen algunas propuestas aunque cabe la posibilidad, y no estaría del todo mal, de dejar esta antesala sin título:
-    “Todo es vanidad”
-    “Búsqueda del sentido de la vida”
-    “Primeras palabras del predicador”
-    “Vanidad de vanidades”
-    “Nada nuevo debajo del sol”
-    “Introducción”
-    “Reflexión primera”
-    “Presentación”    

El primer versículo, a modo de presentación y de llamada que pretende captar la atención (captatio benevolentiae), explica implícitamente que las palabras que van a seguir a continuación son de un autor que se define a sí mismo como el Predicador  y que, por tanto, deben ser oídas; en este caso leídas. Concluye, en el segundo verso, lo que va a ser el hilo conductor (leif motiv) de todo el libro. En el tercero nos encontramos la primera gran invitación a la reflexión de tipo existencial: ¿qué provecho tiene el hombre de todo su duro trabajo con que se afana debajo del sol? Seguidamente se nos desvela una descripción del acontecer vital en la que, tomando a la misma naturaleza para aplicar el hecho existencial, recurre a símiles (vv. 4-11).
Después de enunciar el autor su propia identidad (v. 12), en primera persona del singular, nos revela su devenir de carácter filosófico (v. 13a) cuando afirma que ha dedicado su corazón a inquirir  y a buscar  todo lo que hace el ser humano debajo del cielo, es decir, sobre la tierra; este primer apartado denota la puesta en acción o praxis de la filosofía en estado puro, el segundo como estructura sintagmática dependiente de la anterior se constituye en referencia clave para llegar a entender contextualmente el pasaje propuesto: “este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.”. Ahora bien, esta búsqueda diligente (“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol”; v. 14a) produce resultados concretos: y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. (v. 14b). Implícitamente el verbo ‘mirar’ designa “observar con detenimiento para descubrir un aspecto profundo”; asimismo, la ‘aflicción de espíritu’ puede ser entendida, como admite otra traducción, por un “correr tras el viento”.
Lo que no tiene solución para el ser humano, el hombre no lo puede resolver (v. 15). Esto encuentra su par antitético  en una afirmación neotestamentaria de Jesús: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lc 18: 27).
    La narración nos conduce al reconocimiento de engrandecimiento y aumento de sabiduría personales (v. 16a); este autoexamen muestra que el corazón del narrador omnisciente y autobiográfico ha percibido  mucha sabiduría y ciencia (v. 16b); nótese que el verbo empleado es ‘percibir’ y no otro. Como puede deducirse el predicador dedicó su corazón a ‘conocer’ la sabiduría y la ciencia, pero también a entender sus antítesis: locura y desvarío (v. 17). Ha llegado a comprender, por la razón empírica que contiene la experiencia que otorga la existencia, que aun esto es conflicto de espíritu “porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor” (v. 18). El segundo capítulo esboza, en síntesis, la vanidad del hedonismo.

SEGUNDO ANÁLISIS: Debemos realizar una lectura consecuente en el texto bíblico
porque solemos hacer una rápida aplicación sin previa meditación reflexiva que, la mayor parte de las veces, poco o nada tiene que ver con la idea original que el escritor, y en última instancia Dios como inspirador, tuvo en mente al escribirlo. Se debe analizar qué (contenido) y cómo (estructura) se dice.
    Si atendemos a la narración el contexto mayor se inicia en el primer versículo del capítulo y discurre hasta el tercero; a partir del cuarto y hasta el undécimo la materia descriptiva nos propone que se entienda el argumento. A partir del duodécimo Salomón analiza con honestidad su propia experiencia personal que le lleva a la definición argumental de que “todo es vanidad o aflicción de espíritu” del verso décimo cuarto. Así el resultado final del pasaje estudiado (v. 18) viene a ser la conclusión del tema desarrollado previamente en los versos 16-17 y perfectamente fundamentado en los versículos 13 y 14.
En este punto conviene retomar el segundo capítulo para comprobar a qué aludía el primero: las obras que habían hecho sus manos y el trabajo que tomó para hacerlas; he aquí que también esto era vanidad y aflicción de espíritu (v. 11a), y sin provecho debajo del sol (v. 11b). ¿Invita al nihilismo o al escepticismo? ¿Quiere esto decir que es mejor no hacer nada? No.

