"Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tu y el pueblo....3 a la tierra que fluye leche y miel; pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz; no sea que te consuma en el  camino. ( Éx 33 .1-3)

Este texto nos lleva para un momento de la historia de la caminada del pueblo de Dios, en que el pueblo ha tenido muchas experiencias maravillosas con el poder de Dios. Ellos han experimentado la liberación de la esclavitud de Egipto, han recibido revelaciones a respecto de los utensilios del Tabernáculo y de la dinámica de los cultos, del llamado a vivir en Santidad como el pueblo de Dios, han comido del Maná y han experimentado las bendiciones del Señor, pero se olvidaron de continuar vigilando y caminando en la presencia de Dios y por fin hicieron un becerro de oro para si. El texto dice que el pueblo de Dios era de dura cerviz y por lo tanto Dios les daría la bendición que les tenía prometido, pero no acompañaría más a ellos para no consumirles por el camino.

Eso nos lleva a reflexionar sobre la historia de nuestra caminada con Dios, pensar cuantas cosas Dios ha hecho en nuestras vidas, existe el himno HE 338 – “Contar las Bendiciones”, este himno nos desafía a mirar atrás y contar cuantas bendiciones Dios nos ha dado donde estamos, y verificar si aún estamos en la PRESENCIA DE DIOS, pues Dios les dice que donaría la TIERRA que MANA LECHE y MIEL, pero a partir de este momento no estaba más con ellos. Eso significa que podemos tener cosas buenas en nuestras vidas, pero por perder la SANTIDAD, han perdido también la Maravillosa compañía de Dios a su lado. Pero Moisés si recusa a dar un paso sin la PRESENCIA DE DIOS, pues más importante que algunas cosas transitorias, era el Señor para Moisés. Moisés era diferente, el tenia HAMBRE DE DIOS, o sea, la cosa más importante de la vida de Moisés era Dios y nada iba desviarle de permanecer con Dios. Moisés y todo el pueblo iban continuar! Tendrían todas las promesas de Dios, pero Moisés se pone a la presencia de Dios, vistieron luto V.4, pues eran más noticias tener las bendiciones, pero no tener más el Dios de la Bendición. Por lo tanto la primera cosa que tuvieron de hacer era retirar los atavíos, ora el atavío era un adorno, puede que tengamos algo en nuestra vida algo que sea solamente un adorno, que tenga la apariencia de ser del Señor, pero no es.

 

Puede ser la rigidez de contar los minutos para terminar el culto, sin primero preocuparse con estar en la presencia de Dios, orar sin escuchar la voz del Espíritu, diplomas sin dar valor al Dios de la Sabiduría, poses sin reconocer al Dios de la provisión, silencio al revés de la Paz, relacionamientos transitorios y superficiales al revés de relacionamientos íntegros, comprar cosas y no tener dinero para pagar, atavíos son todo aquello que enseña la apariencia, pero en la verdad deja de ser, porque no hay más poder – POWER, manifestación de la GLÓRIA DE DIOS – SHEKINAH.

¿De que lado usted está en esta historia, junto con el pueblo llenos de atavíos, viviendo en la apariencia, o con Moisés, que se retiraba muchas veces de la congregación, no para irse, pero para conversar con Dios, aprender con El y volver para orientar la comunidad?


Hace unos años mi hija viajó a África. Concretamente a Níger y más concretamente a una población llamada Zinder. Pasó unas largas semanas trabajando con una amiga suya, cooperante, en un proyecto social. Hizo relación y amistad con un puñado de familias, sin distinción de creencias.

Hace unos días, su amiga se puso en contacto de nuevo con ella. Ya no vive en Zinder ni tampoco en Níger. A pesar del alejamiento ha mantenido los contactos para mantener viva la relación.

Las noticias que ha recibido son estremecedoras.

A raíz de lo que pasó en París ocho familias cristianas, con las que ambas habían convivido, han sido víctimas de una serie de ataques.

Han quemado las Iglesias Evangélicas donde se congregaban.

Han quemado y destruido sus pobres hogares.

Han perdido todo lo que habían acumulado en el transcurso de toda su vida. Incluso, han matado sus pocos animales y han arrasado sus pequeños huertos.

Se han quedado sin nada.

Si vivían por debajo del umbral de la pobreza, antes de estos denunciables sucesos, ahora viven por debajo del umbral de la supervivencia.

Están atormentados y desconcertados.

La suya es la mirada de las víctimas.

Cuando alguien les ha explicado por qué les han atacado, su sorpresa ha sido mayúscula.

No acaban de entender por qué ellos tienen que pagar por lo que ha hecho o ha dicho una revista que se publica en París.

Estas ocho familias argumentan que ellas nunca han tenido relación con esta revista, ni con París y, ni siquiera, con toda esta dolorosa situación.

Hay una chica, que trabaja en una ONG, que está tratando para canalizar ayuda económica para tratar de paliar la situación de estas ocho familias.

Es una persona de confianza.

Ni arreglaremos el mundo ni la raíz del conflicto, pero si ayudamos a estas ocho familias tendrán un fundamento desde el que podrán rehacer sus vidas.

