Tengo un buen amigo que se pasa media vida en el aeropuerto. Es decir: viajando. Es un pastor protestante que trabaja a nivel mundial con una dedicación más centrada en Europa y América, especialmente en Latinoamérica.

En las pocas ocasiones en que podemos encontrarnos para charlar me gusta que me explique cómo va la Iglesia Protestante más allá de mi propia mirada. Y casi en todas las conversaciones acabo constatando que el cristianismo vive un momento de gran vitalidad y más particularmente la Iglesia Protestante.

Su visión sobre el cristianismo es muy diferente de la mirada que ofrece una buena parte de tertulianos cuando hablan sobre el cristianismo. Estos, en general, hablan de la Iglesia para referirse a la Iglesia Católica como si la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Protestante no existieran. Cuando hablan de la crisis de fe, creen que lo que nos pasa en Europa es lo que está pasando en el resto del mundo. Y cuando analizan la situación, lo hacen siempre desde una lectura política de la vida. Para no entrar en la polémica sobre la falta de respeto que muchos de ellos y de ellas manifiestan cuando hacen referencia al Espíritu Santo.

A modo de ejemplo mi amigo me comentaba que en China la Iglesia Protestante ha pasado de un millón de personas antes de la revolución comunista a los actuales 50 millones para añadir, a continuación, que se calcula que dentro de 40 años será el país con más protestantes, y quizá cristianos, de todo el mundo.

Que la vieja y desorientada Europa haya perdido el camino de la fe no significa que en el resto del mundo las cosas vayan de la misma manera. Esto es lo que parece que no entienden determinados tertulianos.

Recuerdo las últimas palabras de mi amigo la última vez que nos encontramos: espero que algunos de estos tertulianos que opinan sobre el cristianismo mirándose el ombligo estén mejor informados del resto de cuestiones sobre las que opinan.

Un deseo que, estoy seguro, muchos compartimos.

Se ha celebrado en Barcelona el Primer Congreso Evangélico de Infancia. Es decir: una buena parte de organizaciones evangélicas europeas dedicadas a la infancia se han puesto de acuerdo para organizar este Congreso. Naturalmente, cada una de estas organizaciones había celebrado su correspondiente congreso europeo. Hay que poner en valor que muchas de ellas son organizaciones centenarias. La diferencia de esta vez es que se han reunido no para celebrar su congreso, sino para organizar el Congreso de todas ellas.

El hecho sería noticia en sí mismo pero lo que destaca como titular de este Congreso es la voluntad de los organizadores de poner en la agenda de la Iglesia Protestante el ministerio entre la infancia como una prioridad.

En esta vieja Europa, donde cada vez la gente mayor es más numerosa, hay que agradecer que nos recuerden que el trabajo entre la infancia es el ministerio de hoy para la Iglesia.

No es que la Iglesia Protestante no dé un gran énfasis a la atención a la infancia. Lo cierto es que prácticamente en todas las Comunidades Locales protestantes en el mismo momento en que se celebra el culto para los adultos los más pequeños tienen sus propias clases de espiritualidad cristiana en función a su edad. Es lo que conocemos como Escuela Dominical.

Lo que se ha querido impulsar con este Congreso es que de la misma manera que hace muchos años la Iglesia Protestante puso en marcha la Escuela del Domingo en todas sus Comunidades Locales ahora hay que pensar, y resolver, cómo debe transformarse esta escuela para adaptarla a los nuevos tiempos.

Más aún.

El Congreso ha querido hacer un llamamiento a los pastores y pastoras y a los responsables de las Escuelas Dominicales para pensar juntos nuevos modelos de intervención en la infancia que no se limite a la hora del Culto del domingo.

Aprovechando las muchas experiencias ya existentes y el hecho de poder aportar una mirada europea sobre la infancia, el Congreso ha trabajado en dos niveles: el europeo y el local. El europeo, a fin de aprender del otro. El local, con el fin de aportar soluciones concretas a las diferentes Comunidades Locales.

Una vez terminado el Congreso ahora es cuando empieza el trabajo.

Pero el trabajo empieza no sólo para los participantes en el Congreso, sino para toda la Iglesia Protestante a fin de estar atenta a las mejoras que nos propongan.

Los impactos de la crisis económica sobre la Comunidad Protestante se hacen notar en una doble medida. Por un lado, porque ha afectado directamente a las ofrendas, que es la única fuente de ingresos que tenemos y, por otra parte, porque la demanda de ajuste social se ha incrementado, tanto de manera interna como de manera externa. Es decir: ha aumentado la precariedad social entre los propios miembros de la Comunidad Local y se ha incrementado la demanda de solidaridad que recibimos del resto de la ciudadanía.

La razón principal de esta situación de crisis económica es el paro.