REFLEXIÓN:
Como se desveló anteriormente en Ec 1: 13b Dios concedió este penoso trabajo de inquirir y buscar, esto es estudiar, para que nos ocupáramos en él. ¿Puede contradecirse el ser supremo? En absoluto.
    En duros reproches contra sus escogidos el capítulo cuarto del libro del profeta Oseas advierte que el Altísimo estaba contendiendo con los moradores de la tierra porque no había verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios (Os 4: 1); recuerda que el pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento y que, por cuanto se desechó este conocimiento, el Todopoderoso también le destituiría del sacerdocio (Os 4: 6). Este texto debe ayudarnos a meditar en torno a la conveniencia o no de inquirir en las cosas divinas.
    Muchas veces se escuchan ecos de disparos acompañando al texto “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Cor 8: 1b) porque por algún extraño y dudoso interés no se nos ha mostrado la verdad completa -por tanto, mentira- que se desprende de la lectura total del versículo:

En cuanto a lo sacrificado a los ídolos,
sabemos que TODOS tenemos conocimiento.
El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Cor 8: 1)


¿Quiere decir que estamos todos envanecidos? No. La narración a los corintios viene dada en un contexto muy específico. El apóstol enviado a los gentiles está respondiendo a preguntas suscitadas; se espera, de los que poseen conocimiento de la verdad, un comportamiento adecuado y no beligerante en torno a lo lícito o ilícito de comer ciertas viandas, para no ser tropiezo a los débiles.

Por un lado a los judíos les estaba tajantemente prohibido comer carnes inmoladas a los ídolos (compárese con Ap 2: 14, 20) y, por otro, se detecta la presencia del peligroso pensamiento gnóstico que tanto influjo fue adquiriendo e imponiendo en la naciente iglesia cristiana y contra quien se levantó el apóstol Juan. La verdadera gnosis (??????), o ‘conocimiento’ que refiere el versículo, se ampara en el fundamento de que el individuo es reconocido por Dios y se realiza en el amor de Dios; no permite al hombre tomar decisiones correctas porque esto conlleva envanecimiento y orgullo. Así la gnosis bien entendida es algo concluido, es un perfeccionismo; este es el conocimiento que se reprocha.
    Otro legado paulino es esgrimido muchas veces como amenaza contra aquellos que estudian: “la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Cor 3: 6). Como en el caso anterior, la verdad no ha sido expuesta en toda su plenitud; sólo se muestra un aspecto que se quiere destacar:

En el cual asimismo nos hizo ministros
competentes de un nuevo pacto,
no de la letra, sino del espíritu;
porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.


Si atendemos con seriedad a esto comprobaremos que NADA tiene que ver con lo que se pretende argüir.
El nuevo pacto se constituye en la disposición a través de la cual se asientan las bases de una nueva relación entre Dios y los hombres. El Padre ha dispuesto que para este nuevo vínculo se instituya la iglesia; de este modo la iglesia misma se constituye en la nueva disposición. La letra es lo escrito; es decir, lo que la Ley escrita de Dios contenía como válido hasta ahora (haciendo una interpretación de Jer 31: 31-36). Los genitivos griegos ?????? (gramma, ‘letra’) y ?????? (pneuma, ‘espíritu’) expresan lo que es dado por la disposición divina; al tratarse de algo escrito, el ser humano queda abandonado a su suerte y esto no puede conducir a otro camino que a la condenación de la muerte porque incumplimos lo legal. Sin embargo, el Espíritu ha sido dado para dar vida o vivificar. El verbo ‘matar’ (?????????, apocteino) contiene el sentido de “condenación legal”; por esta razón la letra de la Ley es la que mata, no la letra concebida como estudio o lectura. Y este error interpretativo tan corriente, como otros, es algo muy serio.

CONCLUSIÓN:

Una vez expuesto todo lo anterior se espera y desea que haya quedado clara la intención de aportar luz al esclarecimiento del versículo 18 del primer capítulo del libro de Eclesiastés o “El predicador”:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor. (Ec 1: 18)


    Otra traducción admite:

Porque en la mucha sabiduría hay mucha frustración;
y quien añade conocimiento, añade dolor. (Ec 1: 18)



Quedó patente que en la mucha sabiduría había mucha molestia o frustración (v. 18a), porque dedicarse a analizar los comportamientos y actitudes humanos (v. 14a) conlleva captar incoherencias, injusticias, desórdenes, egoísmo, orgullo, hipocresía, vanidad, soberbia, mentira, lujuria, pesimismo, apatía, hedonismo, ateísmo, escepticismo, guerra, violencia y otros conceptos nada halagüeños que residen en la misma condición de la naturaleza caída (v. 14b) del hombre (en sentido genérico). Asimismo pudo comprobarse que quien añadía ciencia, esto es conocimiento, añadía dolor (v. 18b); porque incorporar a tu saber elemental todas estas observaciones procedentes de los comportamientos que te rodean sólo puede acarrear, siempre que tengas un mínimo de sensibilidad, dolor, tristeza, desazón y desánimo.
    En resumen, Ec 1: 18 no propone que estudiar teología o cualquier otra disciplina sea negativo o contraproducente. Tal vez, si tenemos en cuenta el contexto inmediato, el versículo 13b nos esté dando la respuesta a todo esto: estudiar es una penosa tarea que se nos ha dado para que nos ocupemos de ella. Así que inquirir y escudriñar son serias labores que el mismo Dios nos ha encomendado.
En la primera epístola a los de Corinto el apóstol Pablo, iniciando una argumentación, propone (1 Cor 10: 23): Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica; a lo que añade: Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1 Cor 10: 24). Esta concatenación textual viene dada con la intención de mostrar que es lícito estudiar pero que no todo estudio sirve para edificación; asimismo, que si el estudio que se realiza es para buscar el bien ajeno y la edificación de la iglesia, es doblemente lícito.