Por si crees que puedes ayudar te adjunto el link:

http://www.gofundme.com/kxfxgc

Cuando una sociedad se desarrolla sin valores lo que surge es la maldad como derecho colectivo. Desde el nacimiento de la humanidad, la maldad ha formado parte de nuestra vida tanto personal como colectiva. El fenómeno que ha surgido en los últimos años es que la maldad se ha organizado no como hasta ahora lo había hecho, dentro del marco de la delincuencia, sino como colectivo social que tiene derecho a reclamar impunidad para sus fechorías.
De pequeño me enseñaron que mentir, robar, abusar o maltratar era socialmente condenable y espiritualmente reprobado por Dios.
Con el paso de los años, he ido descubriendo que a muchos no les preocupaba que estos hechos fueran socialmente condenables, sino que lo que les preocupaba era no dejar pruebas que les pudiesen incriminar.

Ahora ya no se trata de eso.
Ahora, sencillamente, de lo que se trata es de organizarse para poder mentir, robar, abusar o maltratar desde la impunidad y poder presentar estos hechos como un derecho que tienen para actuar como actúan.

Josep Maria Carbonell acaba de publicar un muy buen artículo en 'Catalunya Religió' titulado: "El PSOE y la bandera del laicismo". Es un buen artículo, a mi juicio no sólo por lo que dice, sino por tener la valentía de decirlo. Por lo que se ha visto y escuchado últimamente dentro del partido socialista obrero español hay una tendencia creciente que quiere volver a la doctrina antirreligiosa que desde la época del Felipe González parecía superada.
Durante muchos años desde la izquierda se quería imponer la visión que querer un mundo más justo y una economía más redistributiva iba religado a negar toda espiritualidad, especialmente la espiritualidad cristiana.
Muchos fueron más lejos y confundieron iglesia católica con cristianismo o incluso con espiritualidad. A éstos, su anticatolicismo les llevó a no saber, o no querer, distinguir y pusieron todas las espiritualidades en el mismo saco con la voluntad de llenarlo de piedras y tirarlo al mar. Sencillamente, pretendían hacer desaparecer no sólo a la Iglesia Católica, sino toda experiencia religiosa. Como es obvio, querer ir en contra del sentido de la vida no lleva a ningún lado y el experimento fracasó estrepitosamente.

Desde el realismo político se empezó a saber distinguir que la fe no es incompatible con ser de derechas, de centro o de izquierdas.
La fe es una experiencia de transformación interior que da sentido a la vida, más allá de la percepción o la ideología política que cada uno haya escogido.
La naturaleza humana nos lleva demasiadas veces, desde las confesiones o desde la Iglesia, a abandonar el terreno de la política para entrar en el terreno del partidismo político. Cada vez que así se ha hecho no sólo nos hemos equivocado, sino que hemos alejado a mucha gente de la experiencia de la fe.
La misma naturaleza humana ha llevado a los partidos políticos, de la derecha o la izquierda, a querer monopolizar la aceptación o el rechazo de la fe. Cada vez que así lo han hecho han cohesionado más su militancia pero se han alejado de buena parte de su electorado, de aquella parte que ha querido mantener su fe por encima de su ideología.
Para mucha gente de fe la ideología no está por encima de la experiencia religiosa sino todo lo contrario: la experiencia religiosa está por encima de cualquier otro valor social.
Hasta que esto no se entienda y se aplique esta verdad, las confesiones perderemos membresía y los partidos políticos perderán votantes.
La mejor manera de resolver esta cuestión es que todos hacemos política, porque somos seres sociales, pero que todos evitamos hacer partidismo, política de partido, para evitar caer en el sectarismo -del que todos afirman querer huir-.

Dicen los expertos que cuando el cristianismo llega al 10% de la población de un país hay un impacto cultural sobre la sociedad afectada. Si aceptamos esta aportación como válida deberíamos preguntarnos si el cristianismo entre nosotros contribuye al cambio y a la justicia social o si fomenta, o acepta como válidos, los abusos de poder.

Si la justicia social es apoyar a los pobres y a las personas en riesgo de exclusión social entonces deberíamos llegar a la conclusión de que o bien el cristianismo aún no ha llegado al 10% de nuestra población o bien nuestra identidad cristiana se ha perdido por el camino porque el resultado no es el esperado.

En contra de los que quieren arrinconar la fe cristiana a la privacidad debemos afirmar que el seguimiento de Jesús no sólo es un acto comunitario, sino que es un acto social.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué puede aportar la fe cristiana a la sociedad actual?

El cristianismo aporta el mensaje de Jesús para restablecer nuestra relación personal con Dios; el cristianismo aporta el acercamiento de Jesús a aquellos que sufren, que lloran, que son injustamente tratados, que viven en condiciones de pobreza, que son víctimas del racismo o la violencia; el cristianismo aporta su denuncia profética sobre las causas que originan este dolor.

El cristianismo es una amenaza positiva contra el "statu quo" cuando las vidas de las personas son cambiadas por Jesús, cuando este cambio nos lleva a comprometernos a trabajar por un mundo más justo y cuando ponemos el dedo en la llaga al dejar al descubierto el origen de tanta injusticia.

Éstos son los valores del Reino de Dios que hacen que el cristianismo sea una amenaza contra el "statu quo".

Ahora habrá que ver por qué razón todavía no lo estamos consiguiendo.

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