Hay Comunidades Locales en las que el 25% de la misma está en paro. Esta cifra no es aplicable a todas las Comunidades Locales porque hay que compensarla con aquellas otras Comunidades Locales donde sólo hay un 5% de paro.

Pero, incluso en éstas, las ofrendas se han resentido.

El descenso de las ofrendas puede llegar hasta un 25% o un 30%. El promedio de reducción de las ofrendas puede estar entre un 10 y un 15%. Las razones de esta situación, aparte del paro, es que se han perdido las horas extras, las nóminas se cobran con meses de atraso, la jornada laboral se ha visto disminuida, el sueldo se ha congelado o parte del mismo se cobra en negro-si no quieres ser despedido por la empresa-.

Otros creyentes se encuentran con que tienen que dedicar más horas a trabajar por el mismo sueldo con lo que ello implica de disponer de menos tiempo para dedicarlo a tareas voluntarias que antes podían hacer en sus comunidades locales.

Es del todo claro que ésta es la misma situación que padecen miles y miles de ciudadanos hasta llegar a la dramática cifra de los seis millones de parados que hay actualmente.

La diferencia es que para la Comunidad Protestante esta situación genera una crisis económica interna que hay que ponderar adecuadamente.

Pocas son las medidas que pueden aplicar las Comunidades Locales para compensar esta pérdida de ingresos. Los gastos fijos son inamovibles por lo que sólo queda el capítulo del sueldo del pastor o de la pastora y el capítulo del programa de actividades. Es en estos dos capítulos donde se está repercutiendo la reducción de ingresos, excepto en el apartado de solidaridad que, quien más quien menos, ha intentado incrementar en la medida de sus posibilidades.

No hay que olvidar que históricamente la Iglesia Protestante entre nosotros siempre ha sido una Iglesia que vive su fe en la sobriedad de la precariedad económica. Con todo, la crisis económica ha generado un nuevo agravamiento de esta situación de precariedad económica.

La crisis económica que nos rodea nos recuerda a creyentes y a no creyentes la virtud de la sobriedad como valor en el que hay que seguir viviendo, o que hay que recuperar por parte de aquellas personas que en estos tiempos de despilfarro la hayan perdido.

Cuanto antes nos ajustemos a volver a vivir en sobriedad antes nos capacitaremos a nosotros mismos para adoptar el estilo de vida que nos espera el día de mañana y de pasado mañana.

Claro que la sobriedad sin solidaridad es un engaño para propios y extraños.

Digámoslo claro. Sólo hay una razón para caminar en sobriedad: que nuestra sobriedad nos lleve cada día a ser más solidarios.

La vida cristiana en victoria es posible “Llenaos del Espíritu Santo”. Efesios 5, 18b.

Amadas hermanas y amados hermanos en Cristo: El mundo que nos rodea nos anuncia, una y otra vez, la derrota en la que vive. Las señales de corrupción e injusticia alcanzan tales proporciones que casi nadie se sorprende cuando aparece un nuevo caso o un nuevo escándalo. Y aunque hay signos de tímidas reacciones la situación parece desbordar a la mayoría: la gente vive en derrota personal y colectiva y no faltan razones para tanto desasosiego. Como Iglesia de Jesucristo queremos levantar nuestra voz profética contra tanta injusticia, opresión y corrupción.

Queremos hacer llegar a los que sufren el amor de Dios y el mensaje de salvación que está en Jesús. Pero también como Iglesia debemos estar atentos para que el espíritu de derrota y corrupción que nos rodea no nos alcance. Debemos reconocer que hay cristianas y cristianos que viven en derrota espiritual tanto porque tratan de vivir la vida cristiana en sus propias fuerzas como porque viven su fe anhelando las promesas de felicidad que ofrece nuestro mundo.

La Biblia dice y enseña que es posible vencer el pecado. La Biblia dice y enseña que es posible vivir una vida cristiana victoriosa. La vida cristiana es victoriosa no porque las cosas nos vayan mejor o peor que a los demás mortales sino porque la vivimos desde la Plenitud del Espíritu Santo que nos permite salir espiritualmente airosos de las diversas batallas que nos tenemos que enfrentar a lo largo de todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Jesús lo enseña claramente en la referencia recogida en Mateo 6,24 “No se puede servir a Dios y al dinero”. Y anteriormente en ese mismo texto leemos que no se puede “servir a dos amos”. El creyente en Jesús tiene que escoger. Nuestra primera decisión ha sido la de aceptar a Cristo en nuestra vida, la de recibir la herencia que tenemos en Jesús, la de encontrar nuestro propósito en la vida en Dios. Nuestra segunda decisión ha de ser comprometernos en el Seguimiento a Jesús pero no tratando de hacerlo en nuestras fuerzas y capacidades, porque fracasaremos, sino en el poder y en la Plenitud del Espíritu Santo. Esa es la segunda bendición que Dios nos tiene preparada.