La Biblia nos dice que matar es pecado. Todo libro sagrado nos dice lo mismo.

Pero si además de matar lo hacemos en nombre de Dios, faltan palabras para definir la dimensión de este pecado.

Los eventos de París, de nuevo París, y de diversas partes de la geografía nos recuerdan, de nuevo, que nuestra voz aún debe ser más alta, más fuerte y más contundente para rechazar toda esta serie de asesinatos terroristas.

Si la violencia es condenable, la violencia terrorista agota las palabras de condena.  El mundo ha enloquecido y en medio de tanto desacierto tenemos que mantener la calma.

Pero mantener la calma no significa tener que callar. Sino todo lo contrario.

Dios no es nuestro, sino todo lo contrario: nosotros somos de Él, si queremos.

Pero, queramos o no queramos, lo que es inadmisible desde el punto de vista humano o divino, es utilizar el nombre de Dios para justificar ningún tipo de violencia terrorista.

La violencia terrorista ni tiene nombre, ni tiene ideología, ni tiene ningún tipo de razón que la justifique.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de una causa justa anula la legitimidad de esta causa.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de Dios niega la religiosidad de quien lo haga. Pero la niega contundentemente.

Toda persona religiosa busca crecer en su bondad, gracias a su experiencia de espiritualidad.

Esta es una de las dimensiones más importantes de la espiritualidad.

Si nuestra espiritualidad no nos lleva a la armonía entre nosotros y Dios y entre nosotros y nuestro prójimo no es ni espiritualidad ni tampoco es religiosidad.

La ideología que pretenda justificar la violencia terrorista no podrá nunca legitimar ninguna de las acciones que, de la misma, se puedan derivar.

Necesitamos, desgraciadamente, volver a repetirlo porque es importante que no lo olvidemos ni dentro ni fuera.

A los europeos nos gusta mirar el mundo mirándonos a nosotros mismos. Creemos que lo que nos pasa a nosotros es lo que ocurre en el resto del mundo. Y, una vez más, los europeos o algunos europeos -para evitar generalizaciones- nos equivocamos.

Es cierto que la Iglesia Luterana Alemana y que la Iglesia Católica del mismo país, por citar un ejemplo contrastado, cada año pierden unos 120.000 miembros cada una de ellas. Pero también es cierto que el cristianismo crece a un ritmo sorprendente incorporando cada día cerca de 90.000 nuevas personas.

Esta vitalidad cristiana no es exclusiva de una de sus ramas, sino que abarca su totalidad. Cada día hay 43.000 nuevos protestantes en el mundo, 35.000 nuevos católicos, 5.000 nuevos ortodoxos y 4.000 nuevos anglicanos.

Para aquellas personas a las que les gusta rebajar las estadísticas podemos descontar de las referencias anteriores un 10 o un 20% pero, sea cual sea la cifra que decidan escoger, lo cierto es que nadie puede dudar de la vitalidad actual del cristianismo.

En cifras absolutas dicen las estadísticas que en el mundo hay unos 1.200 millones de católicos, cerca de 800 millones de protestantes, unos 275 millones de ortodoxos, 90 millones de anglicanos y unos 35 millones de otros cristianos.

En total hay en el mundo unos 2.325.000.000 cristianos y unas 4.131.000.000 personas que profesan otras religiones las cuales, en su mayoría, también crecen.

¿Qué quiero aportar con estas estadísticas?

Primero, quisiera dejar constancia de la vigencia de la espiritualidad en nuestro mundo.

Segundo, también quisiera contribuir a aclarar que la parcial desafección cristiana de los europeos es un fenómeno regional y no global.

Tercero, hay que constatar que en este momento histórico, y no siempre ha sido así tal como demuestra la historia de las misiones, una parte bastante significativa del protestantismo experimenta un crecimiento espectacular.

Toda esta realidad espiritual debería ayudarnos a los creyentes a vivir nuestra propia fe

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