Pero esa bendición requiere una segunda decisión por nuestra parte. Requiere la decisión de renunciar a involucrarnos en la manera que tiene el mundo de vivir su vida para involucrarnos en la manera que quiere Dios que vivamos nuestra vida. Atar nuestra voluntad a las demandas de este mundo nos lleva al fracaso espiritual precisamente por ello Jesús, antes de marcharse a la diestra de Dios Padre, nos anuncio que seguiría con nosotras y con nosotros como Dios Espíritu Santo.

Es esta experiencia transformadora la que le permite decir al apóstol Pablo, y a nosotros y a nosotras, que “(19b) con Cristo estoy crucificado, (20a) y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi”, según Gálatas 2, 19b y 20a Es decir: vivir en la Voluntad de Dios es posible gracias al Espíritu Santo que produce en nosotros y en nosotras victoria espiritual que se evidencia “(17) Porque los malos deseos están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de los malos deseos... (22) En cambio, el Espíritu da frutos de amor, alegría y paz; de paciencia, amabilidad y bondad; de fidelidad, humildad y dominio propio”, en Gálatas 5, 17 y 22.

Vidas cambiadas por Jesús, vidas en las que el fruto del Espíritu no es una leyenda urbana sino una realidad creciente y una verdad bíblica experimentada. Es gracias al fruto del Espíritu que la nuestra es una vida cristiana que crece en santidad en obediente respuesta a la exigencia de Dios cuando dice “sed santos porque yo soy santo”, 1 Pedro 1, 16. La santidad no es sólo conocimiento de Dios es andar la vida cristiana en el Espíritu de Dios.

La Plenitud del Espíritu Santo es una experiencia que debemos buscar cada día de nuestra vida, es una experiencia que no se puede vivir en presente histórico sino que se debe vivir en renovada experiencia. Como creyentes, como familias, como Comunidades Locales y como Iglesia debemos vivir vidas cristianas victoriosas por la Plenitud del Santo Espíritu de Dios en nosotras y en nosotros. Esta debe ser nuestra oración en este nuevo año cuando celebramos el Séptimo Aniversario de nuestra autonomía como Iglesia Metodista.

Si el Espíritu Santo no levanta nuestra Iglesia y nuestro testimonio en vano trabajamos. Busquemos Su Plenitud. Hermanos y hermanas oremos ahora por estos temas.

Guillem Correa.

Presidente Consejo Ejecutivo Iglesia Evangélica Metodista Unida

Barcelona 10 de febrero de 2013

 

Propósito de la Carta Pastoral 2013

Con motivo de celebrarse el Séptimo Aniversario de Autonomía como Iglesia Evangélica Metodista Unida, se invita a las distintas Comunidades Locales a que difundamos la presente Carta Pastoral entre nuestros miembros y congregantes, a que desarrollemos su contenido desde los púlpitos a lo largo de todo el año y a que nuestro énfasis de Oración para el año 2013 sea el ORAR por la Plenitud del Espíritu Santo en todos y cada uno de nosotros y de nosotras.

La noticia nos sorprendió doblemente a todos nosotros. La renuncia del Papa a continuar en su pontificado nos sorprendió por inesperada y por la novedad del evento.
No estamos acostumbrados a este tipo de decisiones.
Suele ser recomendable que cuando asumes alguna responsabilidad, más o menos pública, trates de acercarte a alguien que ya ha pasado por esta experiencia para recibir sus sabios consejos.
Con el paso del tiempo la mayoría de lo que te han dicho se desdibuja en tu memoria pero lo que nunca deberíamos olvidar es aquel sabio consejo que dice que más importante que saber llegar es saber salir.
No sé si yo sabré aplicarme este sabio consejo cuando llegue el momento. Lo que sí puedo constatar es que el Papa actual sí lo ha aplicado.
Pocos recordarán, dentro de unos años, cómo llegó a ser Papa. Los más estudiosos mantendrán viva la memoria de lo que consideren más importante de esta etapa de la Iglesia Católica. Lo cierto es que todo el mundo lo recordará como el primer Papa del siglo XXI que supo escoger el momento oportuno para dejar su guía y volver a casa.
Y ahora ¿qué?

No le corresponde a un protestante decir qué debe hacer la Iglesia Católica ni en el supuesto, que no es el caso, que nos preguntaran nuestra opinión.
Entonces, ¿qué podemos decir?
Casi nada, por no decir que lo mejor, y lo que nos corresponde, es no decir nada.
Lo que tenemos que hacer es orar por la Iglesia Católica porque, como cristianos y cristianas que somos, lo que pretendemos no es que encuentren su camino, sino que encuentren el camino que Dios quiere para ellos.